Escenarios para Venezuela y consecuencias para España
A nadie se le puede escapar el hecho de que la relación bilateral entre Estados Unidos y Venezuela se encuentra en un punto de máxima tensión e incertidumbre en décadas.
Probablemente, la principal característica de la relación en estos momentos sea la profunda oscilación estratégica por parte de Washington. La evolución de la situación ha ido virando de una manera drástica desde el esfuerzo de cambio de régimen, mediante el reconocimiento de Juan Guaidó (2019), hasta una etapa de diplomacia pragmática y condicional mediada por el Acuerdo de Barbados (2023). Sin embargo, la trayectoria actual, que podemos ubicar entre finales de 2024 y el momento actual, está marcada por lo que ya en su día denominamos “coerción selectiva”, aumentando la presión en todos los frentes, con la finalidad de hacer caer el régimen venezolano actual.
Estrategia de Estados Unidos
La política de Estados Unidos, particularmente bajo la Administración en curso, ha actuado mediante una estrategia de una dualidad persistente. Por un lado, se ha mantenido un canal abierto para el diálogo táctico en temas de interés mutuo. Ejemplos de este pragmatismo incluyen el acuerdo para el retorno de migrantes venezolanos desde Estados Unidos y el reciente canje de prisioneros negociado entre ambos gobiernos. Por otro lado, la retórica y el despliegue de activos militares, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford en el Caribe, así como la autorización para llevar a cabo operaciones clandestinas en territorio venezolano, indican una clara disposición a la confrontación activa. En este contexto, figuras clave han oscilado entre sugerir ataques inminentes contra Venezuela y buscar el diálogo directo con el presidente Nicolás Maduro.
La relación de EE. UU con Venezuela se define por la interacción compleja de cuatro ejes de fricción principales que van más allá del mero debate político:
- El régimen de sanciones energéticas y económicas.
- La escalada en el marco de seguridad y narcotráfico.
- El contrapeso geopolítico ejercido por los bloques no occidentales (principalmente BRICS).
- La presión migratoria que tiene un impacto directo en la política doméstica estadounidense.
Puede que a muchos sorprenda el siguiente dato, pero las relaciones económicas siguen sus propios caminos, no siempre coherentes con las relaciones políticas, y en las existentes entre Venezuela y EE. UU. el petróleo sigue siendo la principal palanca económica de la que dispone Washington. No obstante, la importancia directa del crudo venezolano para el consumo estadounidense es limitada. En 2025, la media anual de exportaciones de crudo venezolano hacia EE. UU. (correspondiente a la producción de Chevron) ha alcanzado la cantidad de aproximadamente 195.000 barriles diarios, lo que equivale a solo el 1 % del consumo total estadounidense. La verdadera trascendencia de este petróleo radica en su capacidad para influir en los precios globales y en el “leverage” que otorga a EE. UU. sobre PDVSA y las élites venezolanas. Este dato exige que tratemos el asunto de forma algo más detallada para que el lector pueda hacerse una composición de lugar más exacta.
La breve apertura diplomática y energética iniciada en 2023 se frustró debido al incumplimiento de los Acuerdos de Barbados. Estos acuerdos, firmados en octubre de 2023, establecían una hoja de ruta electoral, pero el Gobierno de Nicolás Maduro y sus representantes no cumplieron plenamente con los compromisos, especialmente en lo referente a las inhabilitaciones de líderes opositores y la liberación de presos políticos.
Como respuesta directa al incumplimiento, Estados Unidos determinó no renovar la Licencia General 44 (GL 44) de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) en abril de 2024. Esta licencia significaba una flexibilización temporal de las restricciones sobre el sector petrolero y gasístico venezolano.
La revocación de la GL 44 tuvo consecuencias inmediatas en el sector energético, obligando a las empresas transnacionales a cesar o limitar drásticamente sus nuevas operaciones. Por ejemplo, la petrolera francesa Maurel & Prom confirmó la revocación de su licencia específica en marzo de 2025, aunque se le otorgó una licencia temporal hasta el 27 de mayo para concluir las operaciones pendientes. La decisión de revocar la GL 44, a pesar del riesgo de un aumento en los precios del petróleo, es un dato objetivo que muchos analistas han pasado por alto, pero que confirma que la administración estadounidense está dispuesta a asumir costos geopolíticos limitados a cambio de mantener la credibilidad de sus mecanismos de coerción. Esto indica que las sanciones están siendo utilizadas como una herramienta estricta y condicional, y no simplemente como una fuente de abastecimiento energético.
Adicionalmente, el deterioro de la situación interna y el aumento de las violaciones de derechos humanos han provocado que Noruega, país mediador histórico en los diferentes procesos de diálogo, recalibre su posición y abandone su neutralidad, condenando abiertamente al gobierno venezolano, lo cual añade una presión diplomática significativa.
La no renovación de la GL 44 también bloquea la capacidad de PDVSA para recibir nuevas inversiones y financiación exterior clave, socavando los esfuerzos del país por "dar la vuelta a las sanciones" mediante estrategias como la sustitución de importaciones. Sin embargo, la coerción estadounidense no es absoluta, sino focalizada.
La excepción más notable y crítica es la Licencia N° 31, que permite la operación de la petrolera estadounidense Chevron en el país. Esta licencia ha sido extendida y permite actividades limitadas, incluyendo la realización de pagos a terceros, el pago de impuestos locales y la cancelación de salarios. Representa el principal canal de exportaciones de crudo hacia Estados Unidos, con el promedio de 195.000 barriles diarios mencionado anteriormente.
El valor estratégico de la presencia de Chevron excede con creces el volumen de petróleo que suministra. Su función primordial es actuar como un mecanismo de contención: mantiene una infraestructura operativa mínima bajo supervisión occidental y evita que la producción caiga completamente en manos de actores estratégicos no occidentales con un reconocido interés en el país, como lo son las empresas rusas, chinas o iraníes. De esta forma, EE. UU. se guarda una herramienta que puede utilizar como palanca para revertir la situación en un futuro si las condiciones políticas o energéticas globales lo requieren.
La extrema dependencia del sector de las decisiones de la OFAC queda patente en las proyecciones del economista Rafael Quiroz Serrano, que estima que si la estrategia de "máxima presión" retorna con la suspensión de la Licencia N° 31 de Chevron, la producción petrolera venezolana podría retroceder a niveles de 700.000 barriles por día (bpd) en 2025. Mientras tanto, la crisis económica interna se perpetúa, marcada por la hiperdevaluación del bolívar, donde la diferencia entre la tasa oficial y el dólar paralelo puede superar el 20%, diluyendo rápidamente el poder adquisitivo de los salarios.
Pero actualmente estamos asistiendo a una evolución estratégica en el objetivo primario de la política estadounidense. Si bien la retórica oficial tiene como eje central la restauración democrática en el país caribeño, las acciones más contundentes en 2025 se han centrado en el ámbito de la seguridad. La designación del Cártel de los Soles, grupo narcotraficante liderado por figuras políticas venezolanas, como Organización Terrorista Extranjera (FTO), es la manifestación más clara de este cambio. Al enfocar el conflicto a través de la lente del narcoterrorismo, Washington transforma la disputa política en un conflicto de seguridad transnacional, habilitando de este modo la justificación legal necesaria para la acción directa sin necesidad de declarar una guerra convencional contra un Estado soberano.
La siguiente tabla nos puede servir para entender la verdadera situación actual teniendo en cuenta todos los factores mencionados:
La situación actual no permite ser optimista. Y a pesar de que siempre han de contemplarse todos los escenarios posibles, siendo pragmáticos y objetivos, hemos de reconocer que el despliegue de fuerzas de EE. UU. es el más claro indicador de que esta vez podemos estar ante el principio del fin del régimen venezolano. La pregunta es cómo sucederá. Y no porque vayamos a presenciar una intervención militar a gran escala, sino por el simple hecho de que nadie asume el coste de una acción de tales características para marcharse de vacío.
Estrategia de seguridad
La Administración estadounidense ha optado claramente por ejecutar la estrategia de seguridad, utilizando plenamente el marco legal antiterrorista y de narcotráfico para intentar desmantelar al liderazgo venezolano. Washington ha decidido priorizar la acción directa y la coerción máxima sobre la estabilidad económica o la negociación política, asumiendo el costo de la inestabilidad energética global y la exacerbación de la migración.
A nuestro entender, una operación militar a gran escala, una invasión como las que en su día presenciamos en Panamá o Granada, es un escenario totalmente descartable. En primer lugar, porque las fuerzas con capacidad para operar sobre el terreno que forman parte del despliegue actual, es decir, las unidades con capacidad de llevar a cabo operaciones anfibias no alcanzan los dos mil efectivos, un número del todo insuficiente. También ha de tenerse en cuenta que para una operación de tal envergadura contra un país como Venezuela sería indispensable contar con el apoyo de algún país fronterizo desde el que, o bien lanzar un ataque por tierra, o poder desplegar todo el apoyo logístico necesario para las fuerzas de desembarco (que deberían de ser muy superiores a las disponibles actualmente). Por último, hay que recordar que una operación de asalto anfibio es una de las acciones militares más complejas y con un mayor riesgo de bajas. Por lo tanto, aplicando sólo la lógica practica y militar, podemos descartar esa opción.
Entonces, ¿cuáles son los escenarios posibles? Podemos centrarlo en dos.
En el primero, a los ataques contra las embarcaciones que transportan droga se sumarán acciones en el interior de territorio venezolano llevadas a cabo por algún grupo insurgente armado y adiestrado por activos estadounidenses en el marco de la autorización de “operaciones clandestinas”. Estos ataques tendrán como objetivo elementos del entramado logístico y productivo de las organizaciones de narcotráfico (Cartel de los Soles y Tren de Aragua) soporte económico de las élites del régimen. La intención sería forzar una situación de crisis en el círculo de poder o provocar la reacción de elementos de las fuerzas armadas contrarios al régimen que vieran la oportunidad de derrocar a Nicolás Maduro. En definitiva, forzar un fin de la dictadura, pero desde dentro.
El segundo escenario posible, que perfectamente podría ser una consecuencia de la falta de eficacia de las acciones descritas en el primero, incluiría operaciones militares abiertas por parte de las fuerzas norteamericanas desplegadas frente a las costas venezolanas, pero siempre tomando como objetivos instalaciones, infraestructura e incluso elementos dirigentes de las mencionadas organizaciones de narcotráfico. Acciones militares contra unidades de las fuerzas armadas venezolanas, bases o asentamientos de armas no son probables, en primer lugar, porque estas fuerzas no son una amenaza real para los efectivos de EE. UU., y en segundo lugar porque la línea principal en ambos escenarios es la de minimizar o evitar por completo las bajas de personal ajeno a las organizaciones criminales. En este conflicto el relato va a jugar un papel fundamental, y tanto de cara a la propia población venezolana, como a la opinión pública internacional, y mucho más teniendo en cuenta las dudas legales sobre las acciones que ya se están llevando a cabo, aunque el objetivo sea derrocar a un sátrapa, es fundamental ganar la batalla de la información, y bajas evitables no van a ayudar a ello.
En ambos casos, si se produjera la caída del régimen, lo que si podemos considerar probable es, o bien una operación para capturar al líder venezolano y trasladarlo a territorio norteamericano para ser juzgado por su vinculación con el tráfico de drogas (del mismo modo que sucedió en su día con Noriega). O, si se dan las circunstancias adecuadas, que dicha operación se produzca con apoyo interno para de ese modo poner fin a la era chavista en Venezuela.
No obstante lo anterior, hemos de señalar varios puntos de interés. La droga, fundamentalmente cocaína, que se produce en Sudamérica va a buscar nuevas rutas más seguras o, en su defecto, va a reforzar el empleo de las actuales. Y esto puede tener como consecuencia un aumento del flujo de droga hacia Europa, lo cual pone a España en una situación muy peligrosa por ser el principal punto de entrada en Europa.
Otra derivada para tener en cuenta son los lazos entre Venezuela, Rusia e Irán. Acabar con el régimen chavista eliminará un activo muy importante que usan los citados países, sobre todo en sus campañas de influencia en Estados Unidos y en Europa, de nuevo a través de España. Es de esperar que la desaparición del gobierno de Maduro provoque una redirección de esas campañas que nos obligue a estar muy atentos.
Y para finalizar, a pesar de que la excusa es la guerra contra el narcotráfico, no olvidemos que el verdadero problema en este campo para EE. UU. se llama fentanilo, y este llega a su territorio a través de la frontera con México. Esa es la verdadera guerra contra el narcotráfico; ese es el verdadero campo de batalla. Y ya se observan movimientos, en forma de acuerdos entre los gobiernos norteamericano y mexicano, para avanzar en ese campo. Pero de nuevo, cualquier avance o éxito forzará a los cárteles a buscar nuevas rutas y mercados. Y por desgracia, nuestro país actualmente, no sólo por geografía e idioma, sino por redes ya establecidas y cortapisas legales a la hora de emplear la contundencia contra el crimen, se convierte en la alternativa natural. Sólo hemos de recordar que recientemente varios miembros del Cártel Jalisco Nueva generación han sido detenidos en España. Probablemente, estas organizaciones se están adelantando a lo que viene y estén ya preparando el terreno.
Sea como sea, la más que probable caída de Maduro será una gran noticia, pero debemos estar atentos a las posibles consecuencias.