Una hipótesis muy real
- Intervención con drones
- De la tensión al temor
- Saturación de sistemas de defensa
- Colaboración entre Rusia y Bielorrusia
Lo que tanto tiempo algunos analistas han estado pronosticando finalmente se ha materializado.
Europa y la OTAN se han dado de bruces con la cruda realidad. Subestimar y despreciar a los oponentes nunca ha sido una opción acertada, y, sin embargo, es lo que ha estado haciendo parte de nuestra clase política desde hace demasiado tiempo, desoyendo a aquellos que les avisaban de lo que podía suceder y que les planteaban los escenarios a los que se podían enfrentar, no por afán de notoriedad, ni por lograr más recursos, sino para que aquellos, cuya labor es decidir, pudieran tomar las decisiones más adecuadas y prepararse, prepararnos, para cualquier posibilidad.
Lo más grave es que con su actitud, no sólo han atado de pies y manos a quienes tienen la responsabilidad de actuar, sino que han adoctrinado, o al menos anestesiado, a quienes deben sostener y apoyar las medidas que se tomen, creándoles una falsa sensación de seguridad y situándoles en una posición de absoluto rechazo a cualquier sacrificio, de tal manera que su posicionamiento en contra de cualquier acción determinante y contundente las convierte en algo imposible. Y es imposible porque lo que impera en la clase dirigente es la cobardía, marcada por el temor a perder el poder, y harán lo que esté en su mano por mantenerlo. No importa el signo político, ni el país, salvo honrosas excepciones. Y nuestro enemigo lo sabe, era consciente, y lo ha aprovechado.
Intervención con drones
Tuvimos el aviso de Polonia, las violaciones sistemáticas del espacio aéreo de la Alianza, los avistamientos de drones sobre instalaciones estratégicas y aeropuertos, los ataques cibernéticos contra infraestructura crítica, el bloqueo del espacio aéreo en determinadas zonas provocando el caos en el transporte… Y salvo unos pocos, nadie ha querido ver las señales.
Y ahora ya es tarde. Habrá quien diga que sólo era necesario observar y unir los puntos, como en uno de esos crucigramas infantiles. Sin embargo, quien debía hacerlo no lo hizo, y a quien lo hizo, los que tenían la capacidad de tomar decisiones, no le escucharon.
Cuando un grupo de 23 drones Geran de los utilizados como señuelos entraron en el espacio aéreo de Rumanía, nuestra respuesta fue desesperadamente lenta. Evidentemente no se podía saber si eran aparatos armados con carga explosiva o no, y nadie quiso interpretarlo como una acción deliberada. La defensa aérea se activó, y cazas, tanto rumanos como españoles de los que tenemos desplegados para vigilar el espacio aéreo de la OTAN, despegaron para interceptarlos.
Pero cuando se dirigían hacia sus objetivos, otra violación del espacio aéreo saltó en los centros de control. Desde el Control and Reporting Centre (CRC) se produjo la detección de dos grupos compuestos por tres y cuatro aviones respectivamente que estaban a sólo unos segundos de violar el espacio aéreo estonio. Ninguno de ellos llevaba activado el IFF ni estaban en contacto por radio con la Agencia de Control de Tránsito Aéreo (ATC). Los controladores del CRC, tomando las trazas como posibles hostiles, generaron una RAP (Recognized Air Picture) que remitieron al Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Uedem (Alemania), que dio la orden de activar a los cazas de la Policía Aérea del Báltico. La alarma sonó en los hangares y la voz “¡alfa scramble!” puso en marcha una secuencia vertiginosa de acciones que finalizó con dos aeronaves británicas en el aire.
En ese momento no éramos conscientes aún de lo que sucedía ni de lo que estaba por venir. Sólo cuando empezaron a saltar noticias de la aparición de drones de origen desconocido dentro de la zona de seguridad de los aeropuertos de Bruselas, Dusseldorf, Frankfurt, Milán, Múnich, Londres, Oslo y Varsovia, un halo de preocupación comenzó a extenderse por los centros de poder.
Todos esos aeropuertos se vieron obligados a cancelar todas sus operaciones y, de repente, cientos de aviones se vieron atrapados en el aire mientras los controladores trataban de reorganizar las rutas para evitar una tragedia. El efecto inmediato fue un total caos en el cielo europeo, caos que comenzó a afectar a las operaciones militares cuando otro grupo de entre catorce y dieciocho drones entraron en espacio aéreo polaco y, simultáneamente, un grupo, esta vez de seis aviones de combate fueron detectados volando sobre territorio lituano, obligando a una nueva salida de aeronaves de misión de policía aérea del báltico.
De la tensión al temor
La tensión entonces se convirtió en temor. Las capacidades de reacción estaban acercándose al límite, y la congestión aérea provocada impedía la activación de elementos situados en el interior del continente. Era evidente que se trataba de una acción coordinada.
Hace unas horas nadie quería admitirlo, pero alguien había decidido poner a prueba todas nuestras capacidades y determinación. Y nosotros estábamos descubriendo de la peor manera posible que nuestro enemigo nos tiene tomada la medida.
Justo pasaban unos minutos de la media noche cuando el NAC convocó una reunión de urgencia y los ministerios de Defensa de media Europa habían activado sus elementos de crisis. Fue entonces cuando se comenzaron a recibir noticias de fallos en los sistemas de facturación de casi el 80 % de los aeropuertos del continente, cortes de suministro eléctrico en amplias zonas de Polonia, Alemania, Noruega, Países Bajos, Rumanía, Francia y las tres repúblicas bálticas. Los cortes de energía, que aún perduran en ciertas zonas, fueron intermitentes en unas y totales en otras, pero han afectado desde entonces a los servicios básicos de la población, derivando en ciertos lugares en serios problemas de orden público que sin duda se agravarán si la situación se prolonga.
Del mismo modo, la falta de energía ha afectado al tráfico ferroviario, creando un colapso similar al aéreo e imposibilitando el movimiento de trenes casi en toda Europa. Esta eventualidad, ahora que ya conocemos el alcance de lo que está sucediendo, es mucho más grave de lo inicialmente valorado, pues aun siendo preocupante la situación de miles de viajeros bloqueados a lo largo y ancho de Europa, unos a bordo aún de trenes que han quedado inmovilizados, y otros colapsando las estaciones, mucho más seria es la manera en que esto está afectando a los movimientos de unidades militares y material necesario para contener a las unidades rusas que han cruzado la frontera.
El caos generalizado que ha provocado la falta de energía, los problemas para repostar vehículos, la dificultad para poder efectuar la compra de bienes básicos etc. ha sido la excusa perfecta para que grupos antisistema, de manera coordinada, se hayan ido activando en diversos países, saliendo a la calle y arrastrando a gente que de buena voluntad protestan por la situación, pero cuyo único objetivo es crear más inquietud y favorecer la desestabilización, polarizando a las sociedades en contra de cualquier reacción que suponga el inicio de un conflicto bélico a gran escala.
Ahora muchos lo ven claro, pero la actividad de estos grupos es algo que llevamos observando años, aprovechando cualquier ocasión para crear opinión en contra de las políticas de los gobiernos europeos, da igual cuales sean éstas. Lo importante para ellos era y es dirigir a la masa hacia sus intereses. Muchos se preguntan hoy cómo pudimos verlo y mantenernos impasibles. La respuesta es clara, estábamos tan ciegos y acomodados viviendo en nuestra sociedad del bienestar que olvidamos la necesidad de protegerla.
Si algo podemos afirmar en estos momentos, es que la sucesión de hechos y las noticias que han ido llegando desde puntos tan dispares como Polonia, Rumanía, Letonia, Estonia, así como desde las principales capitales europeas, han desconcertado no sólo a los gobiernos, sino a los diferentes órganos de gestión de crisis, provocando una cierta parálisis inicial por no querer admitir la realidad de lo que estaba sucediendo, en gran medida por el miedo a tomar ciertas decisiones, y esto ha provocado una pérdida de tiempo vital.
Saturación de sistemas de defensa
En sólo unas horas, los sistemas de defensa aérea se han visto saturados y desbordados, y el espacio aéreo ha degenerado en un caos que aún se está tratando de normalizar, pero que de momento también ha impedido la acción de los elementos de las fuerzas aéreas que debían haber reforzado el flanco Este. Las comunicaciones por tierra, principalmente por ferrocarril, también han quedado prácticamente inoperativas, afectando del mismo modo a los movimientos de unidades militares y recursos que deben ser trasladados a las fronteras de Estonia, Lituania y Polonia con Bielorrusia.
No se puede negar la audacia de la acción de Rusia. Como tampoco se puede negar la falta de previsión de la OTAN. Nuestros planes regionales estaban concebidos para hacer frente a una agresión contra nuestro territorio, y a priori eran una herramienta eficaz. Pero nuestra propia mentalidad ha sido nuestro peor error.
A pesar de llevar meses recibiendo señales, y de las numerosas advertencias lanzadas por los servicios de inteligencia y de defensa, nuestra clase dirigente no ha querido asumir la realidad. Y esta no era otra que la materialización de una hoja de ruta que desembocaba en una actuación agresiva por parte de Rusia. Durante meses nos han estado probando, midiendo, estudiando…y, cuando el momento les ha sido más favorable, han dado el paso. La guerra con Ucrania y las sanciones derivadas de ésta no dejaban otra salida más que escalar el conflicto. Llevarlo a un estado de guerra global inminente que paralizara de miedo a nuestra acomodada sociedad. Y eso es exactamente lo que ha sucedido. La clara superioridad militar de Occidente se ha visto minada por la falta de voluntad de las clases dirigentes y de la población.
Colaboración entre Rusia y Bielorrusia
Rusia, con la inestimable colaboración de su aliado bielorruso, ha logrado un objetivo histórico, ocupar, ampliar y asegurar el corredor de Suwalki. Y lo ha hecho de una forma rápida y eficaz, casi sin necesidad de combatir, salvo en tres pequeños puntos y con un número muy limitado de bajas por ambos bandos.
Las fuerzas aliadas desplegadas en la región poco han podido hacer para contener el avance ruso al no disponer del apoyo necesario de las fuerzas aéreas aliadas debido al bloqueo del espacio aéreo y la multitud de incidentes sucedidos a lo largo de toda la frontera del este que empeñaron la práctica totalidad de los recursos disponibles. Los refuerzos que dependían del transporte por ferrocarril aún no han podido llegar a su destino, y eso los que han podido ser desplegados. Y a todo ello hemos de añadir el caos que se está viviendo a causa de la falta de electricidad, que a su vez lleva aparejada la dificultad de acceso a recursos básicos.
En las principales capitales europeas ya se han encendido los primeros conatos de manifestación y protesta en contra de la guerra. Todos ellos convenientemente reforzados por campañas en redes sociales que alertan del inminente torrente de bajas que significaría una reacción contundente y del peligro de un holocausto nuclear. Ante tal situación ya hay países cuya retórica está siendo, cuando menos timorata, por no calificarla de algo peor. Pero lo que subyace en toda esta campaña de información es el mensaje de “¿merece la pena asumir cientos o miles de muertos, o el riesgo de una escalada nuclear por unos cuantos kilómetros cuadrados de terreno de una pequeña república báltica?”. Y, como hemos dicho, algunos países parece que comienzan a “comprar” el mensaje.
Sea como sea, estamos en un punto de inflexión, nuestros recursos militares, si bien superiores tecnológicamente, no han podido actuar de manera eficaz, y se han mostrado insuficientes en número, en parte por el consumo permanente que suponía el conflicto en Ucrania. Lo que a priori jugaba en nuestro beneficio, desgastar a Rusia suministrando a Ucrania todo lo necesario, finalmente Moscú ha sabido usarlo en nuestra contra. Nuestra falta de proactividad en la zona gris ha dejado una puerta abierta para paralizar nuestra retaguardia. Y la ausencia de verdaderas operaciones de información, contrarrestando el relato diseminado por Rusia, les ha dejado el campo totalmente libre para jugar a su antojo, creando un estado de opinión contrario a un enfrentamiento abierto.
Sin ese apoyo, muchos gobiernos antepondrán sus intereses partidistas a la necesidad de frenar esta agresión, y la cohesión de la propia Alianza está en peligro.
Hoy es un día histórico, y puede que estemos ante el comienzo del fin de la Alianza y con un futuro realmente incierto ante nuestros ojos, pero en el que pase lo que pase, estaremos más solos que ayer.
Este relato es, evidentemente ficticio, pero algunos hechos de los relatados son reales. No podemos saber qué decisión final tomará Rusia, pero sí sabemos que camino está recorriendo. Y las acciones de tanteo, de prueba, los sabotajes, así como las operaciones en la zona gris, especialmente en el dominio cognitivo son una realidad. Éstas incluyen desde campañas de desinformación hasta operaciones de influencia, tanto en el ciberespacio como empleando grupos y movimientos sociales y políticos que conscientemente unas veces, y sin ser conocedores de ello otras, actúan en beneficio de su relato preparando el camino de lo que pueda suceder.
Cerrar los ojos ante la realidad no hará que ésta desaparezca, y subestimar a nuestro adversario no es una buena idea.