Martes, 21 de Noviembre de 2017

Túnez cerrará la frontera con Libia para evitar la llegada masiva de refugiados

El ministro tunecino de Asuntos Exteriores, Mongi Hamdi, no descartó cerrar la frontera de Túnez con Libia, ante el incremento del caos y la inseguridad en el país vecino. Las autoridades tunecinas temen una avalancha de refugiados libios y de otros países, como ocurrió en el año 2011 durante los disturbios que acabaron con el régimen de Muamar Gadafi. En este sentido, el jefe de la diplomacia tunecina no descartó el cierre del consulado de Túnez en Trípoli. “Cerraremos las fronteras si el interés nacional lo exige”, indicó Hamdi. Túnez tiene una zona fronteriza con Libia de 450 kilómetros. De momento, las fuerzas de seguridad han incrementado la vigilancia en los principales puestos fronterizos, como el de Ras Jedir. Según el ministro de Exteriores, su país acoge una media diaria de “5.000 a 6.000 personas” que proceden de Libia. En 2011, las autoridades tunecinas tuvieron que pedir ayuda a la ONU. El campo de refugiados de Choucha (sudeste del país), que estuvo gestionado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), cerró en 2013. Según diversos cálculos, un millón de ciudadanos libios se instalaron en Túnez a partir de 2011. Los dirigentes tunecinos aseguran que su país no tiene suficiente capacidad económica y técnica para recibir a tanta gente, aunque los refugiados huyan de la violencia desatada por las milicias armadas y del caos político en Libia. Túnez no descarta que también crucen la frontera miembros de grupos yihadistas. Según dijo un responsable policial a la agencia de noticias TAP, “la situación nos pide una vigilancia extrema para evitar la infiltración de armas o de personas que podrían amenazar la seguridad de nuestro país”.

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Los combates entre milicias rivales dificultan la extinción de un incendio en Trípoli

El inmenso incendio que se declaró el pasado domingo en un depósito de hidrocarburos, en Trípoli, siguió este miércoles arrasando el complejo industrial donde se produjo el siniestro. Los esfuerzos desplegados por los bomberos, con ayuda de equipos italianos, tuvieron que interrumpirse por culpa de los combates por el control del aeropuerto internacional de Trípoli entre milicias salafistas de Misrata y brigadas anti-islamistas de Zintán, que ocupan esta infraestructura desde la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011. Libia tuvo que pedir ayuda a Italia, la antigua potencia colonial del país norteafricano, para enfrentarse al incendio, que fue provocado por el lanzamiento de un misil por parte de una milicia rebelde. Roma envió siete aviones de lucha contra incendios. Trípoli también solicitó ayuda a otros países como Francia para sofocar el incendio, que amenaza con destruir una parte de la capital libia. Las autoridades anunciaron que el incendio estaba “fuera de control”. La vida en la capital libia está paralizada desde que estallaron los combates en el aeropuerto hace dos semanas, y los ciudadanos tienen que hacer colas kilométricas para repostar gasolina. Ya no queda gas para cocinar y los cajeros automáticos dejaron de funcionar. Las embajadas de muchos países cerraron sus puertas y el antiguo viceprimer ministro libio, Mustafá Abu Chagur, fue secuestrario en Trípoli por un grupo de hombres armados sin identificar. Además, un avión militar que iba a bombardear las posiciones salafistas en el aeropuerto se estrelló antes de llevar a cabo su misión. Las milicias rivales que luchan a muerte en el aeropuerto de Trípoli no quieren declarar un alto el fuego, a pesar de que los combates han causado ya un centenar de muertos y unos 400 heridos.

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Un incendio en un depósito de petróleo acrecienta el caos en Libia

Libia no gana para sustos. El país mediterráneo que en tiempos del régimen de la Yamahiriya -o poder de las masas- del déspota e iluminado Muamar Gadafi fue el más rico del Magreb, está alcanzando unos niveles de violencia que lo acercan a Somalia y lo alejan cada vez más de la estabilidad política, social y económica. Al caos político y las disputas armadas entre grupos rivales se sumó este lunes un gran riesgo de “catástrofe” ecológica provocada por el incendio en un depósito de petróleo en Trípoli, según informó el Gobierno libio. El incendio fue la consecuencia del lanzamiento de un misil por parte de una milicia rebelde que impactó contra un depósito de 6,6 millones de litros de fuel cerca del aeropuerto internacional de Trípoli. Este lugar es el escenario de violentos combates desde hace más de dos semanas entre grupos salafistas radicales y milicias anti-islamistas. Según algunas informaciones, un segundo incendio se declaró en otras instalaciones cercanas al aeropuerto tripolitano. Tras varias horas de angustia e incertidumbre, el Ejecutivo de Trípoli manifestó en un comunicado que la intervención de los bomberos y de las unidades de protección civil evitó que el incendio pudiera propagarse a otras zonas, pero pidió a las partes enfrentadas que asuman la responsabilidad de una eventual “catástrofe humana y natural en caso de que no permitan a los bomberos concluir su trabajo”. El portavoz de la Compañía Nacional de Petróleo (CNP), Mohamed al-Harari, no descartó una eventual catástrofe en caso de que se propague el incendio, porque la zona contiene entorno a 90 millones de litros de distintos tipos de combustibles. Los enfrentamientos en torno al aeropuerto ya han causado casi un centenar de muertos y 404 heridos, y han vuelto a desatar el temor a una guerra civil.

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La violencia y el terrorismo arrastran a Libia a una guerra civil

La violencia política y social y el terrorismo, el caos económico, el descontento militar y las pugnas regionales arrastran a Libia a una guerra civil. Los diplomáticos extranjeros huyen del país norteafricano, la ONU ha evacuado su personal y los combates entre milicias yihadistas de Misrata y grupos opuestos de Zintan en el aeropuerto internacional de Trípoli siguen provocando muertos, heridos y destrucción. Este domingo pasado murieron al menos 39 personas y hubo 50 heridos en Bengazi, la gran ciudad del este libio. Según fuentes militares, los grupos yihadistas lanzaron un día antes una ofensiva terrorista contra el cuartel general de la unidad de fuerzas especiales del Ejército, en el centro de Bengasi. “Libia está al borde de la implosión social, política y económica”, asegura un observador tunecino a Atalayar. El sábado pasado, 23 trabajadores egipcios murieron en Trípoli tras el impacto de una roqueta contra una casa en obras donde estaban trabajando. “La situación en Libia es muy grave, es crítica. Estamos muy inquietos porque la violencia se ha apoderado del país, el desgobierno es total”, señalan fuentes diplomáticas occidentales en Trípoli. Es la peor crisis que vive el país desde la muerte del dictador Muamar Gadafi en octubre de 2011. El caos libio amenaza a la región, sobre todo a Túnez, Argelia y Egipto. “Cada día hay muertos. La seguridad se degrada cada vez más. La comunidad internacional tendría que tomar cartas en el asunto”, recalca nuestro interlocutor tunecino. Los yihadistas libios mantienen estrechas relaciones con grupos de otros países cercanos, a pesar de algunas discrepancias tácticas, estratégicas y políticas. Es por eso que las autoridades argelinas decidieron aumentar la vigilancia de los aviones libios que vuelan en su espacio aéreo, y de momento mantendrán un “servicio mínimo” en el Consulado General de Argelia en Trípoli, según informó el diario argelino ‘El Watan’. Argelia cerró su embajada en Trípoli; también lo hicieron otros países como Estados Unidos, Turquía, Italia, Alemania, Malta, Filipinas y varios países árabes. El Ministerio español de Asuntos Exteriores pidió a los ciudadanos españoles que viven en Libia que abandonen el país. Otros países como Francioa tomaron la misma decisión. Washington cerró su embajada y evacuó a sus 150 empleados, que fueron conducidos y escoltados por un centenar de marines y fuerzas especiales hasta la frontera con Túnez. El Gobierno carece de autoridad y ni siquiera controla todo el Ejército. La producción de hidrocarburos está medio estancada, aunque algunas plantas productoras han recuperado una relativa normalidad en las últimas semanas. Los representantes de la UE, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Liga Árabe intentaron encontrar una solución a la crisis libia el pasado 24 de julio, en Bruselas. Pidieron firmeza a las autoridades libias y unidad a las fuerzas políticas para hacer frente al terrorismo y la violencia.

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“Si el yihadismo salafista triunfa en Libia y Túnez, Europa estará en peligro”

Atalayar ha entrevistado en Túnez al actual responsable del Centro de Estudios Estratégicos sobre Seguridad Global, un think tank que asesora a las autoridades de transición tunecinas sobre el peligro real del terrorismo yihadista, Rafik Chelly. El que fuera máximo responsable de la seguridad presidencial con los dos anteriores ocupantes del Palacio de Cartago, Habib Burguiba y Zine El Abidine Ben Ali, no esconde su preocupación por la situación crítica que atraviesa el país, y que podría dar al traste con la “revolución del jazmín”, la primera gran sacudida de la llamada “primavera árabe”.

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Los islamistas libios pierden fuerza en el nuevo Parlamento

Las autoridades libias comunicaron el lunes de esta semana los resultados de las elecciones legislativas del pasado 25 de junio, en un clima de tensión y deterioro que sufre el país tras los últimos choques armados entre milicias rivales en el aeropuerto internacional de Trípoli, que han causado unos 50 muertos y 120 heridos, y los enfrentamientos entre grupos yihadistas y militares rebeldes en Bengasi. Según la Alta Comisión Electoral (HNEC), los islamistas serán minoritarios en el nuevo Parlamento, pero los observadores políticos no descartan que puedan llegar a alianzas poselectorales. En algunos colegios electorales los comicios fueron anulados por culpa de la violencia, lo que significa que 12 de los 200 escaños de la nueva Cámara están sin ocupar. Los otros escaños estarán ocupados por diputados supuestamente independientes, porque las listas no fueron autorizadas. Los libios conocerán la composición política del Parlamento una vez que se hayan constituido los diversos bloques afines a los partidos. En principio, el bloque laico tiene mayoría y, según diversos analistas, diputados y diplomáticos libios, “los islamistas han perdido las elecciones”. Es lo que afirma Yunes Fannuch, diputado electo por Bengasi, que se presentó como independiente y miembro de “la corriente civil democrática”. Fannuch aseguró que el Partido de la Justicia y la Construcción (PJC), brazo político de los Hermanos Musulmanes en Libia, “sólo ha obtenido unos 30 escaños” mientras la Alianza de Fuerzas Nacionales (AFN, de tendencia liberal) ha logrado 50. En el este de Libia, los partidarios de una solución federal que dé poder a las regiones, conocidos por su radical oposición a los islamistas, han conseguido entre 25 y 28 diputados. Ali Tekbali, otro diputado electo, explicó que “la mayoría de los parlamentarios no tienen pertenencia ideológica”. Y “muchos se oponen al islam político”, remató Fannuch.

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Los combates entre milicias armadas por el control del aeropuerto de Trípoli se recrudecen

El aeropuerto internacional de Trípoli es desde hace más de una semana el escenario de violentos combates entre milicias armadas de Misrata y de Zintan que han causado la muerte de al menos 50 personas, además de numerosos heridos y cuantiosos daños materiales. Los grupos armados enfrentados son pro-islamistas y anti-islamistas. Los dramáticos acontecimientos del aeropuerto tripolitano podrían arrastrar a Libia hacia una guerra civil. El Gobierno es incapaz de restablecer el orden y ha pedido ayuda a la ONU para que envíe al país norteafricano fuerzas de seguridad que asesoren a la Policía y al Ejército libios en el control de instalaciones estratégicas como aeropuertos y plantas petrolíferas. Uno de los responsables de la seguridad del aeropuerto de Trípoli, Al-Jilani al-Dahech, explicó a la AFP que el recinto aéreo había sido atacado violentamente por grupos armados que utilizaron carros de combate, obuses de mortero y roquetas. El conflicto empezó el pasado 13 de julio, cuando grupos yihadistas y milicias de la ciudad de Misrata (200 kilómetros al este de Trípoli) sellaron un acuerdo para atacar a las brigadas armadas de Zintan (170 kilómetros del suroeste de Trípoli), que controlaban el aeropuerto desde 2011. La mayoría de las víctimas son civiles del barrio de Qasr Ben Ghachir, que está muy cerca del aeropuerto. Estos combates tienen lugar en un contexto político donde los conflictos entre islamistas y liberales y las pugnas regionales socavan la estabilidad de Libia y debilitan las instituciones. Mientras una ciudad como Misrata apoya a las milicias islamistas, Zintan se opone y Trípoli hace lo que puede para controlar la situación. La ONU se vio en la obligación de evacuar a su personal en Libia y la delegación de la Unión Europea (UE) en este país no oculta su preocupación por las consecuencias que podría provocar un “conflicto prolongado”. El pasado mes de mayo, el general disidente Khalifa Hafter se sublevó con sus tropas en Bengasi (este del país) para acabar con los grupos yihadistas. Bengazi es hoy un escenario de enfrentamientos cotidianos entre grupos yihadistas y militares afines a Hafter. Las elecciones legislativas del pasado 25 de junio no acabaron con la debilidad política, las divisiones y la violencia armada. Las autoridades intentaron este lunes comunicar los datos oficiales de los comicios generales, y se espera que este jueves se reúnan los partidos más representativos para ver si pueden constituir el nuevo Parlamento. Muchos observadores políticos creen que será imposible.

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Libia podría pedir ayuda internacional para hacer frente a la violencia

Las autoridades libias están desbordadas. Son incapaces de hacer frente al terrorismo y a la violencia de las milicias armadas. El Estado no ejerce el monopolio de la violencia, una necesidad que planteó hace mucho tiempo Max Weber. Y si el Estado es débil, reina el caos. Es lo que está pasando en Libia. Casi tres años después del derrocamiento y ejecución del dictador Muamar Gadafi, Libia se desangra a diario. La crisis política, social y económica, las rivalidades tribales, los conflictos regionales y el malestar de un sector del Ejército que quiere desempeñar una lucha sin cuartel contra los grupos yihadistas, han hundido a Libia en el descontrol. Desde hace varios días grupos armados rivales luchan por el control del aeropuerto internacional de Trípoli, y el Estado es incapaz de restablecer el orden. Lo mismo ocurre en muchos otros lugares del país como la propia capital y Bengazi, en el este. Por todo ello, Trípoli no descarta pedir ayuda internacional para acabar con la violencia. Lo que está ocurriendo en el aeropuerto internacional de Trípoli ha sido la gota de agua que ha hecho desbordar el vaso. El portavoz del Gobierno libio, Ahmed al-Amine, explicó que la situación es extremadamente preocupante en el aeropuerto y que el Ejecutivo se plantea incluso la posibilidad de traer al país fuerzas internacionales para reforzar la seguridad, proteger a los civiles y evitar el caos y la confusión. Según el Ejecutivo, el 90% de los aviones estacionados en el aeropuerto han resultado dañados, al igual que la torre de control. La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (MANUL) pidió a todos los protagonistas de la vida pública del país magrebí que no recurran a las armas para resolver los problemas políticos. La MANUL hizo este llamamiento a raíz de los graves enfrentamientos armados en la zona del aeropuerto de Trípoli. Esta semana la ONU empezó a evacuar a una parte de su personal en Libia. El Gobierno hizo este miércoles un nuevo llamamiento a los grupos armados que combaten por el control del aeropuerto internacional de Trípoli para que cesen la violencia, que ya ha causado 26 muertos y muchos daños materiales. El Gobierno de Trípoli da una semana a los insurgentes para que acaben con los combates.

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La ONU pide a Libia que no recurra a las armas para solucionar problemas políticos

La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (MANUL) pidió a todos los protagonistas de la vida pública del país magrebí que no recurran a las armas para resolver diferencias y problemas políticos. La MANUL hizo este llamamiento después de los graves enfrentamientos armados en la zona del aeropuerto internacional de Trípoli, que han causado al menos nueve muertos y más de 30 heridos. Para alcanzar este objetivo, la misión de la ONU propone a las autoridades libias, al conjunto de las fuerzas políticas, desde los islamistas a la izquierda laica, y a las milicias armadas que reflexionen sobre la grave situación del país y busquen soluciones a la violencia. Libia vive grandes tensiones políticas, sociales, económicos, militares, tribales y regionales, y en algunas zonas del país las milicias armadas intentan imponer su ley y se enfrentan entre ellas. También hay grupos yihadistas que atacan a las fuerzas de seguridad de un Estado débil y escasamente integrador y cometen atentados. Trípoli y Bengazi son dos grandes polos de violencia armada en el país. La MANUL exhortó a las partes enfrentadas a encontrar un terreno de entendimiento que pacifique Libia y acabe con el sufrimiento de la población civil. El aeropuerto internacional de Trípoli es el teatro de graves enfrentamientos armados entre grupos rivales de la ciudad de Zintan desde hace días. El Gobierno libio se ve impotente para detener esta escalada de violencia. Según diversas informaciones, un grupo islamista armado utilizó misiles que impactaron dentro del perímetro del aeropuerto tripolitano. En mayo de este año, el aeropuerto de Bengasi, también fue atacado con misiles por unos asaltantes. El aeropuerto internacional de Trípoli, desde el derrocamiento del dictador Muamar Gadafi, ha sido controlado por milicias armadas de Zintan. Según las autoridades del aeropuerto internacional, los rivales islamistas de los exmiembros de la milicia de Zintan quieren apoderarse de las instalaciones. La Célula de Operaciones de los Revolucionarios de Libia reclamó la autoría del ataque al aeropuerto. El grupo armado es una coalición de milicias y, según el Parlamento, el brazo armado de los islamistas. Tres años después de la muerte del coronel Gaddafi, la población libia sufre una sangrienta pesadilla diaria, en medio de la lucha entre numerosos grupos armados que aspiran al poder. La ONU empezó a evacuar este martes su personal en Libia por razones de seguridad y porque “no es posible seguir con nuestro trabajo y nuestro apoyo técnico”, explica el organismo internacional en un comunicado.

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Libia renace económicamente de sus cenizas

Libia vive una difícil situación política y económica. Las elecciones legislativas del pasado mes de junio no contribuyeron demasiado a estabilizar el país, donde la violencia yihadista, las divisiones tribales y regionales, el descontento militar y el desprestigio de las instituciones son una triste realidad. Pero a pesar de tantos problemas, poco a poco, el país se está recuperando económicamente. El petróleo pronto podría volver a ser la principal actividad económica de Libia. Los gobernantes de Trípoli y los grupos armados que se hicieron con los principales puertos petrolíferos de la costa libia sellaron hace poco un pacto secreto. El acuerdo entre antiguos enemigos afecta a la región de la Cirenaica (costa noreste del país) y podría permitir a Libia, cuando las plantas petrolíferas funcionen a pleno rendimiento, producir y exportar unos 500.000 barriles más de petróleo. De esa forma, si los acuerdos entre Trípoli y los rebeldes armados de la Cirenaica llegan a buen puerto, Libia pasaría de los 300.000 barriles de crudo exportados a unos 800.000. Pero el país norteafricano, que hace dos décadas era el más rico del Magreb en términos de PIB por habitante, aún estaría lejos del millón y medio de barriles exportados en 2011. En fin, que Libia tenía muy preocupado al mercado mundial del petróleo, por sus convulsiones internas, la violencia descontrolada y la falta de autoridad política y de seguridad, pero el acuerdo alcanzado entre el Gobierno interino y los rebeldes del noreste podría cambiar la situación sustancialmente. Trípoli no ha querido decir si tuvo que hacer concesiones políticas a los grupos armados para poder firmar el acuerdo, pero parece bastante probable que el poder central prometió cambios de corte federal a los rebeldes del este. Según el diario ‘El País’, las conversaciones empezaron hace meses, y de hecho en abril se anunció un contacto con los rebeldes que permitió reabrir dos pozos petrolíferos menores en Zueitina y Hariga.

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Túnez se convierte en líder africano en materia de eficacia tecnológica

Túnez se convirtió en 2014 en líder africano en materia de eficacia tecnológica, uso de Internet, rendimientos de las infraestructuras y capacidades humanas, según el índice ‘E-Gobierno’ que la ONU establece cada dos años. Túnez es el país africano que más progresó en estas materias desde 2012. A escala mundial, el pequeño país norteafricano se sitúa en el puesto número 75, lo que significa que ganó 20 plazas en los últimos dos años. Según el índice ‘E-Gobierno’ que elabora la Dirección de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (UNDESA), África es un continente retrasado con respecto al resto del mundo. Después de Túnez, Marruecos registró una de las mejoras más espectaculares del continente africano, mientras que Argelia perdió terreno. Marruecos se colocó en 2014 en el puesto número 83 tras haber ganado 38 plazas respecto a 2012. En el norte de África, Egipto adelanta a Marruecos de tres plazas. En cuanto a otros países árabes, Bahréin está en el puesto 18; los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en la posición 32; Arabia Saudí, en la 36; Catar, en la 44. Después vienen Omán (48), Kuwait (49), Túnez (75), Jordania (79) y Egipto (80). Este informe es muy útil para los empresarios y responsables económicos de los 193 países estudiados por la ONU. Los resultados muestran que Corea del Sur encabeza la clasificación mundial gracias a su liderazgo en materia de innovación tecnológica y Europa sigue estando en cabeza. En el Viejo Continente Francia es el país mejor situado; en América es Estados Unidos; en Asia, Corea del Sur; en Oceanía, Australia; y en África, Túnez.

Libia, mejor que Argelia

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Libia endurece las reglas de entrada y salida de divisas

El Banco Central de Libia (BCL) decidió poner un límite a la entrada y salida de divisas en el país magrebí. En el caso de la moneda local, el tope es de 200 dinares (unos 250 dólares), y para las divisas extranjeras, de 10.000 dólares. “Ningún viajero podrá salir del territorio libio con más de 200 dinares, una cantidad de dinero que le permitirá hacer algunos gastos en dinares”, indicó el BCL en un comunicado. Los 10.000 dólares o su equivalente en otras divisas extranjeras es también el tope por persona que fija la entidad bancaria. En el caso de los extranjeros que entren en Libia, si disponen de una cantidad de dinero igual o inferior a 10.000 dólares o su equivalente en otras divisas, no tendrán que declararlo en la aduana. El BCL señala, sin embargo, que “los clientes y viajeros pueden recurrir a los bancos e instituciones de transferencia de fondos para transferencias que superen el límite establecido”. Estas disposiciones se toman en un contexto de grave crisis económica y de disminución de los ingresos del Estado desde que las exportaciones de hidrocarburos, que son el principal recurso económico del país, cayeron en picado. Esta situación, según los expertos, ha provocado una caída notable de la entrada de divisas y la depreciación del dinar libio, sobre todo en el mercado paralelo. El BCL asegura que Libia tiene suficientes reservas en divisas para hacer frente a las necesidades del país, pero algunos economistas ponen en duda la versión oficial de las autoridades.

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Dos tunecinos secuestrados en Libia son puestos en libertad

Dos ciudadanos tunecinos secuestrados por un grupo terrorista en Trípoli, el diplomático Arussi Kontasi y el empleado de la Embajada de Túnez en Libia Mohamed Ben Cheikh, fueron puestos en libertad el pasado domingo, según anunciaron este lunes fuentes diplomáticas tunecinas contactadas por la Agencia France-Presse (AFP). El diplomático fue secuestrado el pasado 17 de abril y el empleado, el 21 de marzo. Las fuentes diplomáticas tunecinas no explicaron de qué manera ni dónde fueron liberados los dos rehenes, pero aseguraron que en los próximos días llegarán a su país de origen. Según AFP, los dos secuestrados fueron víctimas de un grupo yihadista denominado Chabab Al-Tawhid (Jóvenes por la Unicidad Divina). Este grupo terrorista exigió a cambio de la liberación de los dos tunecinos la puesta en libertad de varios yihadistas libios condenados en Túnez por su implicación en una operación terrorista en el noreste del país magrebí. Las fuentes consultadas por AFP negaron que el Gobierno tunecino hubiera cedido al chantaje terrorista para conseguir la liberación de los dos ciudadanos secuestrados. Por otra parte, la Justicia tunecina anuló la prohibición de viajar a dos antiguos responsables del régimen de Zine El Abidine Ben Ali que fueron condenados por malversación de fondos públicos y financiación ilegal del partido del antiguo dictador, la Agrupación Constitucional Democrática (RCD). Los dos exgerifaltes son el antiguo ministro de Transportes, Abderrahim Zuari, y Mohamed Ghariani. Ambos políticos fueron secretarios generales del RCD de Ben Ali.

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“Libia no es sólo un problema, también es la solución”

Presente en la 23ª cumbre de la Unión Africana en Malabo, Guinea Ecuatorial, el ministro libio de Asuntos Exteriores, Mohamed Abdelaziz, responde a las preguntas de ‘Jeune Afrique’. En Malabo, la delegación libia para la 23ª cumbre de la Unión Africana es reducida. Dos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y el embajador de Libia en Guinea Ecuatorial acompañan al jefe de la diplomacia, Mohamed Abdelaziz. Mientras se celebran las elecciones legislativas del 25 de junio, el ministro sigue llevando una diplomacia activa, convencido de que la solución surgirá de una mejor cooperación regional.

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La violencia y la baja participación enturbian las elecciones legislativas en Libia

El clima de inseguridad y la violencia terrorista frenaron notablemente la participación electoral en las elecciones legislativas del pasado 25 de junio en Libia. El escrutinio era crucial para el futuro de la transición democrática en este país norteafricano dividido en lo político, social, tribal y territorial. Desde la caída del régimen dictatorial de Muamar Gadafi, en 2011, Libia no ha conseguido levantar cabeza. Los dirigentes de Trípoli, los países del Magreb y la comunidad internacional esperaban mucho de estas elecciones, pero más de la mitad de los ciudadanos libios decidieron no acudir a las urnas. Unos porque no pudieron, otros porque no quisieron. Sólo fueron a votar 630.000 electores de los 1,5 millones que se habían inscrito, es decir el 42% del censo, según datos de la Alta Comisión Electoral (HNEC). La violencia hizo acto de presencia en muchos lugares del atormentado país norteafricano. En Bengasi, la segunda ciudad de Libia, situada en el noreste del país, y en su región los combates entre las topas del general sublevado Khalifa Hafter y las milicias yihadistas son constantes y se han cobrado muchas vidas. Y los atentados terroristas se suceden casi a diario. Salwa Bughagis, militante feminista y activista de la revolución popular que derrocó a Gadafi en 2011, después de ir a votar, fue asesinada a tiros en su casa de Bengasi por cinco terroristas encapuchados y vestidos con uniformes militares. Los pistoleros también dispararon contra un vigilante, y el marido de la víctima, Esam Al-Ghariani, desapareció y la Policía no descarta que haya sido secuestrado. El asesinato de la activista provocó una profunda conmoción. Bughagis y su hermana Iman pertenecieron al Consejo Nacional de Transición, el organismo político que tomó las riendas de Libia tras la caída del régimen de Gadafi. Las dos activistas siempre defendieron los derechos de las mujeres y la unidad entre las fuerzas políticas para construir una verdadera democracia en su país, y se enfrentaron sin miedo al movimiento islamista de los Hermanos Musulmanes y a los grupos yihadistas partidarios de la violencia y el terrorismo.

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