Francia refuerza su influencia en Oriente Medio ante el declive europeo
París busca recuperar peso diplomático en una región clave mientras crece la percepción internacional de que Europa ha perdido relevancia frente a otros bloques de poder
- Gira francesa en Oriente Medio y contexto internacional
- El debate sobre el declive europeo en 2025-2026
- Lecciones de África y pérdida de influencia en el Sahel
- Retos regionales y primeros mensajes en Siria
- Líbano: límites de la influencia francesa
- Economía, Golfo y proyección estratégica
- Seguridad europea, presencia diplomática y objetivos
Gira francesa en Oriente Medio y contexto internacional
El ministro de Exteriores de Francia, Jean Noel-Barrot, se encuentra de gira por Oriente Medio con el propósito de reforzar el papel de Francia y subrayar su liderazgo a nivel internacional. Todo ello, en un contexto en el que su influencia se ha reducido en escenarios tradicionales –África– y en el que la Unión Europea es percibida globalmente como un actor menos decisivo.
Es por ello por lo que la presencia francesa busca proyectar autonomía estratégica, reforzar la voz europea y evitar que otros actores ocupen los espacios de influencia que París aún considera estratégicos.
El debate sobre el declive europeo en 2025-2026
La cuestión del declive europeo ha sido objeto de debate recientemente. Como ya sucedió en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2025 donde Charles Michel, el presidente del Consejo Europeo, señaló que debe recuperar las riendas y ser más fuerte en materia de seguridad y defensa. “Nuestro poder se basa en nuestra influencia en el mundo”, aclaró.
Por su parte, Emmanuel Macron, durante la Conferencia de Embajadores Franceses en enero de 2026, advirtió: “Existe un riesgo de debilitamiento de los mecanismos de cooperación internacional. Europa corre el riesgo de borrarse del mapa geopolítico si no refuerza su cohesión interna y su capacidad de acción frente a potencias que imponen normas por fuerza”.
Más recientemente, en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, Macron insistió: “La Unión Europea debe utilizar todos los instrumentos a su disposición para proteger sus intereses estratégicos y responder a la coerción externa. Europa no puede quedarse atrás en un mundo donde los grandes actores definen las reglas”. Estas declaraciones muestran que la diplomacia francesa en Oriente Medio se inscribe en un esfuerzo más amplio por proyectar influencia propia, incluso cuando la UE en su conjunto es percibida como debilitada.
Lecciones de África y pérdida de influencia en el Sahel
El contexto regional refuerza la urgencia de esta estrategia. Francia ha perdido terreno en África, especialmente en el Sahel, donde la retirada de fuerzas militares y el deterioro de relaciones con antiguos aliados dejaron un vacío estratégico y simbólico.
Según Jean-Yves Le Drian, exministro de Exteriores francés: “La retirada del Sahel nos enseñó que la ausencia en regiones estratégicas se traduce rápidamente en pérdida de voz y capacidad de influencia. No podemos repetir eso en Oriente Medio”. La experiencia africana sirve como advertencia para que Francia no pierda presencia en una región tan compleja como el Levante y el Golfo.
Retos regionales y primeros mensajes en Siria
Oriente Medio enfrenta hoy desafíos múltiples: la guerra en Gaza, la fragilidad institucional en el Líbano, el conflicto sirio prolongado y las tensiones nucleares con Irán limitan la capacidad de acción de los actores tradicionales. Sin poder militar comparable al de Estados Unidos ni influencia directa como Irán o Arabia Saudí, Francia apuesta por un perfil diplomático activo basado en la mediación, el multilateralismo y la promoción de soluciones políticas negociadas.
Uno de los primeros pasos que ha tomado Barrot en su gira por Oriente Medio ha sido la reafirmación del respaldo de su país al pueblo sirio en la construcción de su futuro, tras sostener conversaciones con su homólogo sirio, Asaad Al-Shaibani. Y subrayó la importancia del acuerdo logrado entre el Gobierno sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). “Abordamos los mecanismos para implementar el acuerdo integral entre el Gobierno sirio y las FDS, que está registrando avances significativos”, señaló Barrot.
Líbano: límites de la influencia francesa
El caso del Líbano ilustra el límite de la influencia francesa. Según Hanna Youssef, analista del European Council on Foreign Relations: “Francia sigue implicada en los esfuerzos de estabilización política y económica, pero su capacidad para influir en los equilibrios internos es hoy limitada y eclipsada por la influencia de actores regionales”. Esto demuestra que, aunque París mantiene presencia, su margen de maniobra es más estrecho que en décadas anteriores.
Francia, sin un poder militar como el de Estados Unidos o la influencia directa de Irán o Arabia Saudí, prefiere un perfil diplomático muy activo. Su apuesta siempre ha sido la mediación, el multilateralismo y buscar soluciones políticas negociadas. El caso del Líbano nos muestra hasta dónde llega lo que Francia puede hacer allí.
Economía, Golfo y proyección estratégica
Francia combina su estrategia diplomática con iniciativas económicas y estratégicas. Las relaciones con países del Golfo, por ejemplo, se refuerzan no solo por motivos comerciales y energéticos, sino también como forma de proyectar influencia global. Estas relaciones permiten a Francia mantenerse conectada a centros de decisión clave, aun sin ser el actor dominante.
La política francesa en Oriente Medio también está vinculada a la seguridad europea. Sobre Irán, Emmanuel Macron declaró: “Irán tiene responsabilidad directa en la desestabilización regional. Esto no solo afecta a Oriente Medio, sino también a la seguridad europea”. Esta vinculación entre política regional y seguridad europea subraya la lógica de interés estratégico que guía la gira francesa.
Seguridad europea, presencia diplomática y objetivos
El vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, reforzó la misma idea: “Europa debe reforzar su presencia diplomática en Oriente Medio. La región requiere un compromiso europeo coherente para garantizar que nuestra voz sea escuchada en los procesos de paz y seguridad”. Estas declaraciones muestran que Francia actúa también para compensar la limitada visibilidad y capacidad de acción de la UE en escenarios internacionales críticos.
En este marco, la estrategia francesa persigue tres objetivos conectados: proyectar autonomía propia en un mundo en el que la UE es percibida como debilitada; reforzar la voz europea en procesos multilaterales; y aplicar las lecciones aprendidas de África, donde la ausencia de París generó vacíos de poder rápidamente ocupados por otros actores internacionales o regionales.
Francia busca demostrar que, aun sin liderar bloques, puede articular iniciativas diplomáticas propias y contribuir a que la narrativa del declive europeo no se consolide, proyectando presencia en un escenario donde la política, la seguridad y la economía están estrechamente entrelazadas.