Domingo, 18 de Febrero de 2018

Francia y Argelia lideran dos visiones opuestas para resolver la crisis en Libia

La Conferencia internacional de Madrid destinada a alcanzar una posición común para abordar la cuestión libia, supone un intento in extremis de la diplomacia española para acercar posiciones inconciliables lideradas respectivamente por Francia y Argelia. Mientras el primero privilegia la intervención militar para imponer “desde fuera” un cese de hostilidades entre islamistas y liberales y salvar así los intereses económicos y geopolíticos de París, el segundo insiste en que la solución es interna en Libia y propone un acuerdo negociado entre las partes. Francia tiene mala conciencia acerca de la crisis libia. Fue la instigadora de la coalición internacional en contra del régimen de Gadafi y responsable en cierta medida del caos y la guerra civil subsiguiente a la liquidación del autócrata. París ha intentado recientemente buscar apoyos entre los países árabes, particularmente del Magreb, para lanzar una nueva intervención militar, con la excusa de frenar el avance del Estado Islámico. El Jefe de Estado Mayor del Ejército francés, el general Pierre de Villiers, estuvo en Argel, pero no consiguió convencer a sus interlocutores civiles y militares para que apoyen sus planes guerreros. París sabe que para intervenir en la región norteafricana no puede ningunear al régimen de Abdelaziz Buteflika. Hace cuatro meses, el ministro de Defensa galo, Jean Yves Le Drian, también se personó en Argel, esta vez buscando apoyo logístico para su ejército expedicionario en el Sahel. Se fue sin conseguirlo.

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Los países euromediterráneos descartan una intervención militar en Libia

La Conferencia sobre Libia celebrada el miércoles de esta semana en Madrid descartó una intervención militar en el país norteafricano para acabar con la caos político, institucional y social y la violencia de las milicias armadas rivales y el terrorismo yihadista, pero expresó su apoyo inequívoco al Gobierno legítimo surgido de las urnas. Representantes de 21 países e instituciones debatieron en la capital de España la iniciativa del Ejecutivo de Mariano Rajoy sobre la forma en que la comunidad internacional puede colaborar para lograr la paz en Libia. La reunión de Madrid se celebró a nivel de ministros, poniendo en consecuencia sobre la mesa todos los retos surgidos a raíz de la crisis libia. Fueron convocados los Estados europeos mediterráneos Med 7, el Foro 5 + 5 y el Grupo de Países Vecinos de Libia, cuya última reunión se celebró en El Cairo el pasado 25 de agosto. La gravedad de la situación instó a los organizadores a implicar también a la Unión Europea (UE) y organismos como la Unión Africana (UA), la Unión por el Mediterráneo, la Liga Árabe y la ONU, que nombró recientemente al diplomático español Bernardino León representante especial para Libia. Tras la conferencia, se celebró una rueda de prensa en la que el ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, y su homólogo libio, Mohamed Abdelaziz, valoraron positivamente la cita madrileña al considerar que sirvió para organizar la solidaridad política con Libia. “Ha sido un paso bastante atrevido en este proceso”, señaló García-Margallo. El jefe de la diplomacia española agregó: “Todos nos hemos juramentado a ayudar al pueblo libio para su futuro más próximo”. El ministro español de Exteriores enumeró las conclusiones de la conferencia y puso de manifiesto que, con independencia de toda la ayuda que necesita Libia, la solución tiene que venir de la mano de los propios ciudadanos y dirigentes del país norteafricano. Libia, tras derrocar a la dictadura de Muamar Gadafi y ejecutar al déspota, en 2011, se vio atrapada en un torbellino de violencia, inestabilidad y conflictos políticos, sociales, tribales y territoriales.

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Argelia se interroga sobre la voluntad de Francia de implicar a este país en el conflicto libio

Los observadores políticos argelinos se preguntan si, como afirman el periódico ‘Huffington Post Algérie’ y otros medios, Francia quiere implicar a Argelia en una intervención militar en Libia, para hacer frente a la violencia de los grupos armados rivales y al terrorismo, acabar con el caos político y social y restablecer el orden. Francia y otros países occidentales vigilan de cerca la evolución de Libia, porque quieren impedir que los ricos pozos de petróleo caigan en manos de grupos yihadistas. En este sentido, Argelia podría desempeñar un papel importante en el conflicto libio, si Francia decidiera intervenir, porque es un país influyente en el Magreb y el Sahel. Las relaciones diplomáticas entre Argelia y Francia suelen ser conflictivas, como ocurre bastante a menudo entre las antiguas metrópolis coloniales y los países que fueron dominados. Pero Francia es uno de los principales socios comerciales e inversores en Argelia y su protagonismo político es importante. La reciente visita a Argelia del general del Ejército Pierre de Villiers, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas galas, no pasó inadvertida en el país norteafricano. Oficialmente, el general De Villiers se reunió con su homólogo argelino, el general Ahmed Gaïd Salah, que es también viceministro de Defensa, para discutir asuntos militares generales. Pero ‘Huffington Post Algérie’ y otros medios escritos no descartan que la visita fuera un intento de París de implicar a Argel en el conflicto libio. Las declaraciones del ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, al diario galo ‘Le Figaro’, llamando a actuar en Libia y ensalzando las buenas relaciones con Argelia, dan crédito a la hipótesis planteada por varios medios. El ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ramtane Lamamra, reafirmó la semana pasada que no habrá intervención militar en Libia y defendió el diálogo político entre las partes en conflicto para acabar con el caos y evitar la guerra civil. Lamamra afirmó que Jean-Yves Le Drian no defendió una intervención militar en Libia.

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Madrid acoge el 17 de septiembre una cumbre de países del Mediterráneo para abordar la crisis de Libia

Madrid será la sede el próxima 17 de septiembre de una conferencia internacional para discutir y afrontar lo que se considera la amenaza más inminente a la estabilidad de toda la cuenca mediterránea, la explosiva situación en Libia. El país que acabó con la dictadura de Muamar Gadafi en 2011, es un Estado fallido que no consigue detener la violencia de las milicias armadas y el terrorismo ni tampoco garantiza la seguridad de los ciudadanos y el control de la producción petrolera. Los conflictos políticos y sociales y los enfrentamientos tribales y territoriales han hundido a Libia en el caos y decenas de miles de ciudadanos libios y de otras nacionalidades han abandonado el país. Libia, que se encuentra al borde de la guerra civil, posee las mayores reservas de petróleo de todo el norte de África, pero no ha logrado empezar a extraerlas en condiciones medianamente normales, y cunde la impresión de que algunos de sus inmensos y ricos yacimientos puedan caer en manos de grupos terroristas yihadistas. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, se reunió el miércoles de esta semana con su homólogo libio, Mohamed Abdelaziz, para perfilar los detalles de la cita madrileña. Ambos ministros de Exteriores analizaron la grave situación política interna del país, que amenaza con desestabilizar toda la región mediterránea, tanto la parte sureña como la norteña. En la zona norte, España e Italia son los países más expuestos a la crisis libia. García-Margallo ya pudo constatar la gran preocupación existente en la región durante su reciente visita a Túnez y Egipto el pasado mes de julio, previa a los bombardeos efectuados por aviones egipcios y emiratíes sobre posiciones de los grupos yihadistas libios. Esta opción fue puesta en marcha por los dos países “ante la pasividad mostrada por Estados Unidos”, según la versión oficial, pero cuesta creer que El Cairo y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) decidieran un acción de esta envergadura sin el previo consentimiento de Estados Unidos y las principales potencias europeas.

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El Magreb se sitúa entre los 10 países más competitivos de África

El Magreb es una vasta región del norte de África compuesta por cinco países: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Mauritania. Tres de estos países, Marruecos, Argelia y Túnez, los más modernos e internacionalizados, figuran entre los 10 más competitivos del continente africano. Según el Foro de Davos de Suiza, Marruecos, Argelia y Túnez se colocan en los puestos número cuatro, seis y siete, respectivamente, en cuanto a competitividad africana. En el ámbito mundial, la situación no es tan buena para los tres países magrebíes. Como ya informó Atalayar el pasado 3 de septiembre, Marruecos se sitúa en el puesto número 72 de la competitividad mundial. Argelia, en el número 79; Túnez, en el 87; Libia, en el 126; y Mauritania, en el 141. Según el informe del Foro de Davos, en el marco de la región MENA (África del Norte y Oriente Medio), el Magreb es una zona con futuro y tasas de crecimiento elevadas. En el seno del Magreb, Marruecos es la locomotora económica. Este país ha evolucionado considerablemente en la última década. Poco a poco abandona el subdesarrollo económico y está a punto de convertirse en un país emergente. Argelia, que tiene una economía con un control del Estado mucho más importante que en Marruecos, también ha evolucionado en los últimos años, y en materia de competitividad internacional, ganó 22 puestos en 2014 respecto al año anterior. En cambio, Túnez perdió cuatro puestos y Libia, 18. Mauritania, ni mejora ni empeora, se encuentra donde está, en el puesto 141.

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Sudán niega las acusaciones libias de “armar a grupos terroristas”

Las autoridades libias acusaron a Sudán, situado en el noreste de África, de entregar armas a las milicias islamistas que han combatido durante semanas a grupos rivales en el aeropuerto internacional de Trípoli. Los dirigentes de Jartum negaron las acusaciones y afirmaron que “Sudán no tiene ningún interés en intervenir en los asuntos internos de Libia”, según dijo el Ministerio sudanés de Asuntos Exteriores. Jartum hizo saber que el avión sudanés interceptado en Libia realizaba una misión de apoyo a las fuerzas sudanesas y libias que controlan la frontera común y no se dirigía al aeropuerto de Trípoli. “El Gobierno acusa a Sudán de injerencia en los asuntos del Estado libio y de armar a grupos terroristas. Y pide a Jartum la repatriación de su agregado militar en Libia, porque lo considera una persona non grata”, hicieron saber las autoridades libias a través de un comunciado oficial. Libia se ha visto en la obligación de pedir ayuda internacional para hacer frente a la violencia desatada por grupos armados rivales y al terrorismo. El Gobierno libio denunció la entrada de un avión sudanés en su espacio aéreo que no pidió previamente autorización a la Oficina Libia de Aviación Civil. Además, Trípoli aseguró que el avión sudanés interceptado iba cargado de municiones destinadas a las milicias islamistas que no reconocen la legitimidad de las autoridades del país. Según el comunicado oficial, el avión interceptado por las autoridades libias se dirigía al aeropuerto de Maitiga, en Trípoli, que está en manos de grupos islamistas armados desde el pasado 22 de agosto.

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El Magreb pierde anualmente el 3% de su PIB debido a la falta de integración regional

La falta de integración regional del Magreb tiene un coste económico muy elevado. Cada año, esta región del norte de África compuesta por cinco países, Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Mauritania, pierde entre el 2% y el 3% de su Producto Interior Bruto (PIB). Esta es la estimación que hace la ONG Oxfam France en un estudio llevado a cabo con motivo del 20 aniversario del cierre de las fronteras terrestres entre Argelia y Marruecos. Los dos países son una pieza clave del Magreb y sus malas relaciones políticas constituyen un freno a la construcción de la Unión del Magreb Árabe (UMA) y a otros proyectos de integración regional. El estudio de Oxfam France subraya que “la existencia efectiva de una unión magrebí habría hecho ganar a los cinco países un valor añadido del orden de los 10.000 millones de dólares cada año”. Este es el dinero que pierden cada año los cinco países magrebíes. O mejor dicho: este es el dinero que Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Mauritania no pueden invertir anualmente en mejorar las infraestructuras, la sanidad, la educación, el aparato productivo y el nivel de vida de la población. La ONG, que cita a diversos analistas, asegura que cada año el Magreb pierde unos 8.000 millones de dólares en capitales. En parte, esta huida de capitales se explica “por la no integración de la región, que se convierte así en menos atractiva para las inversiones”. Además, los problemas políticos que mantienen la construcción del Magreb paralizada también tienen repercusiones negativas en materia comercial. Según un estudio de la Comisión Económica de la ONU sobre África, la UMA mantiene una actividad comercial inferior al 56% de su capacidad real. Si el comercio estuviera más desarrollado y no sufriera tantas trabas, “tendría repercusiones positivas para el desarrollo de la región”, indica Oxfam France.

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Un general, un liberal y un islamista, tres actores del conflicto libio

El caos que vive Libia tiene pocos visos de superarse a corto plazo. Más bien todo lo contrario. El país que hace tres años derrocó y ejecutó sin juicio al dictador megalómano Muamar Gadafi, se hunde cada día un poco más. Los enfrentamientos entre milicias armadas rivales, el terrorismo y las confrontaciones tribales y territoriales son una triste y dura realidad en un país donde el poder ejecutivo y legislativo carece de autoridad y está prácticamente paralizado. A Occidente sólo le interesan los hidrocarburos libios y que éstos no caigan en manos de yihadistas. En este contexto, tres actores del conflicto libio aspiran a tomar el poder y controlar el conjunto del país: el general disidente Khalifa Hafter, que se sublevó en Bengasi –la gran ciudad del este del país- para combatir a las milicias islamistas y yihadistas; el político liberal Mustafá Abu Chagur, profesor en ingeniería eléctrica y antiguo exiliado; y Mohamed Sawan, miembro de los Hermanos Musulmanes y antiguo preso político. Los tres políticos son ambiciosos y creen que tienen capacidad para gobernar Libia, hacer frente al caos, resolver los problemas y controlar el dinero de los hidrocarburos. El general y el liberal tienen el apoyo de algunas cancillerías occidentales, y su radical oposición al islamismo político y al yihadismo combatiente han seducido a responsables estadounidenses y europeos. Pero de momento, Occidente está a la expectativa de lo que vaya a ocurrir en Libia en las próximas semanas y no apuesta claramente por ninguno de los tres actores. “Libia es como una película de vaqueros en el Lejano Oeste. Es un país paralizado, el Estado está en retirada y la violencia campa a sus anchas en todas partes”. Así describe la situación un diplomático occidental. ¿Quién podrá cumplir el papel de sheriff, pero también de político inteligente, que el país necesita? Nadie lo sabe. Khalifa Hafter, de 71 años, no es ningún demócrata, de la misma forma que muchos adversarios del islamismo tampoco lo son. Antiguo general de Gadafi, el militar golpista lanzó el pasado 16 de mayo la denominada ‘Operación Dignidad’ para acabar con los grupos armados islamistas y yihadistas del este del país. El general tiene el apoyo de algunos sectores militares y de la población que ven en él a una suerte de salvador de la patria en llamas. En los años 80 del siglo pasado, fue un hombre de confianza de Gadafi y un símbolo de la guerra contra el Chad, que acabó siendo un fracaso militar para Trípoli. Dicen algunos diplomáticos y observadores que lo conocen que hoy por hoy es el hombre de la CIA y de Egipto en Libia. La embajada de Estados Unidos en Trípoli no condenó la sublevación militar que protagonizó Hafter en Bengasi. Washington tampoco.

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Las milicias armadas arrebatan al Gobierno libio el control de los ministerios

El Gobierno libio perdió el control de la mayoría de los ministerios e instituciones estatales con sede en su capital, Trípoli, debido al avance de los grupos armados islamistas de Misrata, según se supo el lunes de esta semana. “La mayoría de los ministerios, instituciones y organismos estatales de la capital, Trípoli, no están bajo nuestro control”, informó el Ejecutivo. El mes pasado, las principales autoridades y el propio Parlamento tuvieron que trasladarse a la ciudad de Tobruk, en el este del país, ante el avance de los grupos extremistas. Los milicianos armados que controlan Trípoli impiden ahora el acceso del personal a los edificios públicos. En la capital libia tienen su sede todos los ministerios, así como la compañía petrolera estatal (NOC) y el Banco Central libio, donde se gestionan los estratégicos ingresos de la exportación de hidrocarburos. Las fuerzas de Misrata no reconocen el Parlamento elegido en las elecciones del pasado mes de junio, dominado por sectores más o menos liberales y federalistas. El Parlamento encargó este lunes a Abdulah al Thinni, exministro de Defensa y militar de carrera, la formación de un gobierno de crisis que deberá estar listo en un plazo de dos semanas. Al Thinni fue nombrado formalmente primer ministro en marzo, pero el antiguo Parlamento se negó a disolverse tras las elecciones de junio y rechaza reconocerle como jefe del Gobierno. Los islamistas eran la fuerza dominante de la antigua Cámara, que se reunió la semana pasada e incluso nombró a un nuevo primer ministro, mientras que en el nuevo Parlamento son las fuerzas liberales y federalistas las que tienen un mayor peso. Libia vive una situación política y social caótica que podría degenerar en guerra civil, si no acaban los enfrentamientos armados entre facciones rivales. Trípoli y Bengasi, la gran ciudad del este del país, son los dos grandes focos de violencia armada en estos momentos. El país norteafricano se ha quedado prácticamente sin personal diplomático extranjero y hasta la ONU ha retirado a gran parte de sus empleados por motivos de seguridad. Decenas de miles de libios y ciudadanos de otras nacionalidades también han abandonado Libia en las últimas semanas.

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El Magreb es una de las regiones del planeta donde menos alcohol se consume

El consumo de alcohol en el Magreb es uno de los más bajos del mundo, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hecho público estos días. La organización sanitaria de la ONU llevó a cabo este estudio entre personas mayores de 15 años y de ambos sexos. El país que más alcohol consume (1,5 litro por habitante) es Túnez, seguido de Argelia (1 litro) y Marruecos (0,9 litro). Los libios y los mauritanos, según la OMS, apenas consumen 0,1 litro por habitante. En este contexto, Argelia es el país con el mayor mercado de bebidas alcoholizadas. El informe de la OMS indica que el consumo de alcohol en los cinco países del Magreb aumentó ligeramente entre 2005 y 2010. En el Magreb, es en Túnez donde el consumo de bebidas alcoholizadas registró el aumento más importante entre los años 2005 y 2010 (de 1,4 litro a 1,5). En Argelia, el consumo es estable y en Marruecos pasó de 1,5 litro a 0,9. En este sentido, el consumo magrebí está muy alejado de lo que ocurre en la antigua Europa del ‘socialismo real’. En Bielorrusia, por ejemplo, el consumo medio de alcohol es de 17,5 litros por persona. En Túnez, apunta el estudio de la OMS, el 77% de la población mayor de 15 años (8,2 millones de personas) bebe alcohol. El consumo global es de unos 123.000 hectolitros. El 68% de los tunecinos que beben alcohol consumen cerveza; el 28%, vino; y el 4%, bebidas con mayor contenido alcohólico. En el caso de Marruecos, el 72% de la población bebe alcohol, unos 228.000 hectolitros. 44% de los bebedores consumen cerveza; 36%, vino; y 20%, bebidas con mayor graduación. Argelia consume 3,4 millones de hectolitros de cerveza, 750.000 hectolitros de vino y 13.500 hectolitros de bebidas con fuerte contenido alcohólico. En Libia, con una población de 4,3 millones de habitantes, 71% de los libios mayores de 15 años son consumidores de bebidas alcoholizadas. En Mauritania, los bebedores representan el 59% de la población.

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Uno de los dos Parlamentos libios nombra a un islamista para formar un “gobierno de salvación nacional”

El Congreso Nacional General saliente (CNG, Parlamento paralelo al oficial) de Libia encargó esta semana al islamista Omar Al Hasi formar un “gobierno de salvación nacional”, lo que significa un desafío a la Cámara instalada en Tobruk, ciudad situada a 1.600 kilómetros de Trípoli, en el extremo este del país árabe. Un total de 94 antiguos diputados, de los 200 que configuran el Parlamento saliente, votó a favor de Al Hasi. El político islamista recibió ese mandato en una reunión celebrada en Trípoli por el CNG, que no reconoce al nuevo Parlamento, denominado Congreso de los Diputados y surgido de las elecciones del pasado 25 de junio. Este nombramiento añade más leña al fuego en un país desestabilizado y donde la violencia terrorista y anti-islamista podría acabar en guerra civil. Trípoli y Bengasi se han convertido en dos focos de combates armados entre milicias rivales. Al Hasi es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Bengasi y ya había presentado con anterioridad su candidatura a presidir el Gobierno. Al Hasi negó la legitimidad del Parlamento surgido de las legislativas, dominado por sectores más o menos liberales y en algunos casos federalistas. El presidente interino de Libia, Abudall al-Thani, calificó de “reuniones y decisiones ilegales” las medidas que tome el CNG.

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Merkel en Santiago

La canciller alemana ha disfrutado de unas 35 excelentes horas en Santiago de Compostela en compañía de un gallego exultante, el presidente del Gobierno español. Los gestos y la buena cara de ambos dirigentes políticos demostraban la buena sintonía actual entre ambos, sellando un acuerdo entre conservadores para afrontar los próximos compromisos de la Unión Europea. España y Alemania, con gobierno de gran coalición entre los democristianos y los socialdemócratas, frente a los socialistas de Francia e Italia. Aunque no es nada acertado pensar que, en este caso, la ideología y las posiciones políticas condicionan las decisiones europeas de unos y otros. Lo que realmente se tiene en cuenta son los intereses nacionales de cada gobierno en cada país. En el caso de Angela Merkel y Mariano Rajoy, su gran entendimiento se ha ido labrando con el paso de los meses y con los notables resultados de crecimiento económico gracias a las reformas emprendidas por el Ejecutivo español que tanto sacrifico han supuesto para buena parte de la sociedad española. Austeridad y ajuste fiscal frente a inversión e impulso de la actividad económica para abordar el mayor reto de todos: la creación de empleo, sobre todo en España donde empieza a mostrar algunos datos positivos. La crisis de gobierno en Francia pone de manifiesto lo delicado de su situación, pretendidamente ignorada por sus dirigentes anteriores provocando una crisis de peores consecuencias y dificultades añadidas para su superación. Merkel y Rajoy han sido exquisitamente prudentes y no han entrado a valorar los problemas políticos internos entre los socialistas franceses pero no han dejado de recordar el compromiso del primer ministro galo, Manuel Valls, de afrontar las reformas imprescindibles que necesita Francia y que otros nunca quisieron acometer. Con sus elementos particulares, el caso de Italia es parecido porque Matteo Remzi cosechó una notable victoria electoral en los comicios europeos pero no ha logrado cerrar ninguna de las reformas tan prometidas como necesarias. En Santiago de Compostela se ha hablado de cargos europeos, cuota de poder que cada uno pretende asegurar, pero el encuentro hispano-alemán sólo sería provechoso para incrementar el turismo alemán si lo único que trascendiera fuera eso, con todo lo que está ocurriendo en Irak, Siria, Libia, Gaza, Ucrania y donde el papel de la Unión Europea es muy mejorable.

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La importancia geoestratégica del Magreb

Los recientes acontecimientos en Libia y Túnez, dos países de la paralizada UMA (Unión Magrebí Árabe), han puesto de relieve la enorme importancia geoestratégica del Magreb. Un concepto que data de miles de años, y que ahora cobra especial actualidad por cuanto esta región es de capital importancia para la paz y la seguridad en África, que tanto preocupa a Occidente. Pero antes de entrar en materia, hagamos una breve descripción del Magreb; término milenario (poniente en la astronomía árabe), que comprende los territorios de Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania. La población total de los cinco Estados se acerca a los 89 millones de habitantes, los cuales tienen como denominador común a los bereberes (imazighen, en su idioma), que son los nativos de esta extensa zona del Norte de África. Sin embargo, su realidad es muy diversa, pues en Marruecos y Argelia son parte importante de la población (un 35 % en Argelia, y un 60 % en Marruecos), en tanto que en Libia, Túnez y Mauritania son minoría, con un 15 %. Junto a los bereberes, los árabes son la otra etnia dominante. Los árabes llegaron en diferentes oleadas, especialmente a partir del siglo VII d.c., época en la que empezó la islamización del Magreb.

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La ONU nombra al español Bernardino León representante especial en Libia

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, ha nombrado el español Bernardino León como su representante especial para la Misión de Apoyo de la ONU en Libia (UNSMIL), según ha informado la organización internacional en un comunicado.

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El presidente Hollande autoriza el envío de armas a los kurdos de Irak

El presidente de Francia, François Hollande, anunció este miércoles el envío “en las próximas horas” de armamento a las fuerzas del Kurdistán iraquí (peshmerga) en respuesta a las “necesidades urgentes” expresadas por las autoridades de la región semi autónoma para combatir a los yihadistas del Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), según informó el Elíseo a través de un comunicado. Hollande defendió la necesidad de aumentar la “movilización” internacional en vista de la “situación catastrófica” a la que se enfrenta la población civil del Kurdistán. Francia, que ha perdido mucho protagonismo a nivel internacional y en la Unión Europea (UE) va muy por detrás de Alemania desde el punto de vista económico, aspira a jugar un “papel activo” en colaboración con sus aliados y “con las nuevas autoridades iraquíes” personificadas en el recién designado primer ministro, Haidar al Abadi. El Elíseo hizo saber que a la entrega de ayuda humanitaria emprendida en los últimos días se sumará ahora una nueva iniciativa para “apoyar la capacidad operativa” de las fuerzas que combaten contra los yihadistas. Con el objetivo de responder a las necesidades urgentes expresadas por las autoridades regionales del Kurdistán, el jefe de Estado galo decidió, previo acuerdo con Bagdad, enviar armas a Irak. Francia se implica así en la lucha armada contra el EIIL, tal como ya ha hecho Estados Unidos, que la semana pasada comenzó a bombardear posiciones del grupo yihadista suní en la zona norte de Irak. Además, este mismo miércoles, la Alta Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Catherine Ashton, anunció que está consultando con las distintas capitales la posibilidad de convocar una reunión extraordinaria de ministros de Asuntos Exteriores en los próximos días para abordar las crisis en Irak, Ucrania y Oriente Próximo.

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