Opinión

¿Es aplicable fuera de Marruecos el modelo de regionalización para el Sáhara?

Regionalización Sáhara_Marruecos

La propuesta hecha por el rey de Marruecos ante las Naciones Unidas de organizar un esquema de autonomía regional para resolver definitivamente y de manera participativa la cuestión del Sáhara Occidental, puede ser analizada desde dos ángulos diferentes. 

En primer lugar, es un modo de resolver un problema interno en Marruecos: el de las particularidades regionales, étnicas y lingüísticas. Marruecos, como la totalidad de países del continente, incluidos todos sus vecinos de África del norte, presenta un mosaico de tribus, tradiciones y especificidades locales que necesitan esquemas originales para su expresión política. Los Estados centralizados, indispensables para mantener la cohesión nacional en los albores de la descolonización, no han permitido el desarrollo del autogobierno regional, y hoy necesitan un nuevo marco de expresión. La autonomía o “regionalización avanzada” según los términos empleados por el Gobierno de Rabat, no sólo se aplica al territorio del Sáhara, la antigua colonia española, sino a todas las regiones del pais, el Rif, la Chauia, la Dukala, Tánger, y hasta doce regiones más que no coinciden siempre con las divisiones étnicas y lingüísticas. La propuesta marroquí es en definitiva un modelo de Estado, que tendría como punto de arranque el Sáhara Occidental, pero que englobaría el conjunto del reino alauita. 

En segundo lugar, el modelo autonómico regional, responde a las mismas necesidades estructurales que se plantean en todo el continente africano, y muy especialmente en los países del entorno de Marruecos: Mauritania, Argelia, Malí, Níger, Tunicia y Libia. En todos estos países sigue pendiente la resolución de la problemática de las especificidades locales desde el acceso de los mismos a la independencia política en los años 50 y 60 del siglo pasado. Por citar solo Argelia, la Cabilia, el Mzab, la región tuareg, los zenata, los sanhaya, se manifiestan periódicamente en favor de fórmulas avanzadas de autogobierno, que el poder central es reacio a conceder. 

¿Qué es la regionalización?

Antes de describir el esquema autónomico, conviene señalar que su aplicación en el caso del territorio del Sáhara, tiene dos vertientes: primera, como solución a un problema humanitario, el de las decenas de miles de refugiados saharauis en Argelia; y segundo, el de la forma de organización política. 

La tragedia humana de la división de las poblaciones del territorio, tiene diferentes flecos, siendo el más importante el del confinamiento de decenas de miles de refugiados en los campamentos de refugiados de Tinduf; al que se le añaden, los problemas derivados del “bloqueo” impuesto a Marruecos por la ONU y otros organismos internacionales como la Unión Europea, que consiste en impedir el libre comercio, las inversiones internacionales y los proyectos de desarrollo en el territorio del Sáhara. Este “bloqueo” paraliza las posibilidades de desarrollo económico-social y afecta al presente y futuro de las poblaciones que habitan el territorio.   

La aplicación del plan de regionalización supondría la superación del actual enquistamiento de la “solución política” propuesta por la ONU y reivindicada como un ultimátum irrenunciable por al Frente Polisario, el movimiento independentista que representa una parte de la población, y los países que lo apadrinan, Argelia y Sudáfrica principalmente, y que consiste en la organización de un referéndum de autodeterminación con opción principal la independencia. Dicha “solución” está actualmente en manos de las Naciones Unidas. Durante más de 40 años, los innumerables contactos, conversaciones, mediaciones y encuentros públicos o privados “entre las partes en conflicto”, no han dado ningún resultado. Seis Secretarios Generales de la ONU han sido incapaces de encontrarle una salida. 

Igualmente, la puesta en marcha de la propuesta autonómica, permitiría comenzar a resolver la cuestión humanitaria, dando paso a la vuelta de los refugiados a sus lugares de origen, el rencuentro de familias, y el levantamiento del bloqueo indispensable para permitir el desarrollo socio-económico de las poblaciones que habitan la región. 

Una regionalización avanzada, que seria cercana al sistema autonómico español, a los Landers alemanes e incluso al sistema federal suizo, crearía las condiciones para que los habitantes del Sáhara auto-administraran sus propios recursos; dispusiesen de las fuerzas y capacidades suficientes para llevar a cabo los planes de desarrollo económico y empresarial del territorio; construyesen e impulsasen las estructuras sociales y culturales necesarias; y se movilizaran para participar en la vida política e institucional. 

El Plan de Autonomía avanzada es algo concreto, realista, que permite iniciar la recuperación de los cuatro decenios perdidos en guerra, exilio y sufrimientos de sus habitantes. Es un Plan que se puede llevar a la práctica a corto plazo. Sólo necesita el acuerdo entre las partes y entre los países concernidos. Un acuerdo que puede y debe ser refrendado y supervisado por las instancias internacionales competentes; un acuerdo que es una puerta abierta al futuro. Persistir en el bloqueo y en la búsqueda de una tan hipotética como imposible “solución política basada en el derecho de autodeterminación”, es un crimen contra la Humanidad, perpetrado contra una población indefensa. 

Ejemplo para África

Es ahí donde el “modelo” deja de ser un asunto interno marroquí-saharaui, para convertirse en posibilidad concreta de hacer frente a la problemática de los países del continente africano. La gran variedad de etnias, de creencias religiosas, de lenguas y dialectos, de tribus que conforman la inmensa mayoría de países africanos, generan situaciones de enfrentamiento social, político y a menudo militar, que despedazan África. La crisis en Mali y la guerra civil en Libia, son dos ejemplos contundentes y muy cercanos. 

Por tales razones, el modelo territorial que Rabat se dispone a implantar, es visto como un escenario a seguir para evitar rupturas y escisiones territoriales. La mayor parte de países africanos, surgidos de la descolonización de los años 50 y 60, poseen estructuras administrativas estatales híper-centralizadas, herencia del jacobinismo del estado colonizador, sea Francia, Italia o Gran Bretaña.

Por lo que un modelo de descentralización avanzada, con capacidad de autogobierno para las poblaciones que lo habitan, el manejo de sus recursos naturales y la administración de la economía, la sociedad y la cultura locales, aparece como idóneo y factible de combinarse con la necesaria centralización estatal de la defensa, la moneda, la bandera y la representatividad internacional; un modelo, en suma, que necesita elecciones libres, abiertas y democráticas, de las que resulte un gobierno local anclado al nuevo esquema estatal. Sería una solución realista para el Sáhara, la solución idónea a la crisis libia y la solución que necesita el hiraq argelino que busca un nuevo modelo de organización del Estado.