“Es necesario gestionar la migración, no frenarla”, según Óscar Ruiz

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Henar Hernández

Pie de foto: El experto en Migraciones del Tercio de la Armada, Óscar Ruiz, participa en el Curso de Verano de Atalayar 'Magreb, Oriente Medio y Europa: Entendimiento entre culturas. Relaciones y desafíos'. ATALAYAR

“La migración es un fenómeno actual, cuyas causas se siguen desencadenando”, por lo que se torna imprescindible “analizar el origen de la cuestión, la identificación de las personas que llegan a Europa y las razones que emplean para ello”, ha aseverado el experto en Migraciones del Tercio de la Armada, Óscar Ruiz, quien cuenta con una amplia experiencia en este campo tras haber participado en misiones internacionales en los Balcanes o haber estado destinado con la OTAN a destinos como Sarajevo o a Bruselas.

Ruiz ha recordado que una de las bases sobre las que se sustenta el fenómeno migratorio se sitúa en el año 2015, donde, según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR, por sus siglas en inglés), alcanzaron el territorio comunitario 1.015.078 personas. Esta elevada cifra acarreó diversas consecuencias en el seno de Europa: la primera de ellas, la celebración del referéndum del Brexit y la posterior salida del Reino Unido de la Unión Europea, un evento en el que confluyeron dos factores: la atomización de Europa, fundamentada en el miedo de la población europea ante la migración, y la hiperpolitización negativa.

Estas declaraciones se enmarcan en la ponencia titulada “Cómo afrontar el desafío de la migración”, que ha tenido lugar dentro del programa de la edición de Madrid del Curso de Verano de Atalayar “Magreb, Oriente Medio y Europa: Entendimiento entre culturas. Relaciones y desafíos”.

Pie de foto: El experto en Migraciones del Tercio de la Armada, Óscar Ruiz. ATALAYAR

En este contexto, el escenario queda definido por los siguientes “temores”: terroristas y criminales escondidos entre migrantes, migrantes sin control dentro de Schengen, insostenibilidad del Estado de Bienestar, la identificación de la migración irregular con la economía sumergida, la pérdida de empleo a favor de inmigrantes, el debilitamiento de la identidad nacional, la formación de grandes “ghettos” en las ciudades, o el temor del Estado ante de problemas de salud y orden público. Todos estos elementos han derivado en una serie de consecuencias en el tablero europeo: la reducción de migración legal; el establecimiento del binomio seguridad-migración - catalizado por el 11-S, pues Estados Unidos se convirtió en el primer país que introdujo la migración en la agenda de seguridad –; el incremento de los partidos políticos de ultraderecha y xenófobos y la polarización de la UE en este aspecto, con dos herramientas ilustrativas como el Pacto de Visegrado (Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia) y el Reglamento de Dublín; la externalización del problema, ya que los pactos se crean de forma bilateral, como el caso del acuerdo entre la UE y Turquía de 2016, entre Italia y Libia de 2017, y entre España y Marruecos, así como con Mauritania y Senegal; las limitaciones de la zona Schengen, con el establecimiento de “pseudo puestos fronterizos” en las fronteras internas comunitarias, como entre Francia y Italia; el endurecimiento general de las políticas de migración y asilo en los países de la UE, sobre todo, en el Este de Europa; la persecución más radicalizada de inmigrantes irregulares; y, finalmente, el cambio que se produce cuando la irregularidad documental pasa de infracción administrativa a delito penalmente responsable.

Para contrarrestar este escenario, Ruiz ha resaltado la importancia de los datos, en el sentido de qué pasaría en la UE si se paralizase la inmigración en los próximos años: se perderían 33 millones de personas en edad laboral, la tasa de dependencia de personas mayores pasaría del 28% al 44%, el porcentaje de trabajadores jóvenes – entre 20 y 30 años – descendería hasta un 25%, y el porcentaje de personas entre 60 y 70 años aumentaría hasta un 29%.  Por eso, Ruiz considera que “es necesario gestionar la migración, no frenarla”.

Ante la situación que se está produciendo en el continente europeo, las instituciones comunitarias están estudiando dos posibles planes migratorios, explica Ruiz: por un lado, el modelo migratorio australiano, por el que se frena en seco todos los intentos de llegada y se derivan a un tercer país, y que está apoyado por el Pacto de Visegrado e Italia; y, por otro lado, el plan tripartito.

Pie de foto: El experto en Migraciones del Tercio de la Armada, Óscar Ruiz. ATALAYAR

Tras esta introducción, la ponencia se ha vertebrado en tres partes: un análisis de la situación actual, cuáles son los actores principales que intervienen en el panorama y el estudio de caso de la Operación Sofía.

El escenario actual

En primer lugar, es necesario poner de manifiesto los siguientes datos: actualmente, la cifra de migrantes internacionales se eleva hasta los 258 millones de personas, lo que guarda dos implicaciones: por un lado, representa el 3,4% de la población mundial y, por otro lado, que implica un aumento del 49% en comparación con el año 2000, un incremento que se ha producido, fundamentalmente, por la globalización y el acceso a los transportes. Del mismo modo, cabe explicar que en Europa se producen migraciones mixtas, compuestas por inmigrantes ilegales (de acuerdo con la UE) o migrantes irregulares (según la ONU) y por aquellos solicitantes de protección internacional, entre los que se encuentran refugiados y personas beneficiarias de la protección subsidiaria.

Los factores que mueven la migración, que se pueden aplicar de una forma global al fenómeno, se dividen en dos categorías: presión (hambre, demografía, desempleo, corrupción, mal gobierno y conflictos) y atracción (reagrupación familiar, sistema de seguridad social, educación asequible y oportunidad de empleo). En este último, se encuentra un alto porcentaje de los migrantes del Magreb.

En el escenario de la migración vinculada con Europa, sobresale por excelencia “la tormenta perfecta” que se ha producido y se está produciendo en Libia, marcada por una frágil construcción nacional en el que operan milicias independientes que luchan por hacerse con el control. El desgobierno reinante, además, ha sido, además, un factor que ha propiciado la ofensiva del mariscal Jalifa Haftar sobre Trípoli, con el objetivo de recuperar el poder del país africano, actualmente en un Gobierno orquestado desde Naciones Unidas liderado por Fayez Sarraj.

Por su parte, los países que más refugiados emiten son Siria, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar, Somalia y Sudán, mientras que los principales receptores son Turquía, Pakistán, Uganda, Líbano, Irán y Alemania. Un caso especial lo representa Eritrea, pues debido a su régimen “salvaje”, uno de cuatro niños que han atravesado el Mediterráneo son originales de este país.

Los actores implicados

Al comenzar este apartado de su intervención, Ruiz ha querido diferenciar entre el tráfico o trata de seres humanos, que se define como la adquisición de gente a través de medios impropios como la fuerza, el fraude o el engaño con el ánimo de explotarles; y el tráfico de inmigrantes, que se identifica con la obtención de beneficios financieros o materiales de la entrada ilegal (por mar, tierra o aire) de una persona en un estado del que no nacional ni residente permanente.

La incapacidad de Europa a la hora de gestionar a la migración ha derivado en que entrara en escena el crimen organizado. Por ello, según Ruiz, “una de las políticas más importantes que deben aplicarse en la cuestión migratoria es atacar al crimen organizado”. Este tipo de grupos delictivos desarrollan su actividad dependiendo de dos elementos: si los migrantes tienen dinero, estos les ofrecen transporte entre los distintos puntos de la ruta, protección y manutención durante los trayectos, falsificación de documentos, cruces fronterizos, y facilidades una vez que alcanzan el país de destino. Por el contrario, si los migrantes son pobres, se enfrentan “al infierno, la estafa y la muerte”.

La Operación Sofía

Las herramientas de la Unión Europea que se dirigen a combatir el crimen organizado son, principalmente, dos: Europol y Frontex, que son el “pegamento de las policías nacionales” porque no ostentan poder ejecutivo. Frontex, a su vez, se constituye como el relevo natural de la Operación Sofía, la cual ha sido definida por Ruiz como el instrumento necesario para “parar la sangría del Mediterráneo”, pues sus actividades se orientan a la erradicación de la trata de migrantes, el embargo de armas, la vigilancia sobre el tráfico ilegal de petróleo y la formación de la Guarida Costera libia. Uno de los principales resultados derivados de la labor de la Operación Sofía es la reducción del tránsito de migrantes por la ruta del Mediterráneo Central (Libia-Italia) en un 80%.

La Operación Sofía ha podido constatar, en el desarrollo de su trabajo, la secuencia en la que opera el crimen organizado y cómo se responde ante ello: los traficantes comprueban la meteorología y si las condiciones climáticas son buenas, el grupo de migrantes llega a la playa. Allí, les verifican los pasajes y zarpan las embarcaciones. Ya en el mar, la Operación Sofía recibe un aviso de auxilio, tras el que recogen a los migrantes y destruyen y confiscan las barcas ilegales. Una vez que las personas han sido rescatadas, son entrevistas por la Operación, y se llevan a cabo tareas de seguridad y registro.

Así, Ruiz considera que la Operación Sofía se erige como “el máximo exponente de la crisis humanitaria y migratoria, que ha dejado desde 2014 más de 10.000 muertes en el Mediterráneo”.

Además de la actividad que desarrolla la Operación sobre el terreno, Ruiz plantea diversas soluciones para gestionar el fenómeno migratorio: agilizar el sistema de tramitación administrativo comunitario, cerrar de la brecha libia, convencer e informar a los migrantes del peligro del Mediterráneo, motivar a los países que no quieren refugiados con incentivos económicos, reforzar las políticas de integración de refugiados en la UE, dotar con la máxima prioridad a la investigación y persecución del tráfico de migrantes, buscar un cambio de actitud en los países del Golfo y fomentar la repatriación voluntaria.