¿Quiénes salen perjudicados con el plan de paz de Trump para Gaza?
- ¿Qué propone el plan de paz de Trump para Gaza?
- ¿Quién pierde más con este plan?
- Los cinco negociadores clave de Hamás en Doha
- El rol de Qatar y Egipto como mediadores
- Escenarios posibles: aceptar, rechazar o negociar
- Conclusión
En un movimiento diplomático de gran carga simbólica, Donald Trump presentó recientemente su plan de paz y la reconstrucción para Gaza, diseñado para poner fin al conflicto entre Israel y Hamás, a una semana de su segundo aniversario. Pero esa presentación no vino sin un ultimátum: Trump advirtió que daría solamente “tres o cuatro días” para que Hamás responda, o de lo contrario “será un final muy triste” para el movimiento.
Durante una rueda de prensa al salir de la Casa Blanca, el presidente afirmó que Israel y prácticamente todos los países árabes ya habían aprobado el plan, y que únicamente quedaba la firma de Hamás como condición. “Estamos solo esperando a Hamás”, dijo. Añadió que “lo va a hacer o no, y si no, va a ser un final muy triste”.
Cuando le preguntaron si había margen de negociación, Trump fue claro: “No mucho”. Y enfatizó que, de rechazar la propuesta, Israel contaría con el respaldo total de Estados Unidos para “hacer lo necesario”.
Este plazo exprés impone una presión enorme sobre Hamás: cualquier demora, objeción, o revisión más profunda podrían ser interpretados como una negativa. En esencia, el ultimátum de Trump convierte la negociación en un escenario de todo o nada. A partir de ese momento, cada paso y cada movimiento estratégico de los negociadores de Hamás —entre ellos Khalil al Hayya, Ghazi Hamad, Abu Suheib, Abu Marzouk y Mashal— se someterá al escrutinio público.
Las últimas informaciones apuntan a que Hamás aceptará el plan, aunque no se sabe si reclamarán alguna medida, pero desde medios de comunicación cercanos al grupo terrorista señalan que los negociadores están estudiando el plan en Doha y que darán una respuesta el miércoles.
¿Qué propone el plan de paz de Trump para Gaza?
El plan fue revelado el 29 de septiembre de 2025 en una conferencia conjunta entre Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, aunque previamente fue presentado a los países árabes y musulmanes de Oriente Medio. Este contempla principalmente:
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El cese inmediato de hostilidades y liberación de todos los rehenes.
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El desarme total de Hamás y transferencia del control de Gaza a una autoridad provisional externa, sin participación del grupo islamista.
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La supervisión internacional con una fuerza de estabilización.
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La reconstrucción humanitaria y económica financiada por aliados internacionales.
La implementación, que será escalonada, tendrá límites temporales estrictos, según indicó Trump, quien dio a Hamás entre “tres y cuatro días” para aceptar la propuesta.
Israel, por su parte, respaldó el plan, pero dejó claro que no permitirá que Hamás tenga ningún rol político futuro y exigió que el control fronterizo y la supervisión de seguridad permanezcan bajo coordinación israelí. Lo cual ha generado dudas sobre si Hamás tampoco permitirá que se cumplan algunas de las 20 peticiones del plan de paz.
¿Quién pierde más con este plan?
Hamás es, sin duda, el actor con más que perder si acepta el plan. Al entregarse el control de Gaza a una autoridad externa y exigirse su desarme completo, perdería no solo su brazo armado, sino también su legitimidad política dentro del territorio. Sería visto por algunos sectores palestinos como una rendición, lo que podría provocar fracturas internas entre su ala política y su estructura militar, especialmente dentro del ala dura en Gaza liderada por figuras como Izz al-Din al-Haddad (Abu Suheib).
En el otro extremo, si Hamás rechaza el plan, se arriesga a una respuesta militar total de Israel, con el respaldo de EE. UU. y posiblemente el visto bueno de parte de la comunidad internacional que vería la negativa como un acto de obstrucción a la paz.
Por otro lado, la población civil palestina de Gaza también está atrapada entre dos fuegos. Si se acepta el plan, accederán a una reconstrucción económica, pero bajo una autoridad impuesta sin proceso democrático. Si se rechaza, el pueblo seguirá enfrentando bombardeos, escasez de alimentos, cortes eléctricos y un bloqueo casi total. La ONU ya advirtió sobre el riesgo de hambruna masiva si el conflicto se prolonga.
Israel, aunque ha aceptado el plan, también corre riesgos. Internamente, el Gobierno de Netanyahu enfrenta presiones del bloque ultranacionalista que considera que ceder cualquier tipo de autonomía, aunque sea controlada, es peligroso. Externamente, si el plan fracasa por una ofensiva militar desproporcionada, Israel podría enfrentar críticas diplomáticas, especialmente si se generan altos niveles de destrucción civil en Gaza.
Para Trump, la propuesta es una apuesta política. De salir bien, lo posiciona como líder internacional y “pacificador” en plena campaña presidencial para 2026. Pero si el plan fracasa, quedará expuesto a críticas por su falta de inclusividad y por una aproximación percibida como unilateral.
Los cinco negociadores clave de Hamás en Doha
Aunque Hamás no fue parte de la redacción original del plan, ha respondido desplegando a su núcleo negociador político y militar en Doha, Catar, donde se están canalizando las discusiones a través de mediadores regionales.
Khalil al-Hayya – subdirector de la Oficina Política de Hamás desde 2024 y líder de la delegación en Doha. Tiene peso decisivo en la estructura de mando y representa la línea más pragmática del movimiento.
Ghazi Hamad – Miembro de la Oficina Política y portavoz oficial de Hamás. Encargado de articular el discurso público, representa una voz moderada que intenta legitimar las condiciones de Hamás ante la comunidad internacional.
Izz al-Din al-Haddad (Abu Suheib) – comandante del ala militar de Hamás en Gaza. No negocia directamente, pero su aprobación es esencial para la liberación de rehenes y el cese de operaciones militares.
Moussa Abu Marzouk – Histórica figura diplomática y logística. Conecta a Hamás con redes financieras y aliados como Irán y Turquía.
Khaled Mashal – Exlíder de la Oficina Política, con enorme prestigio interno. Aunque formalmente retirado, es asesor estratégico de la delegación y posible sucesor interino.
El rol de Qatar y Egipto como mediadores
Qatar y Egipto son los dos principales mediadores del plan, fundamentales tanto por su posición geográfica como por su influencia política.
Qatar actúa como anfitrión de las conversaciones. Según declaraciones recientes, busca mantener un rol neutral y constructivo, rechazando convertirse en un simple transmisor de presiones occidentales; y Egipto, con el control del paso de Rafah, se enfoca en asegurar el acceso humanitario y evitar el caos en su frontera. Ha propuesto modificaciones al plan que permitan cierta participación palestina en la transición política.
Escenarios posibles: aceptar, rechazar o negociar
Hamás acepta el plan
De aceptar, cesan las hostilidades, comienza la reconstrucción de Gaza con fondos internacionales y se abre un nuevo capítulo político. Sin embargo, podría generar divisiones internas dentro de Hamás.
Hamás lo rechaza
Un rechazo provocaría probablemente una respuesta militar israelí total, con consecuencias humanitarias devastadoras. Israel podría recibir mayor respaldo diplomático si se percibe que Hamás saboteó una oportunidad de paz.
Aceptación parcial o con condiciones
La vía intermedia. Permitiría salvar la cara a Hamás, garantizaría los intereses de seguridad de Israel y daría a los mediadores una victoria diplomática. Este escenario sigue siendo el más probable si hay voluntad de compromiso.
Conclusión
El nuevo plan de paz de Trump para Gaza representa un punto de inflexión crucial que podría marcar el rumbo de uno de los conflictos más largos y complejos del mundo. Si se implementa, supondría un cambio profundo en la estructura política y militar de Gaza, con la casi segura desaparición del poder de Hamás y la instauración de una autoridad externa bajo supervisión internacional. Esto abriría la puerta a la reconstrucción y al alivio humanitario, aunque también plantea dudas importantes sobre la soberanía palestina y la legitimidad de un gobierno impuesto sin participación democrática directa.
Para Hamás, aceptar este plan significaría perder su control y posiblemente quedar fuera del juego político, lo que podría generar divisiones internas y aumentar la tensión en Gaza. En cambio, rechazarlo podría desencadenar una escalada militar devastadora, con graves consecuencias humanitarias para la población civil y un posible aislamiento diplomático aún mayor para el grupo islamista.
Israel, que apoya el plan, enfrenta a su vez sus propias tensiones internas, con diferentes sectores políticos y sociales divididos sobre cómo gestionar la gobernanza y la seguridad en Gaza. Además, un conflicto prolongado podría afectar su imagen internacional y su estabilidad en la región.
Finalmente, el papel de los mediadores regionales, como Qatar y Egipto, será fundamental para evitar que la crisis se descontrole y para facilitar un diálogo que permita encontrar una solución negociada, aunque hasta ahora el margen para avanzar parece limitado.