Opinión

Eurovisión frena la escalada de violencia en Gaza

Víctor Arribas

Israel y Hamás se conceden una pequeña tregua en medio de los enfrentamientos que han causado casi cuarenta muertos en pocos días en la Franja de Gaza. La crisis bélica es la más grave en los últimos cinco años y ha estallado, una vez más, por el lanzamiento de proyectiles por el grupo terrorista Hamás junto a Yihad Islámica, y la respuesta del ejército israelí empleando medios destructivos para atacar posiciones de los agresores. Técnicamente, la escalada ha comenzado con los disparos de un francotirador contra una patrulla israelí. Y otra vez más una parte de la comunidad internacional considera sólo a una de estas dos partes como culpable y responsable de lo que en realidad es una culpabilidad compartida por israelíes, palestinos y la propia historia de lo mal que se hizo todo en esta parte del mundo castigada por el odio como es Próximo Oriente.

La coincidencia de esos ataques contra Israel con el inicio del Ramadán establece una posible causalidad en el origen de este episodio bélico entre ambas partes. Por mucho que se repita lo contrario, los ataques de Israel contra los territorios palestinos suelen producirse en respuesta a una agresión previa, que viene de organizaciones que han jurado su destrucción total y la de sus nacionales. En su carta fundacional, Hamás establece que “Israel seguirá existiendo hasta que el islam lo destruya”. La misma diatriba que repiten sus Estados vecinos.

El Estado de Israel ha perdido durante mucho tiempo la batalla de la propaganda, porque su único fin como país y como sociedad ha sido defender su integridad y repeler los ataques exteriores, muchos de ellos con forma artesanal de cohetes lanzados desde posiciones palestinas. Desde hace muchos años, a Occidente llegaban seleccionadas las imágenes de los efectos de la actuación militar con daños en la población civil, cuyos niños han sufrido desgracias terribles publicitadas en los informativos de la tarde en todo el planeta. Pero esa batalla empieza a preocuparles, y por eso en esta crisis bélica estamos viendo ya incluso videos en las redes sociales de todo el mundo mostrando cómo impactan esos proyectiles en territorio israelí: impactos en las calles mientras una familia viaja plácidamente en su coche, impactos en escuelas donde milagrosamente no alcanzan a ningún niño por la orden de evacuación previa.

Es la forma más lógica de contrarrestar esa visión eternamente antisemita que pone a buena parte del mundo a favor de la ciudadanía palestina sin reparar en el sufrimiento que esta situación enquistada hace décadas causa a la ciudadanía israelí. Incluso hemos visto la secuencia de la voladura del vehículo en el que viajaba Hamed Ahmed Khudari, el terrorista al que se atribuye la financiación de los materiales con los que los cohetes son fabricados. Sólo el término ‘cohete’ frente a los ‘bombardeos’ del ejército ya está lleno de parcialidad y doble rasero. Hay informes que otorgan a esos ‘cohetes’ la facultad de burlar las defensas antimisiles, con ingenios tecnológicos que distan mucho de haber sido fabricados de forma casera en las precarias viviendas palestinas que apenas si tienen agua corriente.

Israel tiene todo el derecho que asiste a cualquier nación del mundo a defenderse de las agresiones que sufre en un entorno no sólo hostil contra él, sino ávido de destruir todo lo que es y representa. Si buscamos la imparcialidad que se le supone al resto del mundo, las condenas no deberían ser selectivas, y debían incluir por igual a los liderazgos de Benjamin Netanyahu y de Hamás, que no son capaces de sentarse a dialogar para erradicar la violencia que destruye proyectos vitales y familiares a ambos lados de la frontera. Y los inspiradores que calientan aún más el clima de guerra, como Trump, en lugar de inspirar soluciones pacíficas que hagan convivir a dos países tan lejanos en sus mentalidades, pero tan cercanos en el mapa.

Al final va a ser el factor Eurovisión, el festival que tendrá lugar en Tel Aviv, el que condicione la continuidad de esta escalada bélica, pero serán los israelíes los que den el paso adelante: interrumpir sus operaciones militares contra objetivos palestinos en la franja hasta que pase el certamen musical del que estarán pendientes millones de espectadores. El mismo festival que ha sido atacado y descalificado este año por ser albergado en la próspera y admirable ciudad israelí, que puede ser alcanzada en una ofensiva palestina con los consabidos cohetes.

Más ambiciosa que este paréntesis euromusical, la iniciativa egipcia auspiciada por Naciones Unidas merece tener un recorrido mínimo que haga albergar esperanzas de que esta aún pequeña crisis finalice, y de que se encaucen las soluciones a las graves deficiencias que padece la población en Gaza: desempleo, posibilidad de realizar labores de pesca dentro de las quince millas náuticas y la llegada de ayuda humanitaria junto al suministro eléctrico estable.