Paco Soto

Pie de foto: El escritor Yasmina Khadra.

En Argelia, ha estallado una agria polémica entre varios escritores sobre un tema muy controvertido en el país norteafricano: el terrorismo salafista. En la década de los noventa del siglo XX, diversos movimientos terroristas de inspiración salafista, como el Grupo Islámico Armado (GIA) y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), ensangrentaron el país. La respuesta de los aparatos militares y policiales del Estado fue contundente. Según diversas fuentes, este enfrentamiento a muerte desencadenó una auténtica guerra civil que provocó en menos de una década unos 200.000 muertos. Algunos partidos opositores, colectivos defensores de los derechos humanos y oficiales del Ejército arrepentidos acusaron a los poderosos servicios secretos militares -el DRS- de haber manipulado algunas actividades terroristas. Hoy en día, la situación en Argelia es muy distinta a la época de los años de plomo de la última década del siglo pasado, aunque el terrorismo no haya desaparecido completamente. Tampoco han desaparecido las polémicas de tipo político, social y literario sobre esta época aciaga. Lo demuestra la última obra del gran escritor argelino Rachid Boudjedra, ‘Los contrabandistas de la Historia’, publicada por la editorial Frantz-Fanon. Boudjedra acusa a otros escritores como Yasmina Khadra, exmilitar, Kamel Daoud, que en su juventud se dejó seducir por el islamismo político, Wassila Tamzali, Salim Bachi y Boualem Sansal, de “filibusteros”.

Pie de foto: El polémico novelista argelino Rachid Boudjedra.

El último libro de Boudjedra, que, como señala el diario ‘Le Temps d´Algérie’, “suscita debates y controversias”, cita a novelistas, además de “artistas, historiadores y otros sociólogos”, a los que considera unos falsificadores de la Historia. Boudjedra, que nunca ha ocultado su ateísmo, no deja títere con cabeza. La dureza de sus propósitos ha sorprendido a ciertos críticos literarios y analistas políticas. El autor de ‘El Caracol Obstinado’, que es también poeta, dramaturgo y crítico literario, nunca ha tenido pelos en la lengua. Por esto mismo acusa a los escritores a los que critica de “francófilos que buscan prebendas”.

Reacción de Khadra

Varios novelistas denunciados por Boudjedra han reaccionado públicamente. Es el caso de Yasmina Khadra, nombre literario de Mohammed Moulessehoul. El autor de novelas como ‘Morituri’, ‘Lo que sueñan los lobos’ y ‘Las golondrinas de Kabul’, que ha recibido premios como el Henri Gal, el Time to Peace, el Trofeo del Sur y el Campus de Cristal, además de ser Caballero de la Legión de Honor y Oficial de la Orden de las Artes y las Letras, es contundente en su respuesta. En una carta, le dice a Boudjedra: “Mientras tú te escondías en París, yo llevaba a cabo una guerra atroz contra los maquis terroristas”. Khadra no oculta su “desprecio” hacia el polémico Boudjedra, y asegura que él no es “un moro” al servicio de Francia, país “donde el conjunto de las instituciones literarias me boicotean desde 2008”. “Te equivocas, Rachid. Soy un novelista que solo busca el interés de sus lectores”, dice Khadra en su carta. Khadra tiene 10 millones de lectores en todo el mundo y ha sido traducido en 50 países. El novelista argelino y antiguo oficial de las Fuerzas Armadas acaba la carta diciendo: “Ojalá Dios pueda perdonarte todas tus amarguras. Yo te perdono. Con toda mi tristeza”.

Pie de foto: El escritor Kamel Daoud.

Denuncia de Daoud

Kamel Daoud también ha contestado airadamente a Rachid Boudjedra, y piensa denunciarlo ante la Justicia, porque el autor de ‘Los campos de chumberas’ lo acusa de haber pertenecido en su juventud al grupo terrorista GIA, que asesinó a miles de argelinos civiles y militares. Daoud, que ha sido amenazado de muerte por terroristas salafistas en Argelia, pero ha decidido quedarse en su país, recalca en su carta que “como todo argelino, tengo derecho a la dignidad, el honor preservado, la integridad”. Y destaca que simplemente ha intentado ser “un escritor en esta Argelia que apasiona hasta el dolor”. Condena los propósitos de Boudjedra porque son “un insulto a mi persona, al padre y al hijo que soy”, y niega rotundamente que en su juventud perteneciera al GIA, al que califica de “grupo de asesinos”. Afirmar esto por parte de Boudjedra es “intolerable. Insoportable”, escribe Daoud. Reconoce que cuando era adolescente, “con 18 años”, era muy religioso, porque para él la religión islámica fue un arma de combate contra “el partido único” en Argelia, el Frente de Liberación Nacional (FLN), pero después evolucionó y se alejó del islamismo político, al que critica con contundencia. “Durante los años del GIA, era periodista, ejercí un oficio que tuvo muchos mártires. No utilizaba un cuchillo sino un bolígrafo”, apunta Daoud. 

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