Hace 30 años, Djibouti era un pequeño país sin ningún recurso destacable, excepto arena, sal, y camellos. Ahora se ha convertido en un lugar codiciado por las grandes potencias e inversores, que compiten por sus 22.300 quilometros cuadrados situados geoestratégicamente en el Cuerno de África, cerca del Golfo de Adén y el Mar Rojo, y próximo al estrecho de Bab el-Mandeb, por el que transita el 40% del tráfico marítimo mundial.