La principal luchadora de la resistencia de Irán responde seis preguntas clave sobre el futuro de su país
Maryam Rajavi, presidenta electa del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), habló en exclusiva con Just the News sobre el futuro de Irán en caso de que caiga el régimen y sobre la probabilidad de que ello ocurra
Amanda Head, Just the news
1. ¿En qué se diferencian estos levantamientos de los que vimos en 2019 y 2022?
La diferencia más importante entre el levantamiento actual y las oleadas anteriores es el aumento dramático del nivel de organización, su enfoque en desmantelar los centros de represión y su expansión tanto en las grandes ciudades de Irán como en las localidades más pequeñas.
A diferencia del levantamiento de 2022, que fue provocado por el asesinato de Zhina (Mahsa) Amini por parte del régimen y que inicialmente giró en torno a la cuestión del velo obligatorio, y a diferencia del levantamiento de noviembre de 2019, desencadenado por el impacto del aumento del precio de la gasolina, el levantamiento actual no está ligado a un solo incidente ni a una reivindicación concreta y de corto plazo. Este movimiento es el resultado de una larga acumulación de ira, conciencia política y voluntad colectiva de cambio de régimen. Por lo tanto, no se trata de una explosión pasajera, sino de un movimiento consciente con un carácter explícitamente orientado al derrocamiento.
En noviembre de 2019, la columna vertebral del levantamiento estuvo formada principalmente por los sectores pobres y marginados, mientras que los estudiantes y partes de la clase media tuvieron una presencia mucho menor. En 2022, pese a la amplitud de las protestas, el énfasis se puso más en una demanda cultural y simbólica, y amplios sectores de las clases trabajadoras y productivas no participaron activamente. En cambio, el levantamiento de 2026 es verdaderamente nacional y social en su carácter, e incluye a trabajadores y comerciantes del bazar, estudiantes y profesores, mujeres y jóvenes, grupos étnicos y nacionalidades, en las 31 provincias y en al menos 207 ciudades. La participación del bazar a esta escala no tiene precedentes desde la revolución antimonárquica.
Sobre todo, en este levantamiento las Unidades de Resistencia y la juventud organizada han desempeñado un papel mucho más fuerte de orientación y conexión. Estas redes han logrado vincular protestas locales en un poderoso movimiento nacional y, en muchas zonas, arrebatar la iniciativa al aparato represivo del régimen.
Los lemas, la conducta y la forma de lucha demuestran que la voluntad del pueblo iraní de poner fin completamente al dominio del Líder Supremo ha alcanzado un nivel sin precedentes. La sociedad ha tomado su decisión. Al mismo tiempo, en comparación con 2019 y 2022, el régimen es más frágil, está más aislado y es menos capaz de controlar los acontecimientos, desde el colapso económico y la parálisis de las infraestructuras hasta el aislamiento internacional y el desgaste de sus fuerzas represivas.
En resumen, el levantamiento actual no es una repetición del pasado, sino una fase más avanzada y madura del mismo proceso revolucionario que comenzó en 2017 y que ahora ha llegado a un punto del que el régimen ya no puede retroceder.
2. ¿Qué se necesita para derrocar a este régimen?
Los acontecimientos de los últimos meses han demostrado claramente una verdad fundamental: aunque el régimen que gobierna Irán se ha debilitado seriamente y ha sufrido golpes contundentes, no colapsará automáticamente bajo el peso de sus propios fracasos. Esta dictadura no será derrocada por la presión extranjera ni por decisiones tomadas en capitales del mundo. Como he subrayado reiteradamente, el cambio en Irán solo puede lograrse por el propio pueblo iraní, a través de una resistencia organizada, nacional y presente sobre el terreno, capaz de enfrentarse a una de las maquinarias represivas más brutales de nuestro tiempo.
Y esa resistencia existe: la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK) y sus Unidades de Resistencia. No se trata de una oposición simbólica o mediática, sino de un movimiento forjado a lo largo de seis décadas de lucha ininterrumpida contra dos dictaduras, la del Shah y la del clero, entre fuego, sangre y sacrificio. Más de 100.000 de sus miembros y simpatizantes han sido ejecutados o asesinados bajo tortura, incluidos 30.000 presos políticos ahorcados en la masacre de 1988 únicamente por permanecer leales al MEK. Este precio es la prueba de la legitimidad histórica de la resistencia y de la profundidad de sus raíces en la sociedad iraní.
También en el levantamiento reciente, si las Unidades de Resistencia no hubieran entrado en acción para organizar, orientar y defender a la población, el régimen habría podido aplastar el movimiento mucho más rápidamente y a un coste mucho menor. Muchos de esos jóvenes organizados se encuentran hoy entre los miles de mártires de este levantamiento. Esta realidad demuestra que lo que ha sacudido al régimen no son protestas dispersas, sino la fusión de un levantamiento popular con una fuerza organizada y dispuesta al sacrificio, capaz de transformar la revuelta en un cambio de régimen.
3. Si y cuando esto ocurra, ¿cuánto tiempo llevará restablecer el orden y cómo se desarrollará el proceso?
Con una resistencia profundamente arraigada, organizada y de alcance nacional dentro del país, y con una alternativa democrática reconocida, el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), la transferencia de la soberanía de la dictadura al pueblo puede realizarse de manera ordenada, pacífica, democrática y conforme al Estado de derecho. Lo que hace posible esta transición no es solo la caída del régimen, sino la existencia de un marco político y ejecutivo preparado para “el día después”, y eso es precisamente lo que el CNRI ha venido preparando durante años.
El Consejo ha adoptado planes claros, públicos y vinculantes para el periodo de transición y el establecimiento de la soberanía popular. Según estos planes, inmediatamente después del derrocamiento del régimen se formará un gobierno provisional con una misión limitada y bien definida: en un plazo máximo de seis meses deberá celebrar elecciones libres, justas y universales para una Asamblea Constituyente. Una vez constituida, todo el poder político se transferirá a los representantes elegidos por el pueblo, quienes seleccionarán el gobierno de transición definitivo y redactarán y someterán a referéndum la Constitución de la nueva República de Irán.
Los principios fundamentales del futuro Irán incluyen la igualdad total entre mujeres y hombres en todos los ámbitos, la separación entre religión y Estado, el reconocimiento de los derechos de las nacionalidades, incluida la autonomía para el Kurdistán iraní, la independencia del poder judicial y la libertad de partidos y de prensa. Presenté esta visión política y jurídica hace más de dos décadas en el Consejo de Europa en forma del Plan de Diez Puntos para un Irán Libre, un plan que hoy es más realista y aplicable que nunca.
Este programa no es meramente teórico. Se apoya en la amplia base social de la resistencia y en una vasta red de miles de expertos, académicos y profesionales dentro y fuera de Irán. Grupos de trabajo especializados en economía, derecho, energía, educación, sanidad, medio ambiente, seguridad, reconstrucción institucional y justicia transicional se están preparando continuamente para su aplicación, de modo que el Irán posterior a la dictadura pueda entrar en una nueva era sin vacío de poder ni inestabilidad. Como siempre he dicho: «No buscamos el poder ni una parte del poder. Luchamos y nos sacrificamos para que el pueblo iraní pueda alcanzar su libertad. Queremos devolver la soberanía a sus legítimos dueños: el pueblo de Irán».
Esta visión no cuenta solo con el respaldo de los iraníes. A nivel internacional goza de un apoyo extraordinario: más de 4.000 parlamentarios y 125 ex jefes de Estado y de Gobierno en todo el mundo apoyan la alternativa democrática del CNRI. Este nivel de legitimidad nacional e internacional garantiza que la transición de Irán hacia una república democrática no será un salto al vacío, sino un paso consciente hacia la estabilidad, la libertad y el Estado de derecho.
4. Dada la cultura dinámica y amante de la libertad de Irán en los años setenta, ¿volverán los iraníes de forma natural a ese espacio tras la caída del régimen, o décadas de represión lo han hecho difícil?
Irán posee una cultura rica y milenaria que tanto las dictaduras monárquicas como las religiosas han intentado deformar y destruir. Precisamente por eso el pueblo iraní rechaza ambos sistemas. El derrocamiento de este régimen anunciará, por tanto, un renacimiento cultural, social y político, y supondrá especialmente un golpe devastador al fundamentalismo islámico, del que este régimen ha sido el epicentro mundial. Las mujeres desempeñarán un papel central en esta transformación y son su principal fuerza motriz.
La sociedad iraní durante estos 45 años no solo ha sido reprimida; a través de la resistencia ha interiorizado profundamente la conciencia política, la sensibilidad hacia la libertad y el rechazo de toda forma de despotismo. La joven generación que hoy está en las calles no siente nostalgia por la monarquía ni alberga ilusiones sobre la reforma de este régimen. Está conectada con el mundo; conoce los derechos humanos, la igualdad de género, el laicismo y la dignidad humana, y los exige.
Por tanto, el Irán posterior al régimen no será un retorno a los años setenta, sino una sociedad más madura, más consciente y más resistente frente a la reproducción de la tiranía. Sanar profundas heridas sociales, la emigración masiva, la desconfianza y la destrucción institucional llevará tiempo y requerirá políticas sensatas y un periodo de justicia y reconstrucción nacional. Pero el motor del cambio —la voluntad de libertad del pueblo, especialmente de las mujeres y la juventud— es hoy más fuerte que en cualquier otro momento histórico. La participación activa y en igualdad de condiciones de las mujeres en el liderazgo político y económico será tanto la garantía como el motor del progreso.
El futuro Irán no será un “regreso”. Será un salto histórico hacia una república democrática, laica, pluralista y no nuclear, que viva en paz con el mundo.
5. Usted subraya el papel de la juventud y de las mujeres. ¿Cómo han acelerado y fortalecido el movimiento, y cuál es su mensaje para ellas y ellos?
El papel de las mujeres y de la juventud en este levantamiento no es simplemente “estar presentes” en las calles; son su motor y su columna vertebral. Las mujeres iraníes, que han soportado más de cuatro décadas de humillación sistemática, discriminación y represión, están hoy en primera línea, no solo como manifestantes, sino como organizadoras, inspiradoras y dirigentes. Su valentía, especialmente al romper los símbolos ideológicos impuestos por el régimen, ha derribado el muro del miedo y ha dado a la sociedad la confianza para decir “no”. El papel de liderazgo de las mujeres dentro del MEK durante las últimas tres décadas ha tenido un impacto decisivo en su presencia en la lucha; hoy, el 52 % de los miembros del CNRI son mujeres.
La juventud, que no ha conocido otra cosa que crisis, pobreza, censura y violencia estatal, ha entrado en escena con una valentía y una creatividad sin precedentes. A través del trabajo en red, la movilidad y la disposición a pagar el precio, han transformado protestas dispersas en un levantamiento nacional continuo. No están atados a un pasado despótico ni vinculan su futuro a un régimen que no puede reformarse. Creen que el cambio es posible y necesario, y esa convicción ha dado al movimiento su velocidad y su profundidad. Muchos de estos jóvenes están hoy organizados dentro de las Unidades de Resistencia.
El mensaje a las mujeres y a la juventud de Irán es claro: no están solas, y su voz es el corazón de este levantamiento. El régimen intenta intimidarlas mediante la violencia, los asesinatos y los crímenes contra la humanidad, pero el hecho de que millones salgan a las calles demuestra que el miedo ha cambiado de bando. Su perseverancia, solidaridad y organización —el legado condensado de 120 años de lucha del pueblo iraní contra cuatro dictaduras— no solo desgastarán la represión, sino que abrirán el camino hacia un Irán libre, democrático e igualitario. El futuro les pertenece, y la historia recordará estos días con el nombre de su valentía.
6. ¿Qué distingue la visión de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán y del Consejo Nacional de la Resistencia para un Irán posterior a la República Islámica de la del sistema monárquico? ¿Son algunas de estas diferencias irreconciliables? Y en caso de colapso del régimen islámico, ¿ve alguna posibilidad de unidad o cooperación entre estas corrientes?
La monarquía en Irán es un símbolo de dictadura y de poder absoluto. A diferencia de las monarquías de Reino Unido, España o Suecia, nunca cedió a la reforma; por el contrario, se volvió progresivamente más despótica, cerró todos los caminos al cambio y no dejó al pueblo otra opción que el derrocamiento. Además, el carácter chovinista y represivo de la monarquía, especialmente bajo el dominio de los Pahlaví, ha dejado una profunda hostilidad hacia ella entre azeríes, kurdos, árabes, baluchis y muchas otras nacionalidades iraníes. Durante sus 57 años en el poder, el régimen Pahlaví llevó a cabo repetidamente limpiezas étnicas y traslados forzosos de población en estas regiones. Por esta razón, la sociedad iraní no aceptará bajo ninguna circunstancia un retorno a ese tipo de despotismo y chovinismo.
Bajo la dictadura religiosa, la preservación del sistema de velayat-e faqih se declara el deber supremo; bajo la monarquía, la preservación del Shah —basada en la herencia y presentada como un “don divino”— era el principio supremo. En cambio, la visión del MEK y del Consejo Nacional de la Resistencia se basa en la soberanía popular mediante el establecimiento de una república elegida por voto libre. En esta visión, ninguna persona por razón de religión ni ninguna familia por razón de linaje tiene un derecho especial a gobernar. Todos los cargos públicos deben cubrirse mediante elecciones libres, transparentes y verificables.
Bajo el régimen del Shah, el poder estaba concentrado en manos de un solo individuo, y el parlamento, el poder judicial y los medios de comunicación estaban en la práctica subordinados a la voluntad de la corte real. Era un Estado de partido único, y Mohammad Reza Pahlaví declaró abiertamente que cualquiera que se negara a unirse al partido oficial sería encarcelado o forzado a abandonar el país. A pesar de algunos signos externos de modernización, el país se gobernaba mediante una policía política (SAVAK), la tortura, las prisiones y la represión sistemática de la disidencia. Muchos opositores políticos fueron ejecutados. Esto no es solo historia: los planes que hoy presentan los restos del Shah no son más que versiones embellecidas de la misma esencia.
El programa del Consejo Nacional de la Resistencia, por el contrario, se basa en la separación de poderes, la independencia del poder judicial, la libertad de partidos y de prensa y el Estado de derecho. En este programa, la abolición de la pena de muerte, la prohibición de la tortura, la igualdad plena entre mujeres y hombres y la separación entre religión y Estado no son negociables. Esta diferencia no es técnica ni cosmética; es la línea divisoria fundamental entre dictadura y democracia.
El CNRI siempre ha afirmado que, tras la caída del régimen, todas las fuerzas políticas comprometidas con el republicanismo, la democracia, los derechos humanos, la soberanía popular y la separación entre religión y Estado pueden participar libremente y en igualdad de condiciones en la configuración del futuro de Irán. Pero lo subrayo de nuevo: tras la lucha de los fundadores de Estados Unidos y la Declaración de Independencia, ¿era concebible que la monarquía formara parte del nuevo gobierno? O tras el final de la Segunda Guerra Mundial, ¿podía permitirse que el nacionalsocialismo de Hitler participara en el gobierno de Alemania?