Elon Musk es el dueño de dos de cada tres satélites activos que orbitan la Tierra
Nadie en las altas esferas de sector espacial mundial alberga la más mínima duda que Elon Musk, el hombre más rico del mundo según la lista Forbes de 2025, va a coronarse un año más como el indiscutible emperador de la industria dedicada a explorar y explotar de forma comercial el espacio exterior.
El dinamismo que un día tras otro demuestra SpaceX, la compañía de servicios de lanzamiento del multimillonario, ha logrado la titánica proeza de enviar al espacio en poco más de seis años ‒desde el 24 de mayo de 2019 hasta el 9 de noviembre de 2025‒ nada menos que 10.236 satélites Starlink, la mayor mega constelación de comunicaciones en banda ancha que se ha logrado levantar alrededor de la órbita baja de la Tierra.
Starlink Services LLC contaba en junio pasado con seis millones de abonados a sus servicios de Internet de alta velocidad, que en agosto ya fueron siete y que desde principios de noviembre son “más de ocho millones”, asegura la compañía, que califica la tasa de crecimiento como “increíble”. Su éxito se basa en que la cobertura global de sus miles de satélites en las bandas Ku y Ka ofrece velocidades de descarga de entre 50 Mbit por segundo en lugares remotos hasta unos 200 Mbit en zonas con excelente cobertura.
SpaceX la fundó Elon Musk en 2002 para hacer realidad su sueño de levantar en el espacio, por encima de los 250 kilómetros de altura y por debajo de los 600, la mega constelación Starlink, que proporciona Internet a particulares y empresas a precios razonables a lo largo y ancho de todo el mundo, en España, a partir de 29 euros al mes. Internet desde el espacio es accesible incluso en áreas aisladas, donde los altos costes o las dificultades orográficos encarecen, dificultan o impiden la llegada de las comunicaciones por vía terrestre.
Elon Musk ha conseguido envolver todo el planeta con miles de satélites gracias a su potente y fiable caballo de batalla, el lanzador Falcón 9, que a lo largo de 2024 fue disparado en 132 ocasiones con 1.981 satélites Starlink a bordo. Para el año en curso, el objetivo del magnate es lanzar entre 175 y 200 Falcón 9, con los que posicionar más de 2.000 Starlink y acercarse a su meta de conformar una enorme mega constelación de 12.000 ingenios, pero con planes para llegar hasta los 34.400.
Dos de cada tres satélites activos son Starlink de Elon Musk
Musk ha transformado en los últimos seis años el mercado espacial internacional y domina a su antojo las actividades ultraterrestres a escala mundial, tanto de vuelos tripulados y transporte de suministros a la Estación Espacial Internacional (ISS) como la puesta en órbita de satélites científicos, de comunicaciones, de observación y de cualquier otra modalidad. Y por supuesto, cuenta con la confianza del Pentágono para los lanzamientos de satélites espía amparados por el secreto de la seguridad nacional.
Con una fortuna que Forbes calcula que asciende a 342.000 millones de dólares, no hay por el momento agencia espacial, gran empresa o multimillonario emprendedor en cualquier parte del planeta que haga sombra, que esté en condiciones de igualar sus logros, ni mucho menos con los suficientes económicos y equipo humano para superar sus envidiables proezas.
De los más de 10.200 pequeños ingenios Starlink que Elon Musk ya ha puesto en órbita, el astrofísico Jonathan McDowell ‒dedicado a seguir y contabilizar la totalidad de las misiones espaciales‒, ha calculado que con fecha 20 de octubre, “el número de Starlink que permanecen en el espacio, bien prestando servicio o en reserva, asciende a más de 8.680”. Si tenemos en cuenta que la totalidad de los satélites activos está en el entorno de los 13.300, los 8.680 de la flota Starlink representan el 66 por ciento, es decir, casi dos de cada tres satélites son propiedad de Elon Musk.
La diferencia entre los más de 10.200 Starlink enviados al espacio y los 8.680 que allí permanecen son satélites que fallaron durante su despliegue en el espacio o, con un promedio de vida de unos 5 años, ya dejaron de funcionar. En ambos casos, reentran en la atmosfera y su estructura, equipos y paneles solares arden en su totalidad, al estar diseñados y construidos para quemarse por completo en las capas altas de la atmosfera y así evitar que ningún residuo alcance el suelo o se hunda en las aguas de mares y océanos.
El primer modelo de Starlink contaba con un panel solar y un peso al despegue de unos 260 kilos. La versión mejorada que comenzó a desplegarse en septiembre de 2021 tenía una masa de unos 300 kilos y también un único panel solar. La configuración que ahora se envía al espacio es la V2 Mini, mayor que las anteriores. Pesa 730 kilos, consta de dos paneles solares y su coste unitario es de alrededor de 1,2 millones de dólares. Le seguirá la variante V3, todavía de mayores dimensiones, peso y capacidades.
Una inversión también multimillonaria
El jueves, 6 de noviembre, Elon Musk se permitió el lujo de hacer un doblete, que no es el primero. Desde la base espacial de Cabo Cañaveral, en la costa atlántica de Florida, un cohete Falcón 9 levantó el vuelo con 29 Starlink y los posicionó a una altitud de 559 kilómetros.
Ese mismo día, pocas horas después, pero desde la base espacial californiana de Vandenberg, en la costa del Pacifico, otro Falcón 9 situaba en órbita a 295 kilómetros a otros 28 Starlink. En total, en menos de 24 horas, Musk añadía 57 nuevos eslabones a su inmensa cadena espacial, para renovar su gran flota y reponer los ingenios destruidos.
Pero, para un emprendedor como Elon Musk, siempre hay un reto añadido. Para completar su oferta, ha activado desde principios de 2025 el servicio Starlink Direct to Cell o Starlink DtC que, por el momento, todavía sólo funciona en Estados Unidos y también en Australia, Canadá, Chile, Japón, Nueva Zelanda y Reino Unido.
Los satélites que prestan el nuevo servicio comenzaron a lanzarse en enero de 2024, están posicionados a unos 450 kilómetros e incorporan antenas especiales. Se trata de una tecnología que permite a los teléfonos móviles conectarse de manera directa con el Starlink DtC más cercano, que actúa a semejanza de una torre de telefonía posicionada en el espacio, con lo que es posible “hacer llamadas de voz, enviar mensajes de texto y acceder a datos y videos desde cualquier parte del mundo”, asegura la compañía.
Es evidente que la faraónica mega constelación espacial de Elon Musk exige un gigantesco desembolso a sus arcas. Sin datos oficiales, cálculos de la consultora Quilty Space estiman que desarrollar, fabricar y desplegar la constelación en su estado actual ronda los 10.000 millones. Y que los ingresos de Starlink Services LLC en 2025 ascenderán a unos 11.800 millones de dólares. Pero, en los dos casos, son estimaciones.
De lo que no cabe duda es que mantener o ampliar tal volumen de satélites en órbita conlleva un titánico esfuerzo inversor, que, a día de hoy, sólo Elon Musk y, en menor medida, Jeff Bezos, su también multimillonario competidor, con su iniciativa Amazon de 3.200 satélites, se pueden permitir. Sin embargo, hay que tener en cuenta las mega constelaciones Guowang (13.000 satélites) y Qianfan (14.000) que China ya ha comenzado a desplegar y que pueden amargar la fiesta a ambos emprendedores. A mucho no tardar, el tiempo dirá quién o quienes se llevan el gato al agua.