Cuando Argel intenta reclamar el caftán: un festival al servicio de las ambiciones políticas

A principios de septiembre, Argel acogió la 7ª edición del Festival Nacional de la Indumentaria Tradicional. Presentado oficialmente como una celebración de la identidad sartorial argelina, el acontecimiento se centró sobre todo en una prenda concreta: el llamado "caftán argelino"
  1. ¿Un festival cultural... o político?
  2. El patrimonio como herramienta de poder blando
  3. Una politización que suscita interrogantes
  4. Cuando la cultura se convierte en campo de batalla

Desfiles de moda, concursos para jóvenes diseñadores, exposiciones en museos... El rico y cuidadosamente elaborado programa transmitía un mensaje claro: afirmar con rotundidad que el caftán forma parte del patrimonio de Argelia. Un mensaje que llega en un momento significativo, justo cuando Marruecos ha conseguido que la UNESCO reconozca el caftán marroquí como parte de su patrimonio cultural inmaterial.

¿Un festival cultural... o político?

Sobre el papel, el evento tenía como objetivo promover la transmisión de los conocimientos tradicionales mediante la exhibición de bordados, tejidos y costura. Sin embargo, detrás de esta fachada cultural, los matices políticos eran inconfundibles. Las consignas, los discursos oficiales e incluso la puesta en escena del evento insistían en el tema del «caftán argelino, testigo de un patrimonio ancestral». La retórica parecía dirigida menos al público local que a la escena internacional, como para enviar un mensaje: el caftán no es exclusivamente marroquí, sino la expresión de una historia compartida o, según algunos funcionarios, específicamente argelina.

El patrimonio como herramienta de poder blando

Durante años, la rivalidad entre Rabat y Argel se ha extendido más allá de los ámbitos diplomático y de seguridad hasta el ámbito cultural. Desde la música popular hasta las tradiciones culinarias, cada reconocimiento internacional es objeto de un minucioso escrutinio y, en ocasiones, de controversia. El caftán, icono del refinamiento magrebí, se ha convertido en uno de los símbolos más disputados.

Al presentar a la UNESCO su expediente «El caftán marroquí: arte, tradición y saber hacer», Rabat culminó un largo proceso de reconocimiento del patrimonio. El festival organizado en septiembre se lee como una contramedida directa, incluso como una estrategia de comunicación, diseñada para difuminar la línea entre el caftán marroquí y el llamado «caftán argelino».

Una politización que suscita interrogantes

Muchos observadores señalan que la politización del evento puede socavar la apreciación genuina de los trajes tradicionales de Argelia. El país cuenta con un vestuario rico y diverso: la gandoura, el karakou de Argel, la blousa de Tlemcen, el burnous cabilio... prendas originales que dan testimonio de la pluralidad de las regiones y las culturas locales. ¿Por qué entonces convertir el caftán en el centro de un festival nacional, a menos que la intención sea entablar una lucha por la identidad con Rabat?

Esta estrategia plantea una cuestión más amplia: al intentar apropiarse de un símbolo ya reconocido en otros lugares, ¿no corre Argelia el riesgo de menoscabar su propia riqueza cultural en favor de una confrontación política estéril?

Cuando la cultura se convierte en un campo de batalla

El festival de Argel puso de relieve una activa campaña de apropiación cultural: su insistencia en esgrimir el caftán como bandera identitaria deja un regusto amargo. En lugar de afirmar la diversidad y la singularidad de sus propias tradiciones sartoriales, Argelia ha optado por transformar una celebración cultural en una herramienta de rivalidad geopolítica.