Expresionismo, un arte de cine
Con una cuidada ambientación y comisariada por Maximilian Letze, director del Institut für Kulturaustausch de Tubinga, la Fundación Canal exhibe en su sede de Madrid la exposición “Expresionismo, un Arte de Cine”, que ya está cosechando récords de visitantes, ávidos de emociones fuertes.
Fue en las primeras décadas del siglo XX que el expresionismo emergió en Alemania como un movimiento revolucionario que transformó las artes plásticas, fusionando disciplinas para crear una experiencia estética y emocional única. En un contexto marcado por el trauma de la I Guerra Mundial, las tensiones sociales y la industrialización, el movimiento expresionista se aleja de la representación objetiva de la realidad para centrarse en la expresión de las emociones y el mundo interior de sus creadores. Para lograrlo, los artistas emplearon colores intensos, formas distorsionadas y perspectivas retorcidas, elementos que, más allá de su función estética, manifestaban el sentimiento colectivo de inquietud existencial que atravesaba la sociedad europea de la época.
En el seno de este movimiento el cine expresionista encuentra un nuevo marco estético estableciendo un diálogo íntimo con las artes plásticas, aproximándose así al ideal romántico de la gesamkunstwerk u “obra de arte total”, un tipo que integra todas las artes. Películas icónicas del cine expresionista como “El gabinete del Dr. Caligari” (Robert Wiene, 1920), considerada el manifiesto del género; “Nosferatu, una sinfonía del horror” (F. W. Murnau, 1921) o “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927), destacan por sus escenografías oblicuas, contrastes lumínicos y tramas cargadas de simbolismo. Estas obras compartían la estética de artistas como Ernst Ludwig Kirchner, Otto Dix, Käthe Kollwitz, Emil Nolde, Max Beckmann, Franz Marc y Paula Modersohn-Becker, así como de los dos principales movimientos expresionistas: “Die Brücke” (El Puente), fundado en Dresde en 1905, y “Der Blaue Reiter” (El Jinete Azul), originado en Múnich en 1911, cuyas pinceladas expresivas y figuras deformadas reflejaban temas de neurosis y crítica social.
La exposición pone de relieve la estrecha relación entre el cine y el arte expresionistas. A través de un diálogo entre una cuidada selección de cuadros, dibujos, estampas y esculturas con las películas más representativas del movimiento, invita a los visitantes a sumergirse en un imaginario inquietante y fascinante a la vez, y explora temas como la lucha entre modernidad y tradición o el trauma postbélico en la Europa de entreguerras. Aunque el auge del nazismo y el posterior exilio forzado de muchos de sus representantes marcaron el declive del expresionismo alemán, su legado ha dejado una huella imborrable en el arte contemporáneo y en artistas como Jean-Michel Basquiat o cineastas como Tim Burton o el recientemente fallecido David Lynch, demostrando cómo, en tiempos de crisis, el arte y el cine reflejaron la condición humana con un impacto que aún resuena en nuestros días.
Los creadores de aquella época criticaron a la burguesía, caricaturizándola como superficial y hedonista, mientras que retrataban al obrero como víctima de la mecanización y de los nuevos valores burgueses. Por ejemplo, en la película de Murnau “El último” (1924) un anciano portero de un lujoso hotel de Berlín es degradado a mozo de lavabos debido a su avanzada edad. En “Metrópolis” los trabajadores viven en un gueto subterráneo, operando maquinaria en condiciones opresivas, mientras que la élite burguesa disfruta de una vida de lujo en la superficie. El expresionismo mostró fascinación por lo exótico y por espacios alejados de la alta cultura tradicional como el circo y las ferias, que eran contemplados como expresiones de resistencia y precariedad.
Por otra parte, y en sintonía con las teorías del psicoanálisis, el expresionismo sostuvo que la psíquica excede lo racional. El inconsciente, los sueños y las pulsiones reprimidas emergieron en narrativas que parecían ilustrar las teorías de Sigmund Freud. Así, el arte se orientó hacia la exploración del inconsciente, mientras que el cine proyectó traumas y fantasmas colectivos a través de imágenes de pesadilla.
La mujer ocupa un papel central en este universo. En una Alemania que experimentaba profundas transformaciones sociales, con el acceso femenino al voto, a la educación y a la esfera pública, el expresionismo contó con pintoras notables como las citadas Kollwitz y Modersohn-Becker, así como la gran guionista cinematográfica Thea von Harbou. No obstante, en la representación artística la mujer siguió apareciendo como una figura ambivalente: frágil y víctima, pero también objeto de deseo o amenaza. Su iconografía osciló, pues, entre “la mujer frágil”, inocente y dominada, “la mujer fatal”, independiente y seductora, y “la madre doliente”, símbolo de sacrificio y duelo.
En suma, una muestra que, desde luego, no deja indiferente a ningún visitante, y cuya organización y montaje ha sido posible gracias a la triple colaboración entre la Fundación Canal, la Friedrich Murnau de Wiesbaden, y el Institut für Kulturaustausch de Tubinga.