José María Peredo: “Occidente pierde autoridad moral mientras calla ante ciertas guerras y grita en otras”
En esta conversación con Javier Fernández Arribas, reflexiona sobre el papel de Donald Trump en la política estadounidense e internacional, el deterioro de la autoridad moral de Occidente y los riesgos que enfrenta la democracia frente a la polarización, la violencia política y el debilitamiento de los consensos institucionales.
José María Peredo, autor del libro “Esto no va de Trump”. ¿Esperaba usted que Trump hiciera todo lo que está haciendo y, sobre todo, de la forma que lo está haciendo? ¿O era previsible?
Era previsible que Trump volviera otra vez a aparecer como un presidente con una personalidad muy fuerte, muy distinta de otras personalidades más convencionales, dentro de la política de Estados Unidos.
La cuestión de los aranceles sí era previsible en el fondo, en las formas evidentemente nos ha vuelto a desbordar. Y la cuestión de determinadas decisiones anunciadas en campaña o políticas previstas en campaña, con esa intervención en la guerra de Ucrania y solucionarla rápidamente y demás, en la que luego se ha encontrado con la realidad de que es mucho más difícil de lo que pensaba. Pero a nivel interno, Estados Unidos mantiene todavía una situación de crisis de su democracia que Trump no está consiguiendo todavía resolver y muy trágicamente ha tenido lugar esa manifestación con el asesinato lamentable de este joven influencer hace muy pocos días.
¿La democracia en Estados Unidos corre peligro? ¿La violencia política, las decisiones de Trump, la ofensiva contra los medios de comunicación?
Peligro no corre la democracia norteamericana, y otras democracias occidentales tampoco. La presión es importante teniendo en cuenta que hay unas situaciones de polarización, de falta de respeto institucional, de Gobiernos débiles, no es el caso del de Trump, que es un Gobierno más fuerte todavía de lo que fue en su primer mandato, pero evidentemente la sociedad sigue polarizada, aunque se intenta reducir.
La cuestión del asesinato y la violencia política que ha estado manifiesta en otros momentos muy recientes, el asesinato de Floyd movilizó a los grupos más progresistas y a nivel internacional también tuvo un efecto importante y ahora también, lógicamente, este asesinato de Charlie Kirk, este joven influencer comprometido además desde una posición política clara pero respetuosa -un asesinato muy premeditado- ha vuelto otra vez a poner sobre la mesa esta cuestión.
¿Los medios son los responsables?
Yo creo que no, puesto que llegaríamos a un punto de reconocer a los medios como agitadores y demás, aunque hay algunos medios que ejercen esa agitación y grupos dentro de las redes sociales y demás, evidentemente sí.
Pero hasta el punto, José María Peredo, de que la presión obligue a una cadena de televisión como la ABC a destituir a Jimmy Kimmel y a su estrella de la noche, por supuesto que el comentario es absolutamente inaceptable, que el promover actos de odio, luego llega un acto de odio con su asesinato, pero hasta el punto de que Trump en esa ofensiva contra los medios ahora le pide 15.000 millones de dólares al New York Times, al Wall Street Journal por haber publicado su felicitación a Epstein, las licencias de televisión se ponen en entredicho, yo creo que ahí se está dando un paso quizá demasiado muy peligroso.
Un paso peligroso teniendo en cuenta que el efecto rebote que pretendíamos hace unos años, pretendíamos hace unos años que la democracia podría ser un régimen, un sistema político exportable a otros países, a otras culturas que poco a poco se iría imponiendo y ahora resulta que estamos de alguna manera recibiendo el efecto boomerang, es decir, las prácticas autoritarias, la reducción de derechos, la reducción, por ejemplo, de esa libertad de expresión, parece que está entrando en algunas democracias, en algunos discursos de líderes políticos aquí mismo en España, lo tenemos claramente sobre la mesa, con la fachosfera y todo esto, de otra orientación. También hay una sensación de que la democracia necesita, no mano dura, sino sencillamente un Gobierno más firme, esto es lo que a lo mejor Trump pretende y lo está haciendo de mala manera, porque al final mezcla su situación privada, sus casos concretos, la oposición política con cuestiones que tienen que ver con algo mucho más grave que es la polarización de la sociedad. No es tanto que el criterio de exigir mayor firmeza a los gobiernos en determinados asuntos, no necesariamente en luchar contra la libertad de expresión, por supuesto, pero en determinados asuntos no se puede confundir con autoritarismo y personalismo.
Sí, el fondo quizá tenga cierta justificación, pero las formas, sobre todo, por ejemplo, ha saltado una cierta alarma por la iniciativa de cambios en los distritos electorales, curiosamente en aquellos donde ganan los demócratas, o esto cuando vienen las elecciones que se llaman de mid-term, de mitad de mandato, elecciones legislativas, la lucha por mantener el control del Congreso y del Senado puede que estos cambios en los distritos vayan más allá de lo habitual.
Aquí le ponemos a Trump en un plano de presidente tradicional y de algo habitual en las elecciones efectivamente del mid-term, que es esta práctica que además tiene un nombre, que se llama el gerrymandering, que es hacer salamandreo, le pusieron el nombre de gerry o el prefijo, porque fue un político, un senador ya antiguo el que puso en marcha esta práctica, que consiste fundamentalmente en redistribuir los distritos electorales, es decir, si hay un barrio que vota republicano y está metido dentro de un distrito que vota mayoritariamente demócrata, si lo saco de ahí y le meto en otro distrito que es más equilibrado, ese otro distrito va a votar republicano, eso es básicamente la cuestión de la distribución, pero tiene una serie de componentes muy complejos, en primer lugar, quién toma la decisión sobre esa redistribución, que pueden ser los Gobiernos locales en algunos casos, o los gobernadores locales, y en otros casos algunas comisiones, por tanto eso tiene una gran complejidad, pero indudablemente entra dentro, vamos a decir, del juego político democrático norteamericano, que siendo absolutamente democrático tiene también algunas peculiaridades que rayan ahí la legitimidad, porque aquí parece que se está manipulando, los electores no eligen al candidato, sino que es el candidato el que elige a sus electores.
En el ámbito internacional, señor Peredo, hemos visto a un Trump deslumbrado por la monarquía británica, incluso saltándose el protocolo, por ejemplo, en Gaza parece que Netanyahu no le hace demasiado caso, y por supuesto él reconoce su decepción con Vladimir Putin, con el presidente ruso, que sigue atacando a Ucrania sin ningún tipo de desvelo.
Hay dos temas ahí diferenciados, el asunto de Putin evidentemente, yo creo que Donald Trump se ha dado cuenta de la complejidad que tiene, no ya la guerra de Ucrania que la tiene, sino la política internacional, y en concreto las relaciones con un régimen como el que ha montado Vladimir Putin en Rusia, primera cuestión, segunda cuestión, evidentemente la de Israel-Gaza, Trump ha apostado por eso de que Netanyahu termine su trabajo, lo cual en este momento está en contra de la inmensa mayoría de la opinión pública internacional, que le pide a Netanyahu que pare de terminar su trabajo. Es un momento complicado, que siempre la administración de Estados Unidos ha sabido bandear bien, teniendo en cuenta que, por ejemplo, el presidente Biden, cuando empezó el conflicto después del ataque de Hamas a civiles israelíes, mandó dos portaaviones para que no se produjera una regionalización, y de alguna manera ha dicho esto, por supuesto, entre comillas, para que Netanyahu hiciera su trabajo, con legitimidad la respuesta al principio luego ha habido desbordado todos los límites. Y luego en cuanto al protocolo, las relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido siguen siendo unas relaciones extraordinarias, teniendo en cuenta la distinta orientación de sus dirigentes.
Starmer es el primer ministro laborista, con un presidente ultraconservador en Estados Unidos, y la relación con la corona y la ruptura del protocolo, probablemente también se relaciona con esa figura de Trump, que es capaz de acaparar todo lo que ocurre en un escenario. Entonces, si se fija más en la princesa de Gales que en la reina consorte, inmediatamente todo el mundo dice ahí que algo ha pasado.
Y 170.000 millones de dólares de inversión en cuestión tecnológica, que eso quizá es lo que podemos echar mucho de menos, esa mala relación que tenemos ahora mismo el Gobierno de España, el Gobierno, no España, con Estados Unidos, con el Gobierno de los Estados Unidos, es un problema.
Han disminuido las inversiones extranjeras procedentes de Estados Unidos. Tenemos riesgos en cuanto a la información e inteligencia por el tema de Huawei, que además del corte con Israel, que España en estos momentos, que son unos momentos clave en la escena internacional, esté ciega y sorda en cuanto a información y a inteligencia, ese es un momento delicado, un momento poco propicio para llevar una política demasiado de izquierda, de extrema izquierda.
Pero absolutamente, es decir, aquí el problema no es Donald Trump, y enfrentarte o ponerte, posicionarte en contra del presidente de los Estados Unidos, porque te de votos es algo muy lamentable, que tiene además algunos precedentes, el de Zapatero, por ejemplo, hace algunos años, pero en este caso todavía más, porque hemos reafirmado nuestro compromiso con la OTAN y con la Alianza Euroatlántica, donde está presente Estados Unidos, hemos organizado la cumbre, y el hecho de que haya un cambio presidencial con Joe Biden, y resulta que hay un cambio presidencial, y entonces ahora me hago frentista con Estados Unidos.
Pero hombre, esto no puede ser de ninguna manera, el sistema democrático que hemos generado durante todos estos años lo que ha permitido ha sido, mire, aquí hay alternancia política, pero hay una serie de principios, hay una serie de alianzas, hay una serie de valores que son comunes, y entonces, si usted lo quiere entender bien, y si no lo quiere entender, tiene que hacérselo ver, y Donald Trump también, pero evidentemente, el que se lo tiene que decir a Donald Trump es su opinión pública, el que se lo tiene que decir al presidente es la nuestra. Es que la política exterior debería ser una política de Estado consensuada entre los dos grandes partidos de Gobierno y no estar sujeta a vaivenes de intereses electorales.