Cuba 1895, la partida: episodios previos al desastre definitivo
Se acerca el aniversario número 130 de la dolorosa pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, un trágico cierre para aquel imperio que en su momento gobernó gran parte del mundo.
Este colapso causó, además de un impacto económico tremendo, una profunda crisis moral, política y social que marcó toda la historia española durante el siglo XX y cuyas consecuencias políticas todavía se sienten hoy. A pesar de las décadas transcurridas desde 1898, la herida de Cuba sigue siendo un recuerdo doloroso en el espíritu hispánico. La guerra por su independencia afectó especialmente a muchas familias que vieron partir a sus hijos hacia aquel conflicto.
La obra “Cuba 1895, La partida” (270 páginas), escrita por el experto en geopolítica y seguridad Lucas Martín Serrano, recupera la memoria de los españoles que, ya fuera de manera voluntaria o forzada, entregaron su juventud, salud y vida en la llamada Perla de las Antillas.
- El contexto de la guerra de independencia
- La historia del teniente Andrade
- Una mirada humana a la guerra
El contexto de la guerra de independencia
La Guerra definitiva por la independencia de Cuba estalló en febrero de 1895, después de dos intentos anteriores: la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Guerra Chiquita (1879-1880). Ambos conflictos finalizaron con tratados de paz que no cumplieron las expectativas de los mambises (los guerrilleros cubanos), especialmente en cuanto a la reducción de impuestos, la libertad para asociarse y comerciar, sobre todo con los prósperos Estados Unidos.
El interés creciente de Estados Unidos en las islas cercanas a su territorio impulsó un apoyo decisivo con armas y tropas, tomando como justificación el autoatentado contra el acorazado Maine para declarar la guerra a España.
La historia del teniente Andrade
Lucas Martín parte del supuesto de que el lector conoce bien los grandes acontecimientos de este conflicto y la derrota española que supuso el fin de un imperio de 500 años. Su libro es una novela histórica centrada en la figura real del teniente José Andrade Chinchilla, un oficial malagueño de infantería que participó en la contienda hasta el final.
La narración sigue el rastro de Andrade para mostrar la crudeza del conflicto: el miedo, el sufrimiento y la muerte, pero también la valentía y entrega de jóvenes que dejaron sus casas para luchar en una guerra que ni siquiera comprendían del todo.
Una mirada humana a la guerra
El autor aborda con respeto la figura de los cubanos que batallaron con determinación por su independencia. Por eso, no hay una historia de héroes y villanos. A pesar de los prejuicios derivados de la “leyenda negra”, los cubanos, al igual que otros habitantes de América hispana, eran también parte de España desde el otro hemisferio.
En la novela se describe la vida cotidiana en Cuba, donde mucha gente ni siquiera percibía la guerra que se libraba. Sin embargo, los soldados, en su mayoría adolescentes recién reclutados, enfrentaban combates crueles y violentos cuerpo a cuerpo, utilizando bayonetas contra la fusilería y machetes cubanos.
Cada uno de estos jóvenes desarrollaba una reflexión personal sobre el motivo de su presencia allí. Destaca un testimonio recogido en el interrogatorio del teniente Andrade a un desertor que había sido dado por muerto, pero que fue capturado viajando en un barco rumbo a la península.
El desertor confesó: “Nada más empezar a hablar, sintió como si se liberara de un enorme peso. Comenzó contando el dolor y la preocupación al dejar a su madre enferma en España. La rabia, al ver que algunos del pueblo con más posibles pudieron evitar la llamada a filas. Cómo solo los hijos de los labriegos y los que casi no tenían para sobrevivir hubieron de dejar tierra, casa y vida para ir a luchar a un lugar que ni imaginaban donde estaba. Y todo ello sin importar cuánto se les necesitaba en sus hogares.”
Muchos de ellos, a quienes se les exigía el esfuerzo, eran quienes sostenían a familias enteras, pero tuvieron que marcharse dejando a los suyos en una situación precaria. Este hombre, huérfano de padre y con una madre anciana y enferma, sabía que si no cuidaba la pequeña tierra que les mantenía, ella acabaría dependiendo de la caridad. Una vida ya difícil se transformaba en un tormento para quienes partían con ese peso y para quienes quedaban con el miedo de no volver a ver a sus seres queridos.
Esta obra no es indulgente con España, pero destaca la épica que nace de la entrega desinteresada de aquellos jóvenes hacia su patria, incluso cuando los políticos daban recursos escasos para sostener el imperio en sus últimos momentos. Una lectura intensa y emotiva, el tercer libro de Lucas Martín, tras sus anteriores análisis geopolíticos “Visión Global” y “Terror Global”, que rescata del olvido la memoria de quienes no merecían ser olvidados.