Más que un evento deportivo: la Copa Africana de Naciones, reflejo del renacimiento generalizado de Marruecos

Celebración de aficionados de Marruecos

Un espíritu ganador que trasciende el ámbito deportivo y abarca cuestiones de desarrollo, asuntos económicos y complejos temas diplomáticos

Más allá de los silbatos del árbitro y del desarrollo de los partidos dentro del terreno de juego, la Copa Africana de Naciones 2025, que dará comienzo el domingo en Marruecos, no se reduce únicamente a su dimensión deportiva, sino que va más allá y se convierte en una prueba nacional multidimensional, en la que se cruzan las apuestas políticas, económicas y sociales, y que se interpreta en gran medida como un ensayo general para un evento aún más importante: la organización de la Copa del Mundo 20230.

Con el mismo espíritu triunfador y el mismo entusiasmo con que las autoridades marroquíes han abordado los eventos deportivos, tanto en lo que se refiere a la competición como a la organización, y que han sido recompensadas con los excelentes resultados de los deportistas marroquíes en numerosas disciplinas, especialmente en el fútbol, y con la confianza internacional en la capacidad del país para acoger los eventos más importantes, entre los que destaca la final de la Copa del Mundo, las autoridades se enfrentaron a complejos problemas de desarrollo, económicos, políticos y diplomáticos, y lograron en todos ellos victorias no menos valiosas que los triunfos y títulos deportivos.

A la cabeza de esas victorias se encontraba el reconocimiento explícito por parte de la comunidad internacional del plan de autonomía del Sáhara marroquí dentro del Reino como única solución viable para resolver definitivamente la cuestión.

Otro reflejo de ese espíritu marroquí victorioso y seguro de sí mismo fue la rápida superación de las consecuencias del terremoto que azotó parte de Marruecos anteriormente y la superación de sus efectos sociales entre la población de las zonas afectadas.

Tras una ausencia que se prolongó durante décadas, el evento deportivo continental regresa a Marruecos en un contexto totalmente diferente, bajo el lema de la inversión en el deporte como palanca de influencia blanda y herramienta estratégica para consolidar la posición regional e internacional.

Desde el Debate Nacional sobre el Deporte celebrado en Skhirat en 2008, Marruecos ha apostado por integrar el fútbol en su proyecto de desarrollo y diplomacia, una apuesta que se ha visto reforzada gradualmente por una serie de éxitos deportivos que han dado a esta orientación una credibilidad cada vez mayor.

Diseño exterior del Estadio Al Barid de Rabat, Marruecos -PHOTO/AFCON

La selección marroquí regresó a la Copa del Mundo en 2018 tras dos décadas de ausencia, antes de lograr un hito histórico al alcanzar las semifinales del Mundial de Catar 2022 y ganar la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024, además de otros triunfos en las categorías juveniles, entre los que destaca el título mundial sub-20 conseguido el pasado mes de octubre.

Según los investigadores en sociología del deporte, estos resultados no fueron ajenos a una visión institucional más amplia destinada a reposicionar a Marruecos como potencia deportiva emergente en África.

En este contexto, el sociólogo especializado en geopolítica del deporte Jean-Baptiste Gigan considera en su último artículo que Marruecos se ha convertido en el motor del fútbol africano, tras una ausencia que se prolongó durante décadas. El evento deportivo continental vuelve al Reino de Marruecos en un contexto totalmente diferente, cuyo lema es la inversión en el deporte como palanca de influencia blanda y herramienta estratégica para consolidar la posición regional e internacional, no solo en términos de resultados, sino también en cuanto a su capacidad para organizar grandes eventos y comercializarlos política y culturalmente. Añade que la Copa Africana de 2025 representa un momento crucial para consolidar este papel, sobre todo porque se celebra menos de cinco años antes de la organización conjunta de la Copa del Mundo con España y Portugal.

En cuanto a las infraestructuras, los preparativos reflejan una inversión sin precedentes en la historia del campeonato continental. Se han acondicionado nueve estadios modernos repartidos en seis ciudades, además de campos de entrenamiento específicos para cada selección, y hoteles para las delegaciones, con una inversión superior a los mil millones de euros para la rehabilitación de estadios e instalaciones deportivas, además de unos 65 millones de dólares destinados a la Academia de Fútbol Mohamed VI, que se ha convertido en uno de los pilares de la política de formación de talentos del reino. 

Estas inversiones se extienden a los sectores del transporte, el turismo y la hostelería, donde las autoridades esperan una afluencia de alrededor de un millón de visitantes adicionales en comparación con 2024, con unos ingresos potenciales que rondan los mil millones de euros, lo que convierte al campeonato en un motor económico multisectorial.

La organización del evento también transmite un mensaje sobre la singular estabilidad del país y la capacidad de las autoridades para protegerla y garantizar su sostenibilidad y seguridad, ya que las autoridades marroquíes han elaborado un plan de varios niveles que incluye unidades especializadas, sistemas de vigilancia con cámaras, el uso de drones y equipos de perros policía, además de la adhesión al programa «Stadia» de Interpol para intercambiar experiencias en materia de seguridad de grandes eventos.

Este enfoque se basa en la experiencia acumulada por los cuadros marroquíes durante el Mundial de Qatar 2022, lo que ha permitido confiar casi por completo en las competencias nacionales, sin recurrir a apoyo externo en materia de seguridad, lo que demuestra la preparación institucional.

Paralelamente, Marruecos ha invertido fuertemente en la dimensión popular y cultural del campeonato, equipando amplias zonas para los aficionados en las ciudades anfitrionas, organizando ceremonias de inauguración y clausura con un carácter artístico local, y gestionando con precisión la cobertura mediática internacional.

Estos elementos se consideran parte de la creación de una imagen, ya que la apuesta no se limita a la organización técnica, sino que se extiende al control de la narrativa mediática y a la puesta de relieve de la diversidad cultural y la identidad marroquí ante un público mundial.

Todos estos datos hacen que la Copa Africana de Naciones 2025 sea más que un simple campeonato continental. Es una plataforma para poner a prueba la preparación de las infraestructuras, un laboratorio para las políticas de seguridad blanda, una oportunidad para medir el impacto de la inversión deportiva en la economía y la sociedad y, al mismo tiempo, un ejercicio práctico para una clasificación mundialista sin precedentes en la historia de Marruecos.