Nubes negras en el este

El primer ministro polaco, Donald Tusk, celebra una reunión extraordinaria del Gobierno en la Cancillería con funcionarios militares y de servicios de emergencia, tras las violaciones del espacio aéreo polaco durante un ataque ruso contra Ucrania, en Varsovia, Polonia, el 10 de septiembre de 2025 - REUTERS/ KACPER PEMPEL
Alguien me dijo en una ocasión: “Una vez es casualidad, dos es coincidencia, tres es una acción del enemigo”
  1. Violaciones al espacio aéreo de la OTAN
  2. Acciones militares rusas y estrategia de guerra híbrida
  3. Implicaciones estratégicas para la OTAN
  4. Conflicto más amplio entre Rusia y Occidente
  5. Doctrina de guerra híbrida
  6. Percepción rusa de amenaza existencial
  7. Escenarios futuros para la OTAN

Violaciones al espacio aéreo de la OTAN

Si prestamos atención a lo sucedido en las últimas dos semanas, tanto en el flanco este de la OTAN como en varios aeropuertos europeos simultáneamente, esta frase no puede ser más acertada.

Por concretar: 19 drones entran en espacio aéreo de la OTAN obligando a activar la defensa aérea, con la participación de cazas de varios países incluida y que, por cierto, sólo fue capaz de derribar a 4 de ellos. Tres cazas Mig 31 entran en el espacio aéreo de Estonia y obligan a la actuación de cazas italianos para expulsarlos. Un ciberataque causa el caos en los aeropuertos de Bruselas, Berlín y Londres al colapsar los servicios de facturación.

Acciones militares rusas y estrategia de guerra híbrida

Las acciones militares y hostiles llevadas a cabo por la Federación Rusa contra el territorio de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde el inicio de la invasión de Ucrania en febrero de 2022 no constituyen una serie de incidentes aislados o accidentales. Por el contrario, si se realiza un análisis mínimamente exhaustivo de estos, se obtiene un patrón que nos indica que son parte de una estrategia deliberada y calculada de lo que se ha venido en denominar “guerra híbrida” o, más adecuadamente, “conflicto en la zona gris”. El objetivo de estas acciones no es otro que poner a prueba la determinación de la Alianza, estudiar sus tiempos de reacción, identificar asentamientos de determinados medios y exponer sus vulnerabilidades sin cruzar el umbral inequívoco de un ataque directo que tendría un resultado inmediato y nefasto para Rusia: la activación del Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, una conferencia de prensa en una cumbre de la OTAN en La Haya, Países Bajos, el 25 de junio de 2025 - REUTERS/ YVES HERMAN

Implicaciones estratégicas para la OTAN

A la vista está que hay un patrón claro de escalada en la naturaleza de estos incidentes. Inicialmente se registraron violaciones rutinarias del espacio aéreo de la alianza por aeronaves militares tripuladas, una práctica que data de mucho antes del conflicto. Esta táctica fue evolucionando hacia la caída de fragmentos de misiles y drones en países fronterizos, incluso el sobrevuelo esporádico de territorio OTAN por corto espacio de tiempo de sistemas aéreos no tripulados, y ha culminado ahora en una incursión masiva y deliberada de dichos sistemas, obligando a una respuesta de defensa activa por parte de la OTAN.

Las implicaciones estratégicas de esta serie de provocaciones son varias y multifacéticas. Por un lado, han tenido un efecto contrario al deseado, pues han servido para, en cierto modo, reforzar la cohesión y la razón de ser de la OTAN, impulsando a países tradicionalmente neutrales como Finlandia y Suecia a unirse a la Alianza. Del mismo modo, han obligado a la OTAN a adaptar su doctrina, a revisar y actualizar sus planes de defensa, reforzar su estructura con la creación de un nuevo JFC (Joint Force Command), el JFC Norte, cuyo cuartel general se ubica en Norfolk, Virginia y, como consecuencia de lo anterior, a fortalecer su flanco oriental con despliegues, tanto terrestres como de defensa aérea avanzados. Pero la otra cara de la moneda de los efectos de estos incidentes es que han servido también para poner de relieve la ambigüedad inherente en la respuesta a las amenazas en la zona gris, lo que obliga a la Alianza a buscar un delicado equilibrio entre la disuasión con la prevención de una escalada descontrolada. El riesgo de un error de cálculo, donde un incidente "accidental" sea el detonante de una confrontación directa de imprevisibles consecuencias, sigue siendo la principal amenaza para la seguridad, no sólo en la región, sino global.

El logotipo de la OTAN se ve en una reunión del Consejo del Atlántico Norte - REUTERS/ JOHANNA GERON

Conflicto más amplio entre Rusia y Occidente

Puede sonar extraño, pero aún hay quien no entiende que la agresión actual de Rusia contra Ucrania no comenzó en febrero de 2022, sino que se enmarca en un conflicto más amplio con raíces que se remontan a 2014, con la anexión de Crimea y el inicio de los enfrentamientos en el este de Ucrania, en la región del Donbás. A partir de ese momento, la relación entre Rusia y Occidente entró en una fase que se podría asimilar a una montaña rusa, nunca mejor dicho, pero con un deterioro progresivo marcado por una escalada de tensiones militares y diplomáticas. Los preparativos para la invasión a gran escala de 2022 se iniciaron con unos supuestos ejercicios que sirvieron para justificar un aumento desproporcionado de la presencia militar rusa en la frontera con Ucrania en 2021. Ya entonces, ante tal despliegue y su prolongación en el tiempo, así como por la observación de los movimientos de las unidades, que poco a poco fueron ocupando lo que se denomina “bases de partida” (posiciones previas a un ataque) algunos afirmamos que la invasión era inminente, en contra de lo que reconocidas voces propagaban asegurando que todo eran imaginaciones nuestras. Durante el periodo previo a la invasión, las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia en Ginebra a principios de enero de 2022 revelaron las principales demandas de Moscú, que pedía el cese de la expansión de la OTAN hacia el este y el fin de las actividades de la Alianza en países como Polonia, Rumanía, Bulgaria y los estados bálticos, pero además con una serie de exigencias para con Ucrania, que pretendían que fueran negociadas por actores externos, lo cual evidentemente, ante un raro predominio del sentido común, no sucedió. Sólo Ucrania es dueña de su destino y no era admisible que otros decidieran por ella. La más que previsible falta de acuerdo en estas conversaciones fue el último y determinante indicador de que la invasión comenzaría poco después.

El primer ministro polaco, Donald Tusk, celebra una reunión gubernamental extraordinaria en la Cancillería del Primer Ministro con funcionarios militares y de servicios de emergencia, tras las violaciones del espacio aéreo polaco durante un ataque ruso contra Ucrania, en Varsovia, Polonia, el 10 de septiembre de 2025 - REUTERS/ KACPER PEMPEL

Doctrina de guerra híbrida

La raíz de las acciones rusas en el flanco oriental de la OTAN se comprende mejor a través del prisma de la mal llamada “doctrina de guerra híbrida”. Pero independientemente de cómo la denominemos, y como hemos detallado muchas veces, ésta consiste en la combinación de tácticas convencionales y no convencionales, como el sabotaje, los ciberataques y, eventualmente como ahora, las violaciones del espacio aéreo. El propósito subyacente de estas tácticas es valorar la verdadera cohesión de los aliados, intentar la desestabilización interna de estos y aumentar la presión sobre los estados miembros de la Alianza. Estas acciones están diseñadas para poner a prueba la determinación de la OTAN y su capacidad de respuesta, mientras se evita una confrontación directa que podría degenerar en un conflicto a gran escala (no podemos pasar por alto que los 19 drones resultaron ser señuelos, aparatos sin carga explosiva real que se usan junto con los reales para saturar de ese modo las defensas). La ambigüedad es un componente central de esta estrategia, ya que los incidentes a menudo pueden ser atribuidos a "errores", "desvíos" o, incluso como en el último caso, a las acciones de guerra electrónica del país agredido, es decir, culpar a la víctima de lo sucedido, lo cual es el culmen de este tipo de acciones, lo que le permite a Rusia negar la intención directa de agresión.

Miembros de los servicios de emergencia trabajan en el lugar de un ataque con misiles rusos, en medio del ataque de Rusia contra Ucrania, en Sumy, Ucrania, el 13 de abril de 2025 - REUTERS/ SOFIIA GATILOVA

Percepción rusa de amenaza existencial

Además, hay otro motivo muy importante para lo que está sucediendo. Desde la óptica rusa, y aun teniendo nosotros la convicción de que están errados, su percepción de una amenaza existencial por parte de la OTAN es real. Según el análisis de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Rusia es consciente de sus limitaciones (gran parte de las cuales han quedado de manifiesto durante estos tres últimos años), y tiene una gran preocupación desde hace años por la creciente superioridad aeroespacial convencional de Occidente. Desde su perspectiva, la fuerza de combate aérea de la OTAN podría neutralizar hasta el 90% de sus fuerzas nucleares estratégicas en cuestión de unos pocos minutos. Esta ansiedad explica que se recurra frecuentemente a violaciones del espacio aéreo, tanto por aviones de combate como por drones, como una forma de evaluar las defensas de la OTAN y recopilar información sin un enfrentamiento directo. Y, aun a riesgo de parecer un disparate, hemos de sospechar que eso es precisamente lo que ha sucedido sobre los cielos de Polonia.

Rusia necesita conocer con la mayor exactitud posible, no sólo los tiempos de reacción, situación de los sistemas antiaéreos, efectividad de los medios empleados…etc., sino la determinación de la Alianza y la verdadera capacidad de activación de los sistemas de defensa común.

Un camión arde en el lugar del ataque con misiles rusos, en medio del ataque ruso contra Ucrania, en Zaporiyia, Ucrania, en esta imagen difundida el 16 de septiembre de 2025 - Administración Militar Regional de Zaporiyia vía Telegram vía REUTERS

Escenarios futuros para la OTAN

¿Qué sucedería si, en lugar de 19 drones, más de 200 o 300 hubieran entrado en el espacio aéreo polaco? ¿Y si en lugar de tres cazas son 12 o 15 los que penetran simultánea o sucesivamente por diferentes lugares y en grupos de 3 o cuatro?

Hay que tener en cuenta además que, para derribar unos drones, cuyo coste es unas pocas decenas de miles de dólares, se emplearon misiles de más de dos millones. ¿Cuánto tiempo podría la Alianza sostener oleadas sucesivas de drones, tanto por el coste como por el número de misiles disponibles?

Es esta una forma además de detraer recursos que se están suministrando a Ucrania, pues ante una amenaza real de otros posibles “errores” o de un ataque deliberado, la OTAN necesita acaparar todos los recursos posibles.

Se trata al fin y al cabo de ponernos en una situación si, no imposible, sí muy complicada, donde se van a poner a prueba la determinación y la capacidad de la Alianza.

Un agente de policía polaco se encuentra cerca de un fragmento de un vehículo aéreo no tripulado (UAV) después de que drones rusos violaran el espacio aéreo polaco durante un ataque contra Ucrania y algunos fueran derribados por Polonia. Esto se ve en Czesniki, Voivodato de Lublin, Polonia, el 10 de septiembre de 2025 - Polsat News vía REUTERS

Si a todo lo anterior añadimos la reticencia subyacente en las sociedades occidentales a entrar en cualquier tipo de conflicto, una actitud que nos atrevemos a decir que raya en la cobardía, y la instigación de todo tipo de movimientos que supongan altercados, enfrentamiento y división dentro de esas sociedades, tenemos todas las piezas del puzle para determinar que nada de lo que está pasando es casual.

Rusia sabe que un enfrentamiento convencional contra la Alianza sería un suicidio, pero también conoce muy bien la reacción de nuestra sociedad ante la posibilidad de un conflicto armado con la segunda potencia nuclear del globo. Por ahora está jugando con los nervios de occidente, de su sociedad; está creando poco a poco una sensación de inseguridad y un ambiente que induce a pensar en una situación prebélica, que hará pensar a muchos y preocuparse a otros. Entre sus cálculos cuenta con que un combate localizado y limitado, cuya responsabilidad pudiera además atribuir a la OTAN (provocado por ejemplo por el derribo de uno de sus aviones), tal vez pudiera reportarle ciertos beneficios y volver a situarla en el lugar que considera que le corresponde. No podemos obviar que, tras tres años de guerra y sanciones (aunque no todo lo efectivas que debieran), la situación de Rusia no es buena, pero se ha adaptado a vivir en disposición de guerra, y puede que su única salida para no fracasar ante todos y ante sí misma sea provocar eso que otras veces mencionamos y que tan controvertido fue: escalar para desescalar.