Opinión

Las posibles consecuencias del ataque en Arabia Saudí

Las acciones saudíes cayeron un tres por ciento al inicio del comercio el 15 de septiembre de 2019, la primera sesión después de que los ataques con aviones teledirigidos contra dos importantes instalaciones petroleras destruyeran más de la mitad de la producción del reino

Los teletipos de todo el mundo han repicado este fin de semana una noticia nada aconsejable para la paz en Oriente Próximo: un ataque con drones a la mayor refinería de Arabia Saudí, la de Abqaiq, y al campo petrolífero de Khurais. De inmediato se han sucedido las valoraciones sobre el alcance de lo ocurrido y sus efectos en la peligrosa zona del mundo donde confluyen tensiones de todo tipo, incluidas las relacionadas con la producción de energía. Algunas informaciones hablan de que las consecuencias han podido dañar la mitad de la capacidad productora del Reino Saudí.

La incógnita que se abre es qué ocurrirá ahora en el mercado petrolífero, qué consecuencias tendrá este incidente tras anunciar Riad que efectivamente reducirá la producción de barriles en su territorio. El suministro de crudo a nivel mundial se verá afectado sin lugar a dudas, pese a que las reservas de Arabia Saudí en países como Holanda y Japón son importantes y otros países han ofrecido ya las suyas para solventar la posible caída en la oferta.

La firma productora que ha sufrido el ataque ya ha señalado que los daños son cuantiosos y se tardará varias semanas en proceder a su reparación, lo que hace imposible no pensar en sus efectos inmediatos en el precio del petróleo, que en el arranque de semana ha subido un diez por ciento en el mercado de futuros de Londres. El crudo Brent se dispara. Para mitigar los daños, EEUU reactiva sus reservas con el fin de garantizar el suministro a nivel mundial. Si hay un escenario tranquilizador en toda esta crisis aún en fase latente es que la primera potencia mundial es autosuficiente en materia energética y muy especialmente en lo que hace a la producción de petróleo. 

Hay consecuencias también geoestratégicas, ya que el avispero con epicentro en Irán podría agitarse. La administración norteamericana ya ha acusado al régimen de los ayatolás de estar detrás de este ataque desde el cielo, que no es el primero. Las instalaciones petrolíferas del Golfo Pérsico, incluyendo plantas de producción y buques, se han convertido en objetivo de una nueva guerra en la que las empresas productoras no se libran de ser objetivo abierto. Hace unos años, un ataque en la red de Internet contra Aramco provocó problemas funcionales en su operativa, y hasta un coche bomba ha sido estrellado contra sus instalaciones.

En el tablero internacional las piezas tiemblan en este arranque de semana. Las declaraciones de Mike Pompeo acusando directamente a Teherán no ayudan, pero el Secretario de Estado norteamericano no fue tan lejos como Donald Trump, que ha vuelto a hacer sonar tambores de guerra al escribir en Twitter: “Estamos... armados y listos”. Es un anuncio claro de que habrá respuesta cuando se confirme la autoría de este ataque, cuando los saudíes expliquen al mundo quién está detrás del atentado y “bajo qué términos proceder”.

Las miradas se han dirigido tras esta respuesta estadounidense al presidente de la República Islámica de Irán Hasan Rohaní, de quien se sospecha que podría estar detrás de las acciones de los rebeldes hutíes. Como es habitual desde que Trump ocupa la Casa Blanca, ni una sola de sus declaraciones contra los ayatolás queda sin respuesta. Ha respondido a EEUU esgrimiendo a la Guardia Revolucionaria. Sus fuerzas podrían responder a un ataque norteamericano atacando a su vez cualquier base de las asentadas en la zona. Como ha dicho un general iraní, la región es “un barril de pólvora”. Nada tranquilizador, como puede observarse si se analizan las consecuencias probables de lo ocurrido este domingo. 

Los otros actores en esta crisis post veraniega son los protagonistas en la zona. El líder de Arabia Saudí, el príncipe Mohamed Bin Salman, a quien el ataque causa grandes destrozos como productor de crudo, pero le garantiza también un papel de víctima que le redime en alguna medida ante el rechazo internacional por el asesinato en Turquía del periodista Jamal Khashoggi, y justifica el apoyo de un Trump que no podía seguir dando soporte a un gobierno sobre el que recaía una sospecha de tal calado.

Los hutíes de Ansarolá tienen también su cuota de protagonismo en el tablero porque actúan desde Saná en respuesta a los ataques de Arabia Saudí desde que derrocaron al presidente de Yemen hace cuatro años.

Y por supuesto, los diez drones Qasef K2 de fabricación yemení, utilizados en el ataque cargados de explosivos y que confirman lo barato que es organizar agresiones por aire a cualquier tipo de instalación. Por menos de 15.000 dólares se pueden adquirir en el mercado de armamento.