Reunión de Estambul de los Hermanos Musulmanes

El presidente turco, Tayyip Erdogan, habla en el Foro Empresarial Malasia-Turquía durante su visita de trabajo a Malasia, en Putrajaya, Malasia, el 11 de febrero de 2025 - REUTERS/ HASNOOR HUSSAIN
El regreso de la organización por la puerta de las crisis abiertas
  1. De un proyecto de poder a una estrategia de reposicionamiento
  2. Yemen, la traducción sobre el terreno del encuentro
  3. Ataque a las fuerzas de lucha antiterrorista
  4. Sudán, la otra cara del mismo camino
  5. Europa en el círculo del efecto rebote

Mientras grandes ciudades europeas recibían el Año Nuevo con estrictas medidas de seguridad, ante el temor de atentados terroristas, Estambul acogía una reunión de alta sensibilidad de dirigentes y redes vinculadas a la organización de los Hermanos Musulmanes, en un momento regional delicado en el que confluyen guerras, colapsos estatales y el retroceso de los proyectos tradicionales del islam político.

Según informaciones de círculos especializados, en la reunión participaron representantes de ramas y redes de los Hermanos Musulmanes procedentes de Catar, Egipto, Yemen, Sudán, Líbano, Jordania, Argelia, Túnez, Libia, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Somalia, además de estructuras organizativas asentadas en Europa, entre ellas lo que se conoce como la Oficina de la Organización Internacional en Londres.

La importancia del encuentro no reside solo en la amplitud de la representación geográfica, sino también en su momento político, que plantea serios interrogantes sobre si la organización intenta relanzarse regionalmente a través de escenarios de conflicto, en lugar de por vías políticas que han fracasado o se le han cerrado.

De un proyecto de poder a una estrategia de reposicionamiento

Durante la última década, la organización de los Hermanos Musulmanes ha pasado de la posición de “alternativa política” a la de un movimiento cercado o excluido en la mayoría de los países árabes. Este retroceso no condujo a la desintegración de la red, sino a un cambio de función: del intento de acceso directo al poder a actuar como un actor flexible dentro de las crisis, aprovechando la fragilidad de los Estados y los conflictos armados.

En este contexto, la reunión de Estambul parece un intento de volver a coordinar los roles entre las distintas ramas y de definir escenarios prioritarios, encabezados por Yemen y Sudán, donde el Estado sigue siendo débil, las armas están disponibles y las alianzas son cambiantes, y donde la organización cuenta con apoyo militar y político saudí.

Yemen, la traducción sobre el terreno del encuentro

No se puede separar esta reunión de la aceleración de los acontecimientos en Yemen, y en particular en Hadramaut. En los días previos y coincidiendo con el encuentro, Hadramaut fue escenario de una escalada militar que incluyó ataques aéreos saudíes contra fuerzas contrarias a los Hermanos Musulmanes y contra instalaciones y emplazamientos estratégicos, además de movimientos de fuerzas yemeníes vinculadas a la corriente de los Hermanos, con apoyo directo de fuerzas respaldadas por Arabia Saudí.

Esta escalada no se interpreta únicamente como un conflicto local, sino como un ejemplo práctico de la reintegración de los Hermanos Musulmanes en el escenario militar, no como portadores de un proyecto nacional, sino como un instrumento dentro de una pugna de influencias más amplia, destinada a romper equilibrios existentes y debilitar a fuerzas locales que habían acumulado un poder independiente.

Ataque a las fuerzas de lucha antiterrorista

Lo más grave del panorama yemení es que esta escalada se produjo a costa de las fuerzas del sur, que en los últimos años desempeñaron un papel clave en la lucha contra el terrorismo, tanto frente a los hutíes como en la expulsión de Al Qaeda de Hadramaut en 2016, transformando Mukalla y su puerto en una zona segura para el comercio local e internacional.

Debilitar a estas fuerzas, o sacarlas de la ecuación del control, abre un verdadero vacío de seguridad y recrea el mismo entorno en el que anteriormente prosperaron las organizaciones extremistas, lo que genera una preocupación que va más allá de Yemen y alcanza a la seguridad regional y a la navegación internacional.

Sudán, la otra cara del mismo camino

En Sudán, la situación adopta un carácter aún más caótico. La guerra en curso ha provocado un amplio flujo de armas, con informes sobre un apoyo abierto a milicias extremistas que operan bajo diferentes denominaciones.

Al igual que en Yemen, no parece que el objetivo sea construir una autoridad estable, sino gestionar el caos de manera que permita el regreso de organizaciones expulsadas políticamente, a través de la vía de las armas y de alianzas temporales.

En este sentido, Yemen y Sudán aparecen como dos escenarios paralelos dentro de una misma estrategia: reciclar el islam político dentro de los conflictos, no dentro del Estado.

Europa en el círculo del efecto rebote

Para Europa, este proceso no resulta lejano. Los países europeos que durante décadas permitieron la actividad de redes vinculadas a los Hermanos Musulmanes bajo rótulos caritativos o civiles, se encuentran hoy ante una nueva realidad de seguridad, en la que se imponen restricciones a las celebraciones públicas y se agotan los recursos de seguridad, ante el temor de amenazas transfronterizas.

Observadores consideran que la prolongada tolerancia europea hacia la organización, sin un escrutinio suficiente de su estructura en red y de sus funciones transnacionales, contribuyó a crear una zona gris que las organizaciones ideológicas aprovechan para reposicionarse, incluso cuando están políticamente cercadas en sus países de origen.

La reunión de Estambul no puede tratarse como un simple evento organizativo, sino como una señal de un giro estratégico en la actuación de los Hermanos Musulmanes: del intento de gobernar, a la inversión en el caos.

Yemen y Sudán ofrecen hoy los primeros escenarios de prueba de este camino, mientras Europa se enfrenta de nuevo a una pregunta clave:

¿Sigue siendo seguro tratar a los Hermanos Musulmanes como un movimiento político “susceptible de ser contenido”, o el coste de esa tolerancia ya se está pagando en términos de seguridad y estabilidad dentro y fuera del continente?