Opinión

Imran Khan, un chivo expiatorio para la Casa Blanca

Los problemas entre Estados Unidos y Pakistán

Santiago Mondéjar

Recientemente en estas páginas ("Islamabad se asoma al abismo, Atalayar 4 de julio de 2019") planteamos la conjetura de que, ante la vertiginosa situación financiara de su país, el primer ministro de Pakistán pudiese tratar de alcanzar una entente a la desesperada con EEUU, haciendo de la necesidad virtud gracias a la coyuntura por el ruido de sables en torno a Irán. Este podría ser uno de los puntos a tratar de manera prioritaria en la visita oficial de trabajo en la Casa Blanca que Imran Khan llevará a cabo a partir del próximo día 22 de julio. La aparente buena disposición de Trump a dar la bienvenida a Khan, tan solo un año después de que el presidente norteamericano -un dirigente que ve la política en términos transaccionales- amonestase públicamente al jefe de gobierno paquistaní con la acusación de ir en contra de los intereses americanos en Afganistándarían verosimilitud a esta posibilidad, por más que a día de hoy sigue siendo una incógnita si Khan ha sido invitado o convocado a la Casa Blanca, a instancias de la todopoderosa oligarquía militar que lleva las riendas de Pakistán. La prontitud con la que la cita ha sido aceptada apuntan a los críticos imperativos y necesidades a los que está sometido el Primer Ministro de Pakistán.

La sombra de Irán se proyecta sobre Afganistán, convirtiendo virtualmente a Imran Khanen un convidado de piedra en Washington, donde presumiblemente se verá obligado a escuchar la lista de demandas de Estados Unidos sobre Pakistán en relación con Afganistány tomar nota de las expectativas del Pentágono para Pakistán en el caso de que se EEUU lleve a cabo una intervención militar en Irán. En el menú de la Casa Blanca es previsible que destaque el sapo del corredor Chino-Pakistaní, que molesta a Estados Unidos hasta el punto de que seguramente hará todo lo posible para que se lo traguen Khan y los militares que le tutelan,  a cambio de cualquier alivio nominal de sus conspicuos apuros económicos. En los postres no faltará sin duda el espinoso asunto del arsenal nuclear de Pakistán, que tiene el potencial de desatar una incontrolable escalada atómica en la región, que a priori perjudica los intereses de los Estados Unidos en la región, y que presentan por otra parte el potencial de que acabe en parte o totalmente en otras manos,  si el estado pakistaní sufre un súbito colapso sistémico,  como el que auguran consistentemente todos los indicadores económicos desde hace algún tiempo.

No se le debe negar a Imran Khan cierta habilidad para haber creído que podía emular al caballero cruzado que juega con la muerte en El séptimo sello de Ingmar Bergman, ganando tiempo gracias a ser una pieza coyunturalmente útil,  que ha sabido sacarle partido táctico a la lucha por la hegemoníaentre Estados Unidos y China, cuyo teatro de guerra comercial ha permitido a Pakistán obtener liquidez proveniente de Beijing con la que calmar temporalmente las aspiraciones de sus militares. 

Ahora,  sin embargo, este punto dulce ha podido ya quedar atrás, y es más que posible que en la Casa Blanca, Pakistán sea aleccionado sobre las razones por las que ahora Pakistán se encuentra desesperadamenteen el sitio y en el momento equivocadosen el tablero dela disputa entre China Estados Unidos, en la que lejos de mover piezas, no es más que otro peón desechable por cualquier de los dos jugadores reales, Washington y Beijing. Ésta última seguirá con sumo interés los acontecimientos que anunciará la rueda de prensa de Trump en la Casa Blanca tras su encuentro con Khan y su delegación multinivel, aunque dado lo que China se ha jugado en la región,  no es esperable que se quede a verlas venir, y es posible que Xi Jinping decida expeditar el establecimiento de la proyectada basenavalchina en Gwadur para proteger sus astronómicas inversiones en la terminal. Tampoco Modi se quedará ocioso en la India, viendo como verá con indudable regocijo como su archienemigo nacional es humillado públicamente junto al Potomac,  lo cual puede incitarle a tentar su suerte en Cachemira,  si llega a la conclusión de tener delante a un Khan capado por Trump. 

Todo esto solo puede conducir a que se instale la irritación y el resentimiento entre los militares paquistaníes, que en definitiva han sucumbido a las presiones norteamericanas yobligado a los talibána tomar parteen las inoperantes conversacionesde paz deDoha, que ni han dado por fruto alguno, ni tienen visos de llegar a darlo, dada la presión norteamericana para que los talibán acepten la participación  de Mohammad Yaqub Haidari, gobernadorde Kabul,  en la siguiente ronda de negociaciones, algo que siendo anatema para los líderes talibán, ha hecho perder influencia a los militares pakistaníes frente a sus interlocutoresen Afganistán. La visita de Khan a EEUU puede acabar abriendo a las bravas una espita que desborde a todos los agentes implicados en la región.