Alba Soler/diarioabierto.es

Pie de foto: Solo el 60% con niveles básicos logra trabajar

Un estudio del Observatorio Social de La Caixa confirma que la preparación de los jóvenes es directamente proporcional a su empleabilidad, máxime, cuando sólo el 33,7% de la población menor de 30 años logra un trabajo. Desde que estalló la crisis en 2008 la inquietud por el empleo ha ido creciendo. Existe un incentivo provocado por esta crisis que afecta a nuestras decisiones, como por ejemplo la de seguir nuestros estudios para poder encontrar trabajo. Muchos son los jóvenes que, a pesar de dicho incentivo, han decidido no seguir su formación académica (o no han podido seguirla) y han querido meterse en el mercado laboral de forma directa. Muchos lo intentan, pero pocos lo consiguen. Y como consecuencia se ha dado un fenómeno paralelo a esta crisis: el paro juvenil en España.

Un estudio elaborado por el Observatorio Social de la Caixa concluye que España es el país de la Unión Europea en el que se ha producido una mayor reducción del empleo de los jóvenes menores de 30 años. En 2015, sólo el 33,7% de la población joven tenía trabajo, a diferencia del 55,7% de jóvenes que trabajaban en 2007. La causa de ello, según los datos que ha ofrecido al estudio la Encuesta de Población Activa, es que la situación de empleo es muy diferente según el nivel de estudios que se tiene. Ya que los jóvenes con menos formación académica, son los que más problema de desempleo tienen, porque, además, tampoco participan en el mercado de trabajo.

El nivel educativo con el cual parte un joven hacia el mundo laboral influye directamente en sus oportunidades de empleo, tanto en momentos de complicación económica como en situaciones de expansión. Así lo confirma Begoña Cueto, profesora titular de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo que añade que, como consecuencia de ese bajo nivel, aumentan las probabilidades de riesgo de pobreza y exclusión social de estos jóvenes. Porque la tasa de empleo de las personas con estudios básicos no llega ni al 60%, mientras que aquellas que decidieron seguirlos y tienen estudios superiores alcanzan el 90%.

Muchos de esos jóvenes que decidieron seguir su formación, son jóvenes que se vieron motivados por la creciente crisis. Se fomentaba aumentar el nivel de estudios porque demostraba que había más posibilidades de encontrar trabajo. Pero no todos tienen esas oportunidades. Y es gracias a iniciativas europeas de ocupación como Garantía Juvenil que se ha conseguido luchar contra esa desocupación juvenil. El número de inscritos a este programa lleva aumentando desde 2015. Parece ser que, con la llegada de una situación más estable de la crisis, los jóvenes tienen claro que cualquier oportunidad de dejar atrás el paro es una buena decisión.

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