La reincorporación de Siria al Mediterráneo marca un nuevo capítulo para la región y sus ciudadanos
- Cómo afecta a la región el regreso de Siria a la Unión por el Mediterráneo
- Cambios en el Mediterráneo y la geopolítica actual
- La crisis humanitaria y los números clave en Siria
- La situación de la población y los retornos
- Posibles impactos y consecuencias para la región
- Al‑Sharaa y los desafíos de gobernar un país en crisis
Cómo afecta a la región el regreso de Siria a la Unión por el Mediterráneo
Siria regresa a la Unión del Mediterráneo (UFM) tras 14 años de ausencia. Esta decisión se cataloga como un gesto diplomático que muestra la transformación de los pases de la alianza mediterránea.
Aspectos como la persistencia en la resolución de la crisis humanitaria, la capacidad de Gobiernos extranjeros en recuperar la influencia en Siria, perdida desde la llegada de Ahmed Al-Sharaa a la presidencia, y la recuperación de la estabilidad del país, son puntos fundamentales para que Siria y el Mediterráneo prosperen de la mano.
La reincorporación de Siria, cuna de la civilización tal y como se conoce actualmente hace más de 6.000 años, es una decisión compleja que deberá basarse en diálogos con el resto de los miembros y una comunicación constante a través de acuerdos políticos y comerciales.
Cambios en el Mediterráneo y la geopolítica actual
La llegada de Siria a la Unión retrotrae a esta al periodo previo al 2011, año de surgimiento de las Primaveras Árabes. Durante los 14 años de ausencia siria, la región ha evolucionado.
Actualmente, los intereses que unen a los miembros han virado. Inversión y comercio de energía, migraciones, influencias regionales y seguridad son las nuevas propuestas que se plantean y debaten en los Consejos de la UFM.
14 años dan para mucho. Las anteriores alianzas ya no existen. La proliferación de conflictos y la evolución de las relaciones internacionales han dejado atrás la inestabilidad y la falta de cooperación. En este contexto, la llegada de Siria, aún marcada por la nefasta administración de la familia Assad, es la respuesta a la “nueva realidad mediterránea”.
Esta nueva realidad se basa, como mencionábamos anteriormente, en los intereses energéticos –el nuevo cuello de botella de la economía global–, los flujos migratorios, y el declive del liderazgo de países que han dejado su “posición de poder” en favor de nuevas economías emergentes.
Con respeto a la energía y sus intereses geopolíticos, la llegada de Siria supone un cambio de 180 grados. La tenencia de reservas de petróleo, en su mayoría dominadas por los kurdos, y la inestabilidad es considerada, como se suele decir en el argot deportivo, “un bendito problema”. La posibilidad del Gobierno sirio de abrir nuevas vías de transporte de energía a la región favorecerá el crecimiento del bloque, sin embargo, las dificultades y la necesidad de negociar y dialogar serán un verdadero desafío para la UFM.
No obstante, el mayor dilema sirio ha sido la migración y la cuestión de los refugiados. Durante más de una década, la población siria ha sido la que marcaba el mayor número de salidas de su país de origen en todo el mundo. Con más de dos millones de sirios residiendo en Turquía y cerca de otros cuatro repartidos por los países vecinos y Europa, el problema migratorio ha sido la peor crisis por la que el Gobierno sirio ha pasado durante más de 14 años.
La unión de Siria a la alianza no solo mejorará la situación dentro de su país para que los ciudadanos, quienes se marchan por supervivencia y no por convencimiento, mejore, sino que, en paralelo, sirva para paliar la crisis de tráfico de personas perpetradas por las mafias que se asientan en las orillas del Mediterráneo.
Finalmente, la cuestión de liderazgo. Europa ha perdido poder de decisión, manifestado claramente en los acuerdos de paz propuestos por Trump para Gaza y Ucrania, donde Europa es un mero espectador.
En cambio, el viejo continente ha tratado de solventar esta pérdida de autoridad a través de la gestión de crisis y la búsqueda real de soluciones mediante acuerdos de toda índole. En este sentido, la reincorporación de Siria es más un apoyo que un problema que ayude a la reorganización política de la región.
La crisis humanitaria y los números clave en Siria
Siria ha sido, y probablemente mantenga este estatus durante un tiempo, uno de los Estados más inestables del mundo. Hogar de las facciones de Al-Qaeda más radicales, la estabilidad política de Siria ha necesitado de la intervención internacional de las potencias militares más importantes del mundo. Aun así, el caos y la crisis humanitaria ha sido durante más de una década y media un verdadero quebradero de cabeza a nivel global.
Según estimaciones recientes, 16,5 millones de personas en Siria necesitan ayuda humanitaria; más de 7,4 millones siguen desplazadas internamente (IDPs); y alrededor de 6 millones viven como refugiados fuera del país, principalmente en países vecinos.
En 2025 han regresado, según cifras de Naciones Unidas, miles de personas: desde diciembre de 2024, coincidiendo con la caída del régimen de Bashar Al-Assad, unos 1,2 millones han retornado a sus hogares, incluyendo 885.000 desplazados internos y 302.000 refugiados.
A pesar de los retornos, claro síntoma de la recuperación del país, la mayoría tienen que empezar de cero, puesto que, a causa de la guerra, sus viviendas están parcial o totalmente destruidas y los servicios son mínimos. Claro síntoma de que la reconstrucción tardará y la inestabilidad puede resurgir en cualquier momento.
Las cifras nunca mienten. La llegada de Siria será clave para que los planes de Al-Sharaa de recuperar la estabilidad y hacer de Siria un país emergente, sin embargo, todavía hay mucho camino por delante.
La integración siria en la UFM es la prueba de que las medidas del nuevo Gobierno han calado en el ámbito internacional, que incluso podrían considerarse como “un voto de esperanza real” pese a que las heridas internas dentro del país siguen estando muy arraigadas.
La situación de la población y los retornos
La noticia del regreso de Siria tiene dos lecturas. Internamente, para el día a día de la población siria, este anuncio no tendrá un efecto inmediato, pero sí debe tomarse como un gran logro. Y de cara al exterior, es una prueba más de que la rehabilitación y la toma de buenas decisiones tiene su recompensa.
La brecha que ha marcado en la vida de los sirios la guerra civil, las primaveras árabes, las atrocidades de los grupos terroristas, las intervenciones internacionales y la dictadura en la que vivían sigue presente.
Lo vivido por millones de familias sirias durante 14 años, lejos de sus hogares y siendo víctimas de violencia constante tiene que ser el pilar sobre el que basar las mesas de diálogos, los foros y las decisiones por parte del propio Estado sirio y del resto de miembros.
La prolongación en el tiempo del conflicto ha dejado en el país a una generación que tendrá que ser atendida. El miedo es una sensación que aún sigue latente en todo el país.
Este conjunto de sensaciones no puede ser dejado de lado, sino que debe servir para abrir nuevas puertas para que Siria recupere su lugar en el mapa y se logre un “borrón y cuenta nueva”.
Posibles impactos y consecuencias para la región
Tal y como hemos recordado anteriormente, 14 años de ausencia siria son demasiados. Las claves geopolíticas, económicas y las actuales alianzas han cambiado por completo. En este contexto, la energía, la migración y la redistribución de nuevas asociaciones deberán ser estables y proporcionales para que la reincorporación siria tenga un impacto positivo, tanto individual como para el conjunto de los miembros.
Si la reconstrucción no avanza, los millones de refugiados que Naciones Unidas cifra podría regresar de nuevo a donde han pasado los últimos 14 años y el flujo de tráfico de personas, proliferación terrorista y demás cuestiones de seguridad resurgirán.
Lo mismo sucede con el establecimiento de nuevos proyectos energéticos. Una Siria estable y con alianzas fuertes puede favorecer a la región y situarla como un nuevo polo energético a nivel global. Ambas cuestiones no podrían darse sin una buena diplomacia que apoye a estas dos coyunturas que se presentan para la Unión del Mediterráneo.
Al‑Sharaa y los desafíos de gobernar un país en crisis
La crisis en Siria no ser va a terminar de un momento a otro. La incorporación a la UFM es un gran paso para terminar con ella, pero debe considerarse como una solución a las incertidumbres y la creación de oportunidades.
Todo dependerá de la fuerza de Al-Sharaa y su capacidad para no servir a intereses extranjeros y mirar por y para la población siria. De hecho, este ha sido el leitmotiv que ha seguido desde su llegada al poder.
“Queremos que esto marque un nuevo capítulo para Siria, reemplazando la ignorancia con conocimiento y el sufrimiento con misericordia. Nuestras prioridades son llenar el vacío de poder, preservar la paz civil y construir instituciones del Estado. La formación de un nuevo Gobierno hoy es una declaración de nuestra voluntad compartida de construir un nuevo Estado fuerte y estable que prioriza los intereses de la patria y los ciudadanos. Nuestros planes se centran en proteger a los ciudadanos y mejorar la estabilidad, convirtiéndolos en prioridades para el nuevo gabinete. Crearemos un Gobierno transitorio inclusivo que represente la diversidad siria, con hombres, mujeres y jóvenes, encargado de construir nuevas instituciones hasta que celebremos elecciones libres y justas. Anunciaremos en los próximos días un comité encargado de preparar la conferencia de diálogo nacional, una plataforma directa para escuchar diferentes puntos de vista sobre nuestro programa político de futuro. Perseguiremos a los criminales que derramaron sangre siria y cometieron masacres, ya sea que estén en Siria o en el extranjero, y estableceremos una verdadera justicia de transición tras la caída de Assad”, señaló Ahmed Al-Sharaa, presidente de Siria, en su primer discurso al frente del Gobierno.