Trump desafía a Jamenei: “Logremos un acuerdo o veremos si tenía razón sobre guerra regional”
- Escala de las protestas y respuesta del régimen
- Confrontación interna y efectos regionales
- Dimensión geopolítica y postura de Estados Unidos
- Perspectivas de cambio y persistencia del conflicto
El levantamiento de enero de 2026 no surgió de la nada, sino más bien fue el punto final de décadas de agitación, tanto a nivel local como nacional. Eventos en 2009, 2017, 2019 y 2022 mostraron una tendencia clara, siendo cada cual más contundente y con mayor alcance que el anterior.
En un principio, la fuerte devaluación del rial iraní fue el origen de las protestas, pero la represión que ocurrió después, con miles de fallecidos aceptados incluso por el dictador iraní, fue más grande que las masacres de 1981 y 1988. En este escenario, el relator de la ONU para los derechos humanos en Irán ha documentado más de 30.000 presos políticos ejecutados en 1988, el 90% de los cuales eran miembros de la Organización de los Muyahidines del PMOI/MEK.
Sin embargo, este levantamiento se caracteriza por su gran organización: miles de unidades de resistencia, jóvenes en su mayoría, que extendieron las protestas, se enfrentaron a las fuerzas de seguridad y protegieron a los manifestantes, a menudo a riesgo de sus propias vidas. Este es el cierre de más de seis décadas de esfuerzos continuos. Es el resultado de la lucha contra las dictaduras que se sucedieron en el país: primero la monarquía del Shah, y luego la República Islámica.
Escala de las protestas y respuesta del régimen
Al parecer, ha habido unos 4.000 espacios de protesta y hasta 100 puntos de manifestaciones o enfrentamientos solo en Teherán. La masacre reciente dejó claro que el verdadero enemigo del régimen no es Israel ni Estados Unidos, sino el pueblo iraní mismo.
Pese a la brutalidad, el levantamiento no ha muerto: ha entrado en una nueva fase de ataques de guerrilla urbana por parte de insurgentes jóvenes y unidades de resistencia que desafían directamente a la Guardia Revolucionaria de Irán en todo el país. Noticias de estos enfrentamientos se filtran ocasionalmente cuando se restablece brevemente el acceso a internet.
Confrontación interna y efectos regionales
Hay una confrontación existencial entre el régimen y su propio pueblo iraní. Ante desafíos muy grandes y una población descontenta, el régimen iraní actuó como en otras ocasiones: desviando la atención de una revuelta y aludiendo a que una posible intervención norteamericana podría generar un conflicto a gran escala en Oriente Medio.
Sin embargo, el conflicto ha desembocado en consecuencias muy duras para el régimen, sus aliados regionales en Siria, Líbano y hasta en Palestina se han debilitado o desaparecido, quedando su fragilidad aún más al descubierto.
Dimensión geopolítica y postura de Estados Unidos
La situación en Irán va más allá de sus fronteras; se ha convertido en una fuente de fricción geopolítica que involucra a Irán y a Estados Unidos. El fundamento del conflicto es una confrontación esencial entre el Gobierno teocrático y su propia gente, que ha alcanzado niveles de organización y radicalización nunca vistos.
Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de realizar una acción militar si continúa la violencia contra los manifestantes o si Irán avanza en su programa nuclear. Trump ha hablado de “opciones fuertes”, desplegado el grupo de ataque naval del USS Abraham Lincoln en el Golfo Pérsico como advertencia y mantenido abiertas las negociaciones, pero con “líneas rojas” claras.
El líder supremo, ayatolá Ali Jamenei, ha respondido con advertencias de una “guerra regional” ante cualquier ataque, posicionándolo como defensa legítima mientras niega ser el agresor.
Intentos de desescalada y narrativas sobre la resistencia
El jefe de la diplomacia iraní ha intentado bajar la tensión al afirmar que una guerra sería “catastrófica para todos” y que podría explorarse un acuerdo sobre no proliferación nuclear. Durante décadas, el régimen ha usado sus agencias de inteligencia y presupuestos masivos para marginalizar a la resistencia iraní en el exterior, difundiendo narrativas manipuladas para dividir a la población y debilitar movimientos como el de 2022.
Sin embargo, el debilitamiento del régimen no garantiza su caída por presión internacional o intervención militar extranjera. Solo el pueblo iraní, mediante una resistencia organizada, nacional y combativa capaz de enfrentar a una de las fuerzas represivas más violentas del mundo, puede lograr un cambio genuino.
Perspectivas de cambio y persistencia del conflicto
Irán no volverá al statu quo pre-levantamiento. Las causas raíz del descontento persisten sin resolverse, y los innumerables crímenes del régimen solo han profundizado la inestabilidad social.
Un retorno al pasado es impensable para una nación que ha pagado un coste humano tan alto; solo existe en la imaginación de un régimen que ha perdido toda legitimidad y capacidad de supervivencia a largo plazo.
La situación evoluciona en un delicado equilibrio entre la presión externa, las necesidades internas y los riesgos estratégicos regionales, pero el motor del cambio real reside en la resistencia interna del pueblo iraní.