Las claves ocultas de las elecciones estadounidenses 2025-2026

El presidente electo Donald Trump - REUTERS/REBECCA COOK
Descubre las claves ocultas detrás de las elecciones estadounidenses que desafían los análisis tradicionales y revelan una nueva realidad política marcada por la radicalización y el malestar generacional que puede cambiarlo todo en 2026
  1. El Foso de Percepción Transatlántico: más allá del “pensamiento mágico
  2. La infiltración asimétrica del bipartidismo estadounidense 
  3. Las lecciones reales para 2026

El Foso de Percepción Transatlántico: más allá del “pensamiento mágico

Resulta sorprendente comprobar cómo numerosos análisis publicados en la prensa europea siguen abordando la política estadounidense desde el prisma de sus propios deseos más que desde la compleja realidad del país. Esto ha sido especialmente visible tras las elecciones del 4 de noviembre de 2025, cuyos titulares celebraron victorias “incontestables” de los demócratas o supuestos fracasos del trumpismo. Sin embargo, tales interpretaciones pasan por alto la estructura real de la sociedad estadounidense y, sobre todo, olvidan que Europa y Estados Unidos no son homologables ni en sus tradiciones políticas ni en su funcionamiento institucional. 

A primera vista, las victorias demócratas en Nueva York, Virginia y Nueva Jersey podrían sugerir un cambio profundo. No obstante, al analizar estos resultados con mayor detenimiento, se observa que no responden a una sola tendencia uniforme, sino a dinámicas muy distintas que coexisten dentro del propio Partido Demócrata. Así, mientras en Virginia y Nueva Jersey triunfan candidaturas moderadas capaces de atraer al votante independiente, en Nueva York emerge un perfil radical que no representa una expansión natural del centro demócrata, sino la afirmación de un proyecto de izquierdas que, lejos de integrarse armoniosamente en el partido, lo tensiona desde dentro. 

De este modo, la lectura europea tiende a confundir una suma de victorias con una tendencia ideológica coherente, sin ver que lo que realmente se manifiesta es una fractura interna en el Partido Demócrata y una radicalización asimétrica que recorre todo el sistema político estadounidense. El análisis convencional, por tanto, no solo simplifica, sino que obvia la clave subyacente: el bipartidismo ya no actúa como freno a los extremos, sino que los ha absorbido. 

Zohran Mamdani reacciona junto a sus padres, Mahmood Mamdani y Mira Nair, y su esposa, Rama Duwaji, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 25 de junio de 2025 - REUTERS/ DAVID DEE DELGADO

La infiltración asimétrica del bipartidismo estadounidense 

El bipartidismo estadounidense, que en épocas pasadas sirvió para moderar la política nacional, atraviesa ahora un proceso de descomposición. Como es prácticamente imposible crear un tercer partido viable, los movimientos radicales han optado por infiltrarse en los dos partidos existentes. Sin embargo, esta infiltración no se da de manera simétrica. 

En el Partido Republicano, la transformación está prácticamente culminada. El movimiento MAGA, nacido como una insurgencia, se ha convertido en el núcleo estructural del partido. Las viejas corrientes neoconservadoras han sido absorbidas, neutralizadas o expulsadas, y el poder se determina ahora, más que por el contenido ideológico, por la lealtad personal al eje “America First”. La disciplina interna se impone mediante mensajes claros, como los lanzados por Donald Trump Jr., que no solo reafirman la hegemonía del movimiento, sino que envían advertencias explícitas a quienes pretendan cuestionarlo. 

En cambio, en el Partido Demócrata el proceso está aún en marcha y adopta la forma de una ocupación gradual por parte de la izquierda radical. El fenómeno se manifiesta en la creciente presencia de los Democratic Socialists of America en cargos electos y posiciones estratégicas, especialmente en fiscalías y ayuntamientos de grandes ciudades. A ello se suma la influencia de figuras como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez, cuyas posiciones ideológicas se sitúan muy a la izquierda de la socialdemocracia europea y reflejan un proyecto político que, lejos de buscar una reforma progresiva del capitalismo, aspira a su superación. Esta divergencia, frecuentemente malinterpretada desde Europa, alimenta una confusión conceptual que conduce a diagnósticos erróneos sobre la evolución política estadounidense. 

Por tanto, mientras el Partido Republicano ha consolidado una nueva ortodoxia interna, el Partido Demócrata vive una pugna entre moderados y radicales que amenaza su cohesión y genera una creciente presión sobre los votantes independientes, que ya no encuentran en el bipartidismo la estabilidad que caracterizó décadas anteriores. 

El senador estadounidense Bernie Sanders (I-VT)  - REUTERS/ SARAH SIBIGER

Las lecciones reales para 2026

A medida que nos acercamos al ciclo electoral de 2026, se hace evidente que los resultados en Virginia y Nueva Jersey, lejos de ser símbolos de un cambio ideológico, representan simplemente la continuidad de dinámicas locales previsibles. Lo verdaderamente significativo es la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York, no como triunfo del marxismo, sino como expresión del malestar profundo de una generación que siente que el sistema económico ha dejado de funcionar para ellos. Su voto responde menos a una adhesión doctrinal y más a un grito de frustración frente a un modelo económico percibido como injusto y excluyente. 

En este contexto, la gran lección política para 2026 es la necesidad de adaptación. El movimiento MAGA y el conservadurismo en general no pueden limitarse a defender un statu quo económico que aliena a buena parte de los jóvenes. Al mismo tiempo, el Partido Demócrata no puede ignorar que su creciente apertura a discursos radicales genera rechazo entre los moderados e independientes. En definitiva, ambos partidos deberán enfrentar una nueva geopolítica emocional —como la define Dominique Moïsi— marcada por la ansiedad, el desencanto y el sentimiento de abandono. 

Así, la victoria de Mamdani debe interpretarse como un aviso: quien sea capaz de responder al malestar generacional, ofreciendo soluciones creíbles frente a la crisis del coste de la vida y a la percepción de un sistema amañado, será quien tenga mayores posibilidades de imponerse en 2026.