El Aïd al-Adha: la Fiesta del Sacrificio

Por Suzanne Al-sammoudi Peláez 
Foto: Cuatro escenas del Aïd al-Adha en Marruecos.  
 
El Aïd al-Adha es una fecha muy importante para el mundo musulmán, puesto que se conmemora el día en que el profeta Ismael, hijo de Abraham, se salvó, por la misericordia de Allah, de ser sacrificado. El Aïd al-Adha, también conocido como Aïd El Kebir (la fiesta grande), se celebra setenta días después del Aïd al-Fitr, celebración que tiene lugar al finalizar el mes de Ramadán. Se produce al final de los 10 primeros días de Duhul-Hiyya, que son los días en los que se realiza la peregrinación mayor y que además es cuándo todo musulmán debería llevar a cabo su ayuno voluntario, similar al ayuno que se realiza durante el mes de Ramadán. En este día, toda persona que tenga recursos económicos, debe sacrificar un cordero, ternero o carnero en conmemoración al día en el que el Profeta Abraham, tras terminar de construir la Ka´aba, con su hijo Ismael, tuvo un sueño en el que Allah le reveló que debía sacrificar a su primogénito. El profeta Abraham no dudó en ningún momento en seguir las órdenes de Allah, pese a amar a su hijo por el que tanto esperó, obedeció al Creador  demostrando así ser un hombre sacrificado, obediente y gran Profeta. El hijo de Abraham, Ismael, conocedor del auténtico significado del sacrificio aun sabiendo lo que iba a acontecer, no puso pega alguna. Cuando iba a llevarse a cabo el acto, bajó el Arcángel Gabriel con un cordero. Y es que Allah, tras la sinceridad y obediencia del Profeta, le regaló dicho cordero para que fuese éste el sacrificado y no su hijo, ya que por su parte el “sacrificio” ya lo había realizado al demostrar ese amor por Su Señor y someterse a Su voluntad. Es por eso que cada año, tras la noche de Arafat  en el día del Aïd al-Adha, los musulmanes en honor a este pasaje de la vida del Profeta Abraham, sacrifican igualmente un cordero. 
 
Acto profético 
Uno de los errores más comunes que suelen darse es el hecho de llamar a esta fiesta  la “fiesta del cordero”, pues realmente se llama la fiesta del sacrificio, ya que el cordero ni es sagrado ni se conmemora ningún día por él. Como también hay quienes creen que por sacrificar un cordero, parte de sus pecados serán borrados. Esto tampoco es cierto, ya que el hecho de sacrificar al animal es, en realidad, para recordar el sacrificio personal que todo musulmán debe llevar a cabo y recalcar el beneficio de la generosidad, de la bondad con el resto de personas y la caridad a los seres humanos más necesitados. Durante la celebración de esta fiesta, los musulmanes recuerdan el acto profético y realizan la oración del Aïd en la mezquita. Después se realiza la Jutba (sermón), en la que el imam explica los beneficios de este día, recuerda a los más desfavorecidos e igualmente llama a todos los musulmanes a hacer el bien. Acto seguido cada familia sacrifica un cordero o cualquiera de los animales mencionados anteriormente, en su casa o en algún establecimiento autorizado para ello, invitando así a la familia, amigos y vecinos. Un tercio del cordero es donado a las personas menos favorecidas, otro tercio a familiares y amigos y el otro para la misma familia. En este día tan especial se debe recordar una vez más a los más necesitados, ayudarles en la medida que sea posible y tener presente la importancia de llevar a cabo cualquier sacrificio por aquello que anhelos y nuestro El Creador que es Allah.