El enfoque de Arabia Saudí ante la crisis en Yemen

Arabia Saudí - Yemen
Oponerse a la independencia del sur beneficia a los hutíes y a Al Qaeda

A lo largo de una extensa franja fronteriza entre el Reino de Arabia Saudí y el sur de Yemen, Riad ha comenzado a desplegar fuerzas locales respaldadas con equipamiento militar pesado, en un intento de imponer una nueva realidad sobre el terreno tras los cambios impulsados por el Consejo de Transición del Sur en los últimos meses.

Estos movimientos se producen en un momento regional especialmente delicado, en el que la definición del conflicto en Yemen está pasando de una guerra centralizada a mapas de influencia superpuestos, y en el que aliados y adversarios se reordenan según cálculos más complejos que la simple lógica de la “unidad” o la “legitimidad”.

Fuentes militares indican que ha comenzado a aflorar un estado de división dentro de las formaciones locales enviadas a las líneas de contacto, ya que combatientes sureños de las fuerzas de “Escudo de la Nación”, respaldadas por Arabia Saudí, se niegan a participar en cualquier enfrentamiento que Riad desee librar contra otras fuerzas del sur, al considerar que un escenario así solo beneficia a actores que históricamente se han aprovechado del caos.

Esta situación coloca a los oficiales saudíes en una posición extremadamente sensible, pues la capacidad de dirigir fuerzas que carecen de motivación política o social para combatir se vuelve limitada, lo que abre la puerta a recurrir a otras formaciones militares, percibidas en el sur como una extensión de los Hermanos Musulmanes en Marib.

En este contexto, el enfoque saudí hacia el sur parece apostar por herramientas ya desgastadas política y en términos de seguridad. Reciclar fuerzas que han perdido su legitimidad local y arrastrar al sur a un nuevo conflicto interno no genera estabilidad, sino que vuelve a abrir espacios de vacío de seguridad que la experiencia ha demostrado ser el entorno más propicio para el regreso de Al Qaeda y, al mismo tiempo, para el fortalecimiento de la actividad del movimiento hutí.

Cualquier movimiento militar saudí a gran escala en el sur no puede separarse de sus repercusiones marítimas. El posible caos a lo largo de las costas del mar Arábigo, el golfo de Adén y el estrecho de Bab el-Mandeb no quedaría confinado a la geografía yemení, sino que se reflejaría directamente en las rutas de navegación internacional y en los intereses de las potencias occidentales. En escenarios como estos, Al Qaeda o los hutíes no necesitan tanto una victoria militar como un entorno inestable que les permita moverse y ejecutar ataques cualitativos que los devuelvan al primer plano de la escena de seguridad.

Desde una perspectiva estratégica, oponerse a cualquier vía de autonomía o independencia del sur no debilita tanto al Consejo de Transición como otorga a los adversarios de la región una oportunidad de oro. El sur, en su realidad actual, se ha convertido en uno de los pocos diques que han impedido la expansión de los hutíes hacia el sur, y durante los últimos años ha constituido una auténtica línea de defensa frente a las organizaciones extremistas.

Socavar esta realidad mediante políticas de presión o enfrentamientos internos significa, en la práctica, desmantelar lo que queda de los logros en materia de seguridad alcanzados desde el inicio de la intervención militar.

Lo más peligroso de este enfoque es que ignora la transformación más profunda en la definición del conflicto yemení: el sur ya no es simplemente un escenario dentro de una guerra abierta en el norte, sino que se ha convertido en un proceso político y de seguridad con entidad propia, con sus propios cálculos y relaciones regionales diferenciadas. Tratarlo como un expediente secundario o como un obstáculo temporal que debe superarse no conduce a controlar la situación, sino a desbordarla.

En definitiva, cualquier política que se oponga a la independencia del sur sin ofrecer una alternativa realista y viable no conduce a proteger la seguridad nacional saudí como se supone, sino que crea las condiciones ideales para el regreso de los actores más peligrosos. Mientras Riad apuesta por imponer un equilibrio mediante la fuerza, los hutíes y Al Qaeda apuestan por el tiempo y el caos, y la historia suele demostrar que la segunda apuesta es la más rentable en contextos de conflicto no resuelto.