Anatomía de un plan de paz de 28 puntos… reducido a 18

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el secretario de Estado, Marco Rubio - REUTERS/ NATHAN HOWARD 

Descubre cómo un plan de paz estadounidense para Ucrania pasó de 28 a 18 puntos y qué significa este cambio en el complicado pulso entre Rusia, Occidente y Europa que podría redefinir el futuro del conflicto

  1. Un plan de paz que revela un pulso geopolítico
  2. La estructura del plan inicial en 28 puntos
  3. Reacciones geopolíticas

Un plan de paz que revela un pulso geopolítico

El plan de paz estadounidense para Ucrania no es un documento técnico más, sino una auténtica prueba histórico. En efecto, pone a prueba la capacidad de Occidente para equilibrar realismo y justicia, así como la lucidez estratégica de Europa y la resiliencia política y social de una Ucrania exhausta pero decidida. Por eso, la evolución del texto —que pasó de 28 puntos a una versión reducida a 18 o 19 artículos tras las conversaciones de Ginebra entre Washington y Kiev— no puede considerarse un simple ajuste formal, sino el reflejo de un pulso silencioso entre tres líneas estratégicas: la rusa, la estadounidense de carácter transaccional y la europea, todavía vacilante. 

A partir de las filtraciones publicadas y de los análisis de varios think tanks, especialmente el CSIS, es posible reconstruir la arquitectura del borrador original. 

Donald Trump y Volodymyr Zelensky en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington D. C. el 17 de octubre de 2025  - PHOTO/ SERVICIO DE PRENSA DE LA PRESIDENCIA DE UCRANIA  

La estructura del plan inicial en 28 puntos

El plan primitivo se organizaba en torno a un conjunto de concesiones territoriales, una neutralización estratégica de Ucrania, una arquitectura de seguridad aún indefinida, un capítulo dedicado a sanciones y reconstrucción y, finalmente, una dimensión política interna centrada en las zonas ocupadas. En su conjunto, este marco dejaba entrever una lógica de intercambios asimétricos que beneficiaba ampliamente a Moscú, al tiempo que limitaba la soberanía ucraniana tanto en términos territoriales como militares. 

Con el paso de las semanas, las revisiones introducidas por la parte estadounidense y las reacciones de los socios europeos permitieron eliminar varios puntos que resultaban especialmente problemáticos. Así, algunas de las exigencias más duras en materia de cesiones territoriales, las restricciones más severas al tamaño de las fuerzas armadas ucranianas, las disposiciones que marginaban a la Unión Europea en la gobernanza de los fondos de reconstrucción y ciertas propuestas excesivamente favorables al Kremlin en el ámbito energético y de las sanciones desaparecieron del texto final. 

Un núcleo problemático que permanece 

A pesar de estos ajustes, el corazón del plan sigue intacto: la idea de un trueque entre territorios y paz. Aunque se han suavizado algunos elementos para hacerlo más presentable ante Kiev y Bruselas, la filosofía general de la propuesta continúa pivotando sobre una lógica que Ucrania siempre ha considerado inaceptable. 

Fotografía de archivo, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente ruso, Vladimir Putin, ofrecen una conferencia de prensa después de su reunión para negociar el fin de la guerra en Ucrania, en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson en Anchorage, Alaska, EE. UU., el 15 de agosto de 2025 - REUTERS/JEENAH MOON 

Reacciones geopolíticas 

Ucrania: entre el rechazo moral y la necesidad estratégica 

Desde la perspectiva de Kiev, aceptar un documento que consolide la pérdida permanente de territorios es políticamente inviable. No obstante, Zelensky ha insinuado estar dispuesto a dialogar sobre algunos puntos sensibles, aunque insiste en que Europa debe formar parte del proceso y reclama garantías de seguridad más sólidas. Ucrania se encuentra así atrapada entre el cansancio real de una sociedad devastada por la guerra, la presión estadounidense para lograr un acuerdo y un patriotismo intensificado por los crímenes y las destrucciones cometidos por Rusia. Bajo estas circunstancias, cualquier concesión territorial sería vista por muchos ciudadanos —y especialmente por los militares— como una traición. 

Rusia: satisfacción fría y estrategia de presión 

Por su parte, Vladimir Putin presenta el plan como un posible punto de partida, pero lo hace exigiendo aun así la retirada ucraniana de regiones que ni siquiera controla plenamente. De este modo, combina una aceptación implícita de que buena parte del documento refleja sus posiciones con una sobrepuja calculada destinada a mantener la iniciativa militar sobre el terreno antes de cualquier eventual firma. 

Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen - PHOTO/PRESIDENCIA DE UCRANIA

Estados Unidos: la tentación de una “gran transacción” 

En Washington parece imponerse la lógica del deal: cerrar una guerra costosa, liberar recursos para la competencia estratégica con China y, al mismo tiempo, proyectar la imagen de un éxito diplomático. No sorprende, por tanto, que diversos expertos estadounidenses hayan subrayado que el primer borrador del plan se inspira en gran medida en un non-paper ruso, lo que explica su sesgo inicial. 

Europa y la OTAN: un despertar tardío pero significativo 

Mientras tanto, Europa —a través del Reino Unido, Francia y Alemania— ha elaborado un contra-plan de 28 puntos que corrige algunos de los elementos más desequilibrados, introduciendo límites militares menos estrictos y rechazando nuevas cesiones territoriales, además de clarificar las garantías de seguridad. A raíz de ello, varias capitales de Europa del Este —como Varsovia, Vilna o Tallin— han advertido que un “mal acuerdo” en Ucrania tendría consecuencias inmediatas sobre su gasto militar, que aumentaría de forma drástica para hacer frente a la amenaza rusa.