Paco Soto

Pie de foto: Unos jóvenes argelinos otean el horizonte.

Millones de jóvenes argelinos entre 15 y 29 años –casi uno de cada tres- hacen parte del vasto grupo de los ninis (ni estudian ni trabajan). Es una de las conclusiones de un estudio del Centro de Investigación para el Desarrollo (CREAD), que utilizó una muestra sociológica de 2.000 jóvenes. Sobre un colectivo de 11 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, tres millones hacen parte del grupo de los ninis. Muchos de estos jóvenes dejaron de estudiar, y seis años después no han buscado trabajo en su país ni piensan hacerlo. Según el citado estudio, los 11 millones de jóvenes están divididos en tres franjas: la primera pertenece a la población activa. La segunda sigue estudiando, y la tercera ha dejado de ejercer todo tipo de actividad. El estudio fue llevado a cabo en el marco de un proyecto financiado por la Unión Europea (UE) en varios países árabes: Argelia, Marruecos, Túnez, Egipto y Líbano. El estudio investiga la situación social de los jóvenes y la evolución de este colectivo en los citados países.

Combatir la hogra

Arabistas, islamólogos, politólogos, sociólogos y otros investigadores como la española Gema Martín Muñoz han estudiado la problemática de la juventud argelina. Argelia consiguió la independencia de Francia en 1962. En una primera etapa, el país experimentó un desarrollo económico importante basado fundamentalmente en la producción y exportación de hidrocarburos y la industria pesada. Pero fomentó también un sistema político autoritario y de partido único, el Frente de Liberación Nacional (FLN), y durante décadas, como dice Martín Muñoz en un artículo escrito hace años, fomentó “la violencia para eliminar al oponente y la corrupción han ido extendiéndose como una enfermedad endémica por todo el sistema, hasta llegar al día de hoy, en que todo ello es definido por los argelinos como la hogra (término que evoca a la vez el desprecio, el abuso de poder y la injusticia)”. Según la arabista española, el combate contra la hogra “se ha convertido en el leit motiv” de muchos jóvenes “ante la resistencia del régimen a transformarse y la pasividad internacional por la siniestra situación que viven”.

Un colectivo perjudicado

A finales de la década de los ochenta del siglo XX, Argelia acabó con el régimen de partido único e instauró el multipartidismo y el sufragio universal. Pero la frágil democracia argelina no logró acabar con el poder de la oligarquía política y económica, el intervencionismo militar y la influencia de las mafias que llevan años saqueando las riquezas del país magrebí. La juventud, salvo la franja vinculada a la cúpula del poder, ha sido uno de los colectivos sociales más perjudicados por el sistema oligárquico. El clientelismo ha suavizado en parte algunos de los efectos más negativos de esta política antipopular. Los jóvenes más rebeldes, a veces de manera desesperada, intentaron controlar su destino a través de la actividad política o cívica. Esto ocurrió masivamente en la década de los noventa del siglo pasado. Se crearon grupos juveniles muy críticos con el poder, algunos de los cuales siguen existiendo, como el RAJ. Algunos jóvenes cayeron en las garras del terrorismo salafista. Muchos se fijaron un objetivo inamovible: emigrar a Europa. Los que carecen de esta posibilidad se han visto atrapados por la delincuencia o han caído en el nihilismo.

Pie de foto: Una protesta juvenil en Argelia.

Los ‘aguanta paredes’

Se pasan los días sentados en la calle, oteando el horizonte y fumando, o sorbiendo un café en bares destartalados de barrios pobres. Los sociólogos describen al colectivo más pasivo de la juventud con el nombre de ‘aguanta paredes’. Es lo que suelen hacer estos jóvenes muchas veces durante horas y día tras día. La rebelión de los años noventa del siglo XX, que tuvo un gran eco en la región bereber de la Cabilia y ciudades como Argel al grito de “poder asesino” y “generales delincuentes”, no se transformó en intifada. Pero las ansias de libertad política, social y cultural, trabajo y dignidad no han desaparecido. Hasta ahora, la respuesta del poder ha sido la represión policial y el desprecio. No hay que olvidar que, como señala Gema Martín Muñoz, “en Argelia todo es complejo y opaco y son muchos los centros de poder (además del Gobierno y el presidente, más formales que reales)”.

En este contexto, como indica el sociólogo argelino Ahmed Mebtoul, “no podemos olvidar que si los ninis son un grave problema social en países desarrollados occidentales, sobre todo los que sufren intensamente el problema, como España e Italia, ser un nini en un país pobre y atrasado como Argelia es aún más grave. Es más, yo me atrevo a afirmar que para muchos jóvenes argelinos la alternativa del nini es la única que tienen. La precariedad laboral, la pobreza y el incremento de las desigualdades sociales que sufre Europa desde que estalló la crisis der 2008, Argelia la vive desde hace década. La crisis hace parte de la realidad cotidiana de los jóvenes desde que nacen hasta que mueren. Solo pequeñas franjas de la clase media y de la clase dirigente escapan a esta problemática”. En efecto, la falta de trabajo y de vivienda, el control social, la represión sexual, la brutalidad policial y la corrupción limitan el desarrollo vital de millones de jóvenes.

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