Anwar Zibaoui

Pie de foto: El deporte puede ser uno de los instrumentos para abordar la violencia e inseguridad en la región y para ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes

Tarragona acogerá en el 2018 los Juegos Mediterráneos. Será la tercera vez que se organizan en España tras Barcelona en 1955 y Almería en el 2007. Han pasado 66 años desde la primera edición en Alejandría en 1951 y en ellos participan todos los países ribereños en una dimensión cada vez más amplia.

El objetivo principal de los Juegos es ser una plataforma para acercar las orillas y sus pueblos y crear un entorno para el diálogo y el entendimiento mediante el deporte. Los Juegos pretenden contribuir a propagar los ideales y principios del olimpismo, fortalecer los lazos de amistad y paz entre los jóvenes y los atletas, y promocionar la comprensión, el diálogo, la cooperación y la solidaridad. El fin es elevar el nivel de la práctica y contribuir al desarrollo del deporte en los países más necesitados.

El deporte puede contribuir al desarrollo atrayendo un cambio social, facilitando el respeto mutuo y un mejor entendimiento. Paradójicamente, la competición deportiva puede unificar, puesto que todos podemos ser parte de él, sin tener en cuenta ideologías políticas, raza o religión. El deporte puede ser uno de los instrumentos para abordar la violencia e inseguridad en la región y para ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes.

Desequilibrios y respuestas

La tragedia humana que se vive en el Mediterráneo es una grave muestra de los desequilibrios existentes. Los recientes acontecimientos políticos y económicos requieren respuestas urgentes. La desigualdad provoca una gran agitación social y en los países de la región hay numerosos déficits y paro juvenil con profundas implicaciones para el futuro. La capacidad para adquirir y producir conocimiento es un factor fundamental de competitividad. El carácter polivalente del deporte le permite abarcar funciones educativas, sociales, de salud, además de económicas.

Para avanzar, será necesario crear un espacio común de carácter innovador y orientado a constituir un eje básico de la evolución entre ambas orillas del mar.. Los países mediterráneos tienen mucho en común: herencia, historia, cultura, alimentación, valores que nos recuerdan que pueden trabajar juntos y crear un nuevo destino. Valores como los que transmite el deporte. La pasión con la que lo viven los jóvenes y que fastidia mucho a los grupos que expanden el terror. El deporte puede llevar más allá de los mercaderes del miedo.

Los juegos en Tarragona no van a solucionar los problemas y los conflictos, tragedias humanas y desequilibrios. Pero pueden crear marcos de encuentro en un momento en que se multiplican los desencuentros. Estos Juegos pueden crear puentes en tiempos de muros a través de la promoción de los deportes. Millones de fans y seguidores quieren vibrar de emoción con sus deportistas preferidos. Es seguramente el mensaje que se podría lanzar en estos momentos de creciente tensión entre los extremistas de ambos lados. A veces los beneficios pueden superar el riesgo, y los deportes son de los pocos instrumentos que se lo pueden proporcionar.

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