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Entre los mercados de África Subsahariana, el namibio, aunque poco explorado y de tamaño reducido, es hoy uno de los más interesantes. Las empresas que viajan a la vecina Sudáfrica deben tenerlo muy en cuenta a la hora de planificar su viaje a aquella zona del mundo.

En algunos lugares de Namibia, Swakopmund por ejemplo (una ciudad costera vacacional y de recreo), pareciera que uno está en Alemania -su antigua metrópoli- y no en una de esas urbes abarrotadas y caóticas típicas del continente africano. “Uno no tiene la sensación de vivir en África: el desarrollo de las infraestructuras es aceptable, las ciudades están limpias y ordenadas, el estilo de vida es tranquilo, no se siente inseguridad en la calle…”, relata a El Exportador Beatriz Blanco, una directiva española que trabaja como general manager del grupo pesquero gallego Pereira y que reside en el país desde hace varios años.

En la misma línea, la arquitectura colonial alemana se puede contemplar por doquier, especialmente en algunas ciudades. Es una herencia de la antigua dominación colonial germana, que se extendió desde 1885 hasta 1919, cuando se convirtió en un protectorado sudafricano.

Tras la independencia del país en 1990, los sucesivos gobiernos han ido implantando, con notable éxito, los denominados Planes Nacionales de Desarrollo, con el fin de impulsar la economía local. Actualmente se encuentra en vigor el Plan de Prosperidad Harambee (2016-2020), un programa que persigue como principal objetivo la “prosperidad para todos”. 

Renta media pero grandes desigualdades

Así es. Aunque el PIB per cápita supera con creces los 11.000 dólares en paridad de poder adquisitivo, Namibia es el cuarto país del mundo por desigualdad en la distribución de la riqueza. Esta última se concentra principalmente en el apenas 8% de población blanca de origen alemán o sudafricano, mientras el altísimo nivel de desempleo se ceba en la mayoritaria población negra, con una cifra que se mantiene de forma constante por encima del 30%, a pesar del crecimiento económico de los últimos años.

El actual Gobierno está preparando un paquete legislativo de discriminación positiva hacia la comunidad negra, al estilo del modelo sudafricano, que pretende superar los efectos de la etapa de apartheid que también se produjo en Namibia y lograr una reducción sustancial de la pobreza y una mejor distribución de la renta.

Namibia es un país de gran extensión, casi el doble que la española, pero con un terreno desértico en su mayoría y una población que apenas supera los 2,5 millones de habitantes. El tamaño de su economía resulta, por tanto, reducido, lo que no impide que tenga importantes riquezas, como uranio (es el cuarto productor mundial) y diamantes, además de otros minerales, y un importante potencial en gas natural, sin olvidar sus enormes recursos pesqueros.

Su estructura productiva se encuentra, sin embargo, poco diversificada, y expuesta de forma constante a las fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas, que constituyen sus principales sectores, y a frecuentes perturbaciones climáticas o ecológicas.

Saliendo del estancamiento económico

Durante los últimos 18 años, la antigua África del Sudoeste (nombre del país durante la época colonial) creció a una tasa media superior al 4%. Pero ya en 2016 entró en un período de estancamiento, pues creció un exiguo 1,1%, para entrar directamente en recesión en 2017, con un PIB del -1,2%.

El período de bonanza económica vino impulsado por una política fiscal expansiva, altos niveles de crédito y una importante recepción de inversión extranjera directa, que han financiado el gran crecimiento de los sectores de la construcción y la minería.

Sin embargo, en los dos últimos años, el margen de maniobra del Gobierno para seguir endeudándose, y así poder estimular la economía e intentar reducir el paro, la desigualdad y la pobreza, se agotó. Finalizaron las inversiones en el sector minero, descendieron los precios internacionales de ciertas materias primas y quizá lo más importante, la economía de su vecina Sudáfrica -de la que tiene una fuerte dependencia, tanto económica como política- entró en recesión en 2017, tres factores que derivaron en el estancamiento de la economía.

Los desequilibrios macroeconómicos -aumento del paro, disminución de la inversión, tanto pública como privada, e incremento de la deuda pública y el déficit por cuenta corriente- no se han hecho esperar, lo que ha obligado a las autoridades a introducir medidas de austeridad fiscal.

En el primer trimestre de 2018 (último dato disponible) continuaba la caída del PIB, si bien con signos más alentadores (-0,1%). Afortunadamente, los dos próximos años parecen apuntar a un cambio de tendencia. Se prevé una recuperación del 1,2% en 2018 y del 2,1% al año siguiente.

Según apunta la mayoría de los organismos internacionales, estos datos se consolidarán siempre que el Gobierno sea capaz de abordar reformas económicas de tipo estructural y dejar de lado las políticas expansivas.

Un mercado reducido pero muy abierto

Lógicamente, la escasa población de Namibia no puede dar lugar a un gran mercado pero, sin embargo, su economía está muy abierta al exterior, tiene un gran potencial de crecimiento y su vecindad con su socio sudafricano, con el que mantiene una estrecha relación, supone un factor de modernización a pesar de su gran dependencia del mismo.

Ambos países pertenecen a las mismas zonas de integración económica regional, como la Southern African Development Community (SADC) o la Southern African Customs Union (SACU)

Las empresas españolas interesadas en este mercado deben tener en cuenta que las importaciones procedentes de la SACU y de Zimbabue entran libres de aranceles en Namibia. Al resto de importaciones se les aplica el arancel exterior común de esta unión aduanera que, generalmente, suele ser medio para los bienes de consumo, semielaborados y de capital que entren en competencia con los producidos en Sudáfrica (la gran potencia industrial de la zona) y relativamente bajo, o incluso nulo, para las importaciones que resulten esenciales para la economía sudafricana.

En octubre de 2016 entró en vigor de forma provisional el Acuerdo de Asociación Económica (AAE) entre la Unión Europea y varios países miembros de la SADC. Gracias al mismo, se encuentran liberalizadas el 86% de las exportaciones proce-dentes de la UE en Namibia, excepto aquellos productos sensibles para productores locales (como textiles y productos agrícolas), lo que beneficiará a los exportadores españoles. La liberalización tendrá lugar gradualmente a partir del año 2023.

Recientemente, están apareciendo algunos obstáculos a la importación de ciertos productos agroalimentarios. Guilio Savoldelli, manager de la empresa distribuidora local Taeuber& Corssen, destaca “el nivel de exigencia, quizá demasiado elevado, de los requisitos veterinarios, a la altura de de los más exigentes del mundo, que hacen que incluso en ocasiones tengamos problemas para importar productos desde nuestros agentes en Sudáfrica, ya que algunos de estos requisitos son obligatorios en Namibia y sin embargo no se exigen en nuestro vecino sudafricano”.

Clima para invertir

La nueva Ley de Inversiones Exteriores, publicada en agosto de 2016 pero que aún no ha entrado en vigor, ha suscitado opiniones encontradas entre los analistas internacionales.

Es cierto que Namibia, a pesar de que ofrece mejores condiciones para los negocios que otros países del África Subsahariana, aún presenta ciertos obstáculos administrativos y técnicos para el desarrollo de la actividad empresarial. Además, conviene no olvidar la gran escasez de mano de obra cualificada.

Sin embargo, las autoridades locales se muestran más optimistas. Bernadette MK Menyah-Artivor, directora ejecutiva del Namibian Investment Centre, afirma que “la ley no establece restricciones per se. Lo que sí esperamos son inversores foráneos en negocios en los que vean potencial, siempre y cuando sea en los sectores que nosotros consideramos como prioritarios para el desarrollo de nuestra economía”.

Menyah-Artivor insiste en destacar determinados incentivos para la inversión extranjera. El más atractivo es la posibilidad de establecerse en las export processing zones, que no están situadas en un lugar concreto, sino que se convierten en tales allá donde una empresa desee instalarse. “Estas eximen de la mayor parte de los impuestos salvo los referidos a la contratación de trabajadores”, apunta.

Sin embargo, la Export Processing Zone Act será derogada -con una cláusula de extinción para los operadores actuales-, según declaró el ministro de Finanzas del país en marzo pasado. Esto no constituye una sorpresa en vista de la inclusión de Namibia en la Lista de Entidades no Colaboradoras en Materia Fiscal por parte de la UE. El ministro no mencionó cuándo se procederá a dicha derogación, aunque se estima que podría producirse a lo largo de 2019.

La directora ejecutiva señala también la posibilidad de disfrutar de la llamada infant industry protection. “Significa que el que importe productos similares a los que la empresa extranjera está fabricando tiene que pagar impuestos para así no poder vender a precios más baratos, con el fin de que dicha empresa no sufra por la competencia”.

Décadas de presencia española en Namibia

Ha sido el sector de la pesca, con la presencia de varios grupos gallegos, el que inició la presencia de compañías españolas en este mercado. Hoy son muy conocidas y apreciadas en el país, ya que contribuyen decisivamente al desarrollo de un sector de gran importancia para la economía local.



España es el principal comprador de pescado namibio, pues adquiere casi el 90% del volumen de determinadas capturas, fundamentalmente merluza. Ello convierte a nuestro país en el tercer mejor cliente de Namibia dentro de la Unión Europea, solo superado por el Reino Unido, principal destino de los diamantes locales, e Italia.

Aparte del sector pesquero, son muy interesantes para las empresas españolas el sector de infraestructuras y el de energías renovables, en un país que disfruta de uno de los mayores índices de irrradiación solar del mundo. El consejero económico y comercial jefe de España en Johannesburgo (con competencia en Namibia), Ferran Casadevall, desgrana con detalle en el vídeo que acompaña a este artículo las mejores posibilidades que ofrece el mercado namibio a los exportadores e inversores españoles.