Eloísa Cózar Navarrete

Pie de foto: Oficina de cambio de divisas en Estambul, Turquía. Photo: REUTERS/Murad Sezer 

Apenas dos semanas antes de las elecciones locales en el país, la economía turca entra oficialmente en recesión técnica tras acumular dos trimestres consecutivos de caídas. Así lo indica el Turkish Statiscal Institute en su último informe publicado este lunes, en el cual se recoge la evolución del Producto Interior Bruto del país durante todo el año.  

Las cifras revelan que el Producto Interior Bruto en los últimos tres meses de 2018 cayó un 2,4% con respecto al trimestre anterior, el cual ya había concluido con pérdidas cercanas al 1,6%. En el cómputo anual, Turquía ha crecido económicamente en 2018 un 2,6%, frente al 7,4% alcanzado en el 2017. Esto encadena un total de seis meses de bajadas y los peores datos económicos registrados desde el año 2009. A este respecto, el ministro de Hacienda y Finanzas, Berat Albayrak, ha declarado que: “lo peor se ha quedado atrás” y que “las peores expectativas económicas no han llegado a materializarse”.

Pie de foto: Producto Interior Bruto de Turquía de octubre a diciembre de 2018. Turkish Statiscal Institute

A pesar de que Recep Tayyip Erdogan ya tuvo que hacer frente a la crisis del año 2009 como primer ministro, esta recesión es la primera que tiene que enfrentar como presidente de Turquía. Estos resultados nada positivos han llegado en un momento de especial fragilidad para el mandatario, a tan solo dos semanas de las elecciones municipales convocadas para el próximo 31 de marzo. Sumergido el país en plena campaña electoral, se espera que el crecimiento económico y la inflación sean temas clave que condicionen a los votantes, por lo que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Edogan deberá hacer un esfuerzo extra para conservar administraciones locales tan importantes como la de la capital, Ankara. 

El comienzo de la devaluación de la lira turca

El riesgo de recesión en Turquía era un secreto a voces. A lo largo de todo el 2018 la imparable inflación y la constante devaluación de la moneda nacional, la lira, hicieron de la caída económica un mal inevitable. 

En apariencia, el detonante principal que puso fin a la estabilidad económica de los años anteriores fue el comienzo de la depreciación incontrolada de la lira como consecuencia del inicio de una confrontación abierta con Estados Unidos. Si bien es cierto que el desplome de la lira turca había alcanzado para principios del 2018 (venía cayendo su valor desde 2015) un desplome de en torno al 20% con respecto al dólar, no es menos cierto que la crisis turca-estadounidense generó un sentimiento de alarma en los inversores que impidió la recuperación económica. 

Pie de foto: El presidente de los Estados Unidos, Donald Trumpy Tayyip Erdoganpresidente de Turquia.Photos by Brendan Smialowski and Gianluigi GUERCIA / various sources / AFP

El enfrentamiento, surgido ante la negativa de Erdogan y Trump de devolver dos ciudadanos detenidos dentro de sus fronteras a sus respectivos países, desencadenó, además de una incuestionable crisis diplomática, una pugna internacional que pronto adquirió matices políticos y económicos. La guerra comercial entre ambos países comenzó poco después, cuando Estados Unidos estableció importantes aranceles a productos importados desde el país otomano y la administración presidencial estadounidense impuso importantes sanciones a funcionarios nacionales turcos.  

Los activos financieros del país, que habían estado sometidos durante meses a importantes presiones e inestabilidades, vieron en estas ofensivas comerciales un conflicto de crecientes dimensiones que no tenía visos de remitir en el corto plazo. Las consecuencias económicas, que no tardaron en llegar tras las primeras medidas estadounidenses, no se limitaron al ámbito local: Turquía, indudable actor con un enorme valor geopolítico, sufrió las consecuencias de un entorno financiero internacional aún más dudoso de lo que ya era ante países de segundo orden. 

A todo ello se le suma, cómo no, la inestabilidad política nacional. Desde el intento de Golpe de Estado que sufrió el país en el año 2016, se había declarado en Turquía el estado de excepción. Este incierto bamboleo político resultó ser también un condicionante del desangre financiero venidero. 

Dentro del marco financiero del país, para finales de 2018 la lira turca había acumulado una depreciación total cercana al 40% y una inflación que superaba el 20%. Una muestra del carácter inevitable de las caídas de los índices económicos nacionales y la recesión técnica actual. 

La crisis turca también tuvo impacto en España. En septiembre de 2018, el banco BBVA quedaba al borde del colapso tras la inversión multimillonaria que había realizado en el Turquía. Un mes más tarde, la entidad se veía obligada a abandonar el país.