Argelia enfrenta grave corrupción en sectores estratégicos

Vista de Argel - Depositphotos
Soborno y nepotismo son formas de corrupción instaladas en la Administración argelina

Argelia es un país marcado por la corrupción que azota a sectores clave nacionales. 

El país argelino trata de enfrentar este problema y ha intensificado recientemente sus esfuerzos para combatir la corrupción y mejorar la transparencia en servicios públicos clave, en particular en el sector del agua. Las medidas incluyen el despido de varios funcionarios tras informes oficiales y el aumento de las quejas ciudadanas por mala gestión, ejecución opaca de proyectos y presunta corrupción, con el fin de calmar la indignación pública ante una crisis prolongada.

Altas autoridades del sector de recursos hídricos destituyeron al director de la región de Djelfa, al jefe de la unidad de Djelfa de la Compañía Argelina de Aguas y al director de la unidad de Ain Oussera. Esta decisión se produjo tras las investigaciones de campo realizadas por un comité ministerial en Djelfa y Ain Oussera la semana pasada.

Los despidos se debieron a la mala gestión y a las crecientes quejas ciudadanas por la grave escasez de agua que afecta a varios barrios y municipios. Los residentes reportaron cortes que duraron hasta 20 días, lo que obligó a muchos a comprar cisternas a un alto precio. Si bien la región cuenta con numerosos pozos, la cobertura solo llegaba a la mitad de la población, con grandes disparidades entre distritos. La mala calidad del agua y la alta salinidad agravaron aún más la situación, obligando a los ciudadanos a buscar alternativas más costosas.

La corrupción ha sido durante mucho tiempo uno de los problemas más persistentes de Argelia, afectando a sectores vitales como la energía, las obras públicas, las finanzas y el agua. Los casos han proliferado debido a la escasa supervisión, la influencia política y la falta de transparencia en la gestión de los fondos públicos, lo que permite a algunos funcionarios explotar sus cargos para obtener beneficios personales en detrimento del interés público.

Fuentes bien informadas indicaron que los despidos se produjeron tras informes ministeriales detallados que documentaban deficiencias en la gestión y la ausencia de mecanismos eficaces de supervisión y rendición de cuentas, lo cual había afectado negativamente la vida cotidiana de los ciudadanos. Las autoridades describieron los despidos como el primer paso de un programa de reforma más amplio para exigir responsabilidades a los funcionarios corruptos y mejorar la eficiencia de la gestión de los recursos hídricos.

Las medidas se toman en medio de la reiterada escasez de agua en las ciudades argelinas, a pesar de las importantes inversiones en presas, plantas desalinizadoras y redes de distribución. Durante sus visitas, el comité ministerial, que incluyó a inspectores del Ministerio de Recursos Hídricos, propuso medidas prácticas para mejorar el suministro, como la reducción de las conexiones no autorizadas y la protección de los canales principales, en particular en el Ouled Said, en el sur de Argelia.

La crisis se extendió a la ciudad de Djelfa, donde residentes de varios distritos describieron la situación como “catastrófica” en medio de una ola de calor, a pesar de las reiteradas promesas gubernamentales de soluciones. Los despidos en la Compañía Argelina de Aguas de Djelfa son la primera acción tangible tras la visita del comité ministerial, y se espera que reformas estructurales más amplias restablezcan la confianza pública y garanticen una distribución de agua justa y constante.

Las autoridades han anunciado reiteradamente investigaciones judiciales contra funcionarios sospechosos y están preparando un nuevo plan que incorpora la digitalización y el monitoreo de campo para reducir la manipulación y la malversación de fondos. Los observadores afirman que estas medidas reflejan el reconocimiento gubernamental de la urgente necesidad de reformas estructurales para garantizar la sostenibilidad de los recursos hídricos y su distribución equitativa.

Se han tomado medidas similares en otros sectores por las mismas razones: corrupción, mala gestión y falta de transparencia. En octubre de 2024, por ejemplo, el Gobierno destituyó al director general de Sider El Hadjar, uno de los mayores complejos industriales de Argelia, a menos de 18 meses de asumir el cargo, por presunta mala gestión administrativa y financiera.

La corrupción en Argelia se manifiesta de diversas formas, en particular el soborno y el nepotismo, generalizados en la Administración pública. Contratos fraudulentos, malversación de fondos en operaciones de importación y exportación, mala gestión de proyectos de infraestructura, evasión fiscal y blanqueo de capitales han privado al erario público de recursos cruciales, privilegiando intereses personales o particulares por encima del bien común.

La corrupción ha afectado directamente a la economía nacional, ralentizando la ejecución de proyectos, aumentando el desempleo y la pobreza, y debilitando el clima de inversión. También ha erosionado la confianza pública en las instituciones y provocado oleadas de protestas, incluido el movimiento de 2019 que exigía reformas sistémicas y rendición de cuentas.

A pesar de los avances, los observadores afirman que el camino por recorrer aún es largo. Eliminar la corrupción requiere profundas reformas institucionales y culturales, el fortalecimiento de la integridad y la transparencia, así como el empoderamiento de la sociedad civil y una prensa libre. Los esfuerzos anticorrupción no se limitan a los procesos judiciales; forman parte de un proceso de reforma más amplio para construir un Estado sólido, responsable y equitativo.