La sombra del Sahel: insurgencia híbrida, mercados políticos y gobernanza criminal en la configuración de una amenaza sistémica transcontinental

Combatientes de la CMA (alianza rebelde tuareg) inspeccionan un vehículo blindado dañado, que se dice que fue utilizado por mercenarios de Wagner que participaron en enfrentamientos contra rebeldes tuareg en el noreste de Mali, cerca de Tinzaouaten, Mali, en julio de 2024 - PHOTO/ Coordinación de Movimientos Azawad vía REUTERS
Analizaremos la evolución del Sahel como un espacio estratégico de inseguridad compleja, donde convergen insurgencia yihadista, economías criminales transnacionales y rivalidades geopolíticas externas
  1. El Sahel como paradigma de conflictividad contemporánea
  2. Insurgencia híbrida: superación del paradigma insurgente clásico
  3. ⁠El “political marketplace”: poder, lealtades y transacciones
  4. Gobernanza criminal: orden, extracción y legitimidad armada
  5. Economía política de la violencia: recursos, clima y conflicto
  6. Internacionalización y competencia estratégica
  7. Proyección hacia Europa: implicaciones estratégicas
  8. ⁠Conclusiones: el Sahel como espejo del futuro de la violencia organizada

Se sostiene que los grupos armados, especialmente Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) y el Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS), han transitado de insurgencias ideológicas clásicas hacia modelos de insurgencia híbrida, combinando control territorial, provisión selectiva de servicios, y participación en mercados ilícitos, lo que les permite sostener su poder de manera autónoma y resiliente frente a presiones militares.

Se incorpora el marco conceptual de “political marketplace”, que describe la negociación constante de lealtades y recursos en contextos de Estado débil, mostrando cómo los grupos yihadistas se insertan en estas dinámicas para consolidar influencia y legitimidad. Asimismo, se aplica el concepto de “criminal governance” para explicar cómo los actores armados ejercen funciones tradicionales del Estado mediante economías ilícitas, estableciendo sistemas de justicia paralela, recaudación y control social, lo que asegura su supervivencia y proyección de poder.

Examinaremos la relación entre factores estructurales —fragilidad estatal, conflictos intercomunitarios, cambio climático— y dinámicas transnacionales de crimen y terrorismo, evidenciando la proyección directa e indirecta de estas amenazas hacia Europa, particularmente España, a través de flujos ilícitos y redes de radicalización digital. Finalmente, se concluye que la complejidad del Sahel exige estrategias integrales que combinen seguridad, gobernanza, desarrollo y cooperación internacional sostenida, pues su inestabilidad constituye un laboratorio avanzado de violencia organizada y un predictor de desafíos similares en otras regiones frágiles del sistema internacional.

Una fotografía de Iyad Ag Ghali, líder de una filial de Al Qaeda en África Occidental conocida como JNIM, se muestra en un monitor de video durante una conferencia de prensa celebrada por Els Woodke en Washington, el miércoles 17 de noviembre de 2021 - PHOTO/ ELS WOODKE via AP

El Sahel como paradigma de conflictividad contemporánea

El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más ilustrativos de las transformaciones profundas que ha experimentado la violencia organizada en el siglo XXI. Lejos de responder a los patrones clásicos de insurgencia ideológica o guerra civil convencional, la conflictividad saheliana encarna una forma avanzada de violencia híbrida, donde se superponen lógicas insurgentes, criminales y políticas en un entorno caracterizado por la fragilidad estatal estructural. Esta convergencia no solo explica la persistencia del conflicto, sino también su capacidad de adaptación, expansión territorial y proyección transnacional.

Desde esta perspectiva, el Sahel no debe analizarse como un conjunto de crisis nacionales desconectadas, sino como un sistema regional integrado, articulado por flujos ilícitos, alianzas armadas flexibles y mercados de poder informales. 

La amenaza que emerge de este sistema no se limita al espacio africano, sino que se proyecta hacia Europa mediante dinámicas de seguridad, criminalidad organizada y radicalización ideológica, situando al flanco sur europeo —y particularmente a España— en una posición de vulnerabilidad estructural.

Un combatiente del Marco Estratégico Permanente para la Defensa del Pueblo de Azawad (CSP-DPA) asegura el perímetro durante una reunión de líderes del ejército rebelde tuareg en Tinzaouaten, norte de Mali, el 27 de noviembre de 2024 - REUTERS/ABDOLAH AG MOHAMED

Insurgencia híbrida: superación del paradigma insurgente clásico

El concepto de insurgencia híbrida resulta fundamental para comprender la naturaleza del yihadismo saheliano. A diferencia de los modelos insurgentes tradicionales —caracterizados por jerarquías rígidas, objetivos políticos definidos y dependencia de apoyo popular ideológicamente motivado—, la insurgencia híbrida combina múltiples repertorios de acción: violencia asimétrica, criminalidad organizada, control económico de territorios y provisión selectiva de servicios.

En el Sahel, grupos como JNIM e ISGS operan simultáneamente como movimientos insurgentes, redes criminales y autoridades locales de facto. Su legitimidad no emana exclusivamente de una narrativa religiosa, sino de su capacidad para gestionar recursos, imponer orden y ofrecer protección en contextos donde el Estado está ausente o actúa de forma predatoria. Esta multifuncionalidad les permite adaptarse rápidamente a cambios en el entorno estratégico, absorber derrotas militares parciales y reconfigurar sus alianzas sin perder coherencia operativa.

La insurgencia híbrida saheliana no persigue necesariamente la toma del poder estatal en un sentido clásico. Su objetivo principal es el control sostenido de espacios periféricos y rutas estratégicas, desde donde extraer rentas, proyectar influencia y condicionar la acción de los Estados centrales. Esta lógica explica la aparente paradoja de grupos que expanden su control territorial sin intentar capturar capitales nacionales o instituciones formales.

Una captura de pantalla de un video distribuido muestra a personas que los rebeldes tuareg dicen que son mercenarios rusos de Wagner con soldados de Mali en el noreste de Mali, cerca de Aguelhok, Mali, julio de 2024 - PHOTO/  Coordinación de Movimientos Azawad vía REUTERS

⁠El “political marketplace”: poder, lealtades y transacciones

El concepto de “political marketplace” resulta clave para analizar el funcionamiento interno de los sistemas políticos sahelianos. Este marco teórico describe contextos en los que el poder político no se ejerce principalmente a través de instituciones formales, sino mediante la compra y venta de lealtades, la redistribución de rentas y la negociación constante entre actores armados, élites locales y autoridades estatales.

En el Sahel, el Estado opera como un actor más dentro de este mercado político, compitiendo con grupos armados, líderes comunitarios y redes criminales por el control de recursos y apoyos. Las alianzas son inherentemente volátiles, determinadas por cálculos de coste-beneficio a corto plazo más que por afinidades ideológicas duraderas. En este contexto, la violencia se convierte en una herramienta de negociación, utilizada para reajustar precios políticos y redefinir equilibrios de poder.

Los grupos yihadistas han demostrado una notable capacidad para insertarse en este marketplace, ofreciendo protección armada, acceso a economías ilícitas y resolución de conflictos a cambio de lealtad o neutralidad. De este modo, la insurgencia no destruye el sistema político informal existente, sino que lo captura y lo reorganiza a su favor. Esta lógica explica por qué los golpes de Estado y los cambios de régimen no han alterado sustancialmente las dinámicas de inseguridad: el mercado político persiste más allá de las estructuras formales de gobierno.

Los jefes de Estado de Mali, Assimi Goita, el general nigerino Abdourahamane Tiani y el capitán de Burkina Faso Ibrahim Traore posan para fotografías durante la primera cumbre ordinaria de jefes de estado y de gobierno de la Alianza de Estados del Sahel (AES) en Niamey, Níger - REUTERS/ MAHAMADOU HAMIDOU

Gobernanza criminal: orden, extracción y legitimidad armada

La noción de “criminal governance” permite comprender cómo actores no estatales ejercen funciones tradicionalmente asociadas al Estado, utilizando actividades ilícitas como base material de su poder. En el Sahel, la gobernanza criminal no es un fenómeno marginal, sino un elemento central del orden social en amplias zonas rurales.

Los grupos armados establecen sistemas de justicia paralela, regulan el acceso a tierras y recursos, recaudan impuestos informales y garantizan la seguridad de actividades económicas —legales e ilegales— bajo su control. Aunque coercitiva y excluyente, esta forma de gobernanza resulta funcional para comunidades que carecen de alternativas institucionales. La previsibilidad de las normas impuestas por los grupos armados contrasta, en muchos casos, con la arbitrariedad y corrupción de las autoridades estatales.

Esta gobernanza criminal se sostiene mediante la integración en economías ilícitas transnacionales. El narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando de combustible y el tráfico de personas no son actividades accesorias, sino pilares estructurales del sistema. La capacidad de regular estos flujos confiere a los grupos armados una fuente de ingresos estable y una herramienta de control social.

Al igual que el grupo Ansar al-Islam y musulmán afiliado a Al-Qaeda está activo en el reclutamiento y la polarización de las filas de civiles frustrados - PHOTO/ARCHIVO

Economía política de la violencia: recursos, clima y conflicto

El análisis del Sahel exige integrar la dimensión ambiental en la economía política de la violencia. El cambio climático actúa como multiplicador de amenazas, intensificando la competencia por recursos escasos y erosionando los medios de subsistencia tradicionales. La desertificación, la variabilidad de las lluvias y la degradación de tierras agrícolas han exacerbado tensiones entre comunidades pastoriles y agrícolas, creando un caldo de cultivo para la movilización armada.

Los grupos yihadistas han instrumentalizado estos conflictos, posicionándose como árbitros armados y explotando agravios históricos. En este sentido, la violencia no es únicamente ideológica o criminal, sino profundamente política, anclada en disputas por acceso, control y redistribución de recursos en contextos de escasez estructural.

Internacionalización y competencia estratégica

La retirada de actores occidentales y la entrada de nuevas potencias han alterado el equilibrio estratégico regional, pero no han transformado las dinámicas fundamentales del conflicto. La presencia rusa y la expansión china se insertan, a su vez, en el “political marketplace” regional, negociando acceso, influencia y recursos con élites locales y regímenes militares.

Esta internacionalización fragmenta aún más los marcos de cooperación y dificulta la construcción de respuestas coherentes. La competencia entre actores externos refuerza la lógica transaccional del poder, reduciendo los incentivos para reformas institucionales profundas y favoreciendo soluciones de corto plazo basadas en la coerción.

Miembros de clanes tuareg mientras pastorean ganado en la tierra entre Koygma y Tombuctú, en el norte de Mali - AP/JEROME DELAY

Proyección hacia Europa: implicaciones estratégicas

La consolidación de un sistema de insurgencia híbrida y gobernanza criminal en el Sahel tiene implicaciones directas para Europa. Los flujos ilícitos que atraviesan la región alimentan redes criminales europeas, mientras que las narrativas producidas por los grupos armados circulan en espacios digitales transnacionales. España, como nodo logístico y frontera sur, ocupa una posición particularmente sensible en esta arquitectura de riesgos.

La amenaza no se manifiesta necesariamente en forma de atentados directos, sino a través de una erosión progresiva de la seguridad, la cohesión social y la gobernanza, mediada por economías ilícitas y dinámicas de radicalización difusa.

Esta fotografía sin fecha distribuida por el Ejército francés muestra a tres mercenarios rusos, a la derecha, en el norte de Mali. Rusia ha participado en operaciones militares discretas en al menos media docena de países de África en los últimos cinco años utilizando una fuerza mercenaria - AP/ EJÉRCITO FRANCÉS

⁠Conclusiones: el Sahel como espejo del futuro de la violencia organizada

El Sahel representa una manifestación avanzada de las transformaciones contemporáneas de la violencia organizada. La combinación de insurgencia híbrida, “political marketplace” y gobernanza criminal configura un sistema altamente resiliente, capaz de sobrevivir a intervenciones militares, cambios de régimen y presiones internacionales.

Para Europa y España, el desafío no consiste únicamente en contener los efectos inmediatos de esta inestabilidad, sino en comprender que el Sahel anticipa formas de conflictividad que probablemente se reproducirán en otros espacios frágiles del sistema internacional. Ignorar esta realidad equivale a aceptar que la sombra del Sahel seguirá proyectándose, de forma cada vez más intensa, sobre el espacio euroafricano.