50 bombas termonucleares atrapadas por la ofensiva turca: ¿qué hay en riesgo?

El arsenal estadounidense se encuentra en la base turca de Incirlik, a tan solo 160 kilómetros de la frontera con Siria
Una foto de archivo sin fecha muestra a un bombardero B-2 tirando un casquillo de bomba B61-11 desde un lugar no revelado

AFP PHOTO/HO-DOD  -   Una foto de archivo sin fecha muestra a un bombardero B-2 tirando un casquillo de bomba B61-11 desde un lugar no revelado

A ocho kilómetros al este de la ciudad turca de Adana, la quinta más grande del país, se encuentra la Base Aérea de Incirlik. Las instalaciones son utilizadas, además de por el Ejército de Turquía, por las Fuerza Aéreas de Estados Unidos, de Reino Unido, de Alemania, de Arabia Saudí y de España, que, con su sistema antimisiles Patriot, defiende la base. En su interior, alberga 50 bombas tácticas termonucleares del modelo B61, el principal componente del arsenal de armas atómicas estadounidenses.

Entre las aplicaciones del arma, destaca su capacidad para penetrar a decenas de metros de profundidad en la tierra para destruir búnkeres. En la actualidad, se está probando una nueva versión -la B61-12-, que entrará en funcionamiento en marzo de 2020 y está considerada como “la más peligrosa” en posesión estadounidense, por su “combinación de precisión y bajo rendimiento”. Su capacidad de impacto máximo alcanza los 50 kilotones, lo que equivale a 50.000 toneladas de explosivo TNT. 

Las 50 bombas B61 de Incirlik están almacenadas a tan solo 160 kilómetros de la frontera con Siria, un área que se ha convertido en un auténtico campo de batalla desde que el pasado 9 de octubre el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan anunciara el comienzo de una ofensiva -denominada “Operación Primavera de Paz”- contra las posiciones kurdosirias. Los últimos datos proporcionados por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) elevan a 160.000 el número de personas desplazadas por el recrudecimiento de la violencia. Por su parte, la autoridad kurda cifra en 275.000 los civiles forzados a dejar sus hogares.

BDU-38 Practice B61 Nuclear Bomb
Kelly Michals/National Museum of the US Air Force - BDU-38 Practice B61 Nuclear Bomb

Mientras, el presidente estadounidense, Donald Trump -tradicionalmente aliado de los kurdosirios por su apoyo en la lucha contra Daesh- ha estado buscando, a través de su vicepresidente, Mike Pence, y su secretario de Estado, Mike Pompeo, convencer a su homólogo turco de que rebaje la violencia sobre el terreno. “¡No seas tonto!” le llegó a decir a Erdogan en una carta fechada el día del comienzo de la ofensiva. Tras este intento por la vía diplomática -sin éxito, puesto que la BBC ha revelado que el presidente turco tiró la carta a la papelera nada más recibirla-, Trump elevó el tono y publicó en su cuenta de Twitter este lunes 14 que “pronto” iba a emitir una Orden Ejecutiva autorizando la imposición de sanciones contra oficiales -actuales y antiguos- del Gobierno de Turquía y contra “cualquier otra persona que estuviera contribuyendo a acciones desestabilizadoras en el norte de Siria”. Todo ello encaminado a “destruir la economía de Turquía”.

“Creo que esta es la primera vez que un país con armas estadounidenses almacenadas está disparando artillería contra las fuerzas estadounidenses”, advirtió el analista del Centro James Martin para Estudios de No Proliferación, Jeffrey Lewis.

Por ello, una razón que podría esconderse en el trasfondo de este recrudecimiento de la retórica -y de las acciones, con el recién acordado alto el fuego temporal entre EEUU y Turquía- son las 50 bombas B61. La cuestión que se plantea entonces es por qué dicho arsenal acabó en una base turca. La principal razón se remonta a los tiempos de la Guerra Fría, “cuando Estados Unidos intentó mantener un suministro suficiente de armas atómicas desplegadas en Europa para disuadir la posible agresión soviética”, explica el analista Tim Fernholz en Quartz. “Las bombas permanecen ahora en su lugar debido a la inercia y a la esperanza de que países como Turquía vean el depósito como una razón suficiente para no desarrollar sus propias armas nucleares”, prosigue Fernholz.

Base Aérea de Incirlik, en las afueras de la ciudad de Adana, en el sudeste de Turquía
PHOTO/AFP - Base Aérea de Incirlik, en las afueras de la ciudad de Adana, en el sudeste de Turquía

Otra razón se orienta a la necesidad estadounidense de reivindicar el papel de la OTAN, que se encuentra en horas bajas tras el acercamiento entre Turquía y Rusia en cooperación militar, sobre todo, con la compraventa de los sistemas de misiles S-400. La nueva versión B61-12, “con su mayor precisión y capacidad de enfrentamiento […] representará una mejora considerable de la postura nuclear de la OTAN en Europa”, exponen los analistas Hans M. Kristensen y Robert S. Norris en su artículo ‘The B61 family of nuclear bombs’.  

Para Laicie Heeley, miembro del programa de Presupuestos para Asuntos Exteriores y Defensa del Centro Stimson, mantener las bombas en el país euroasiático en la actualidad se debe más a cuestiones formales que de operatividad: “Estas armas tienen cero utilidad en el campo de batalla europeo. Hoy son más una responsabilidad que un activo para nuestros aliados de la OTAN”, explicó al respecto.

Los aviones de combate A-10 Thunderbolt II de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la base aérea de Incirlik, en la ciudad sureña de Adana, Turquía
REUTERS/UMIT BEKTAS - Los aviones de combate A-10 Thunderbolt II de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la base aérea de Incirlik, en la ciudad sureña de Adana, Turquía
Los planes de evacuación

Con los últimos acontecimientos sobre la mesa, y teniendo en consideración que la presencia de las 50 bombas no persigue una finalidad táctica sobre el campo de batalla, las autoridades estadounidenses se están planteando retirarlas de la base de Incirlik. De hecho, ya durante el fin de semana, según ha informado The New York Times, funcionarios del Departamento de Estado y Energía estadounidense “revisaron en silencio los planes para evacuar las 50 bombas”.

“Estados Unidos tenía que haberlas retirado […] Al final no lo hicieron y ahora se han dado cuenta de que están allí, en un momento de ruptura con Erdogan”, declara el experto Santiago Mondéjar a Atalayar. “La siguiente pregunta a Trump, y al Departamento de Defensa, debería ser por qué Estados Unidos continúa almacenando armas nucleares en Turquía dado que es un aliado cada vez menos confiable, además de su proximidad a una zona de guerra”, se cuestiona el director de Política de Desarme de la Asociación de Control de Armas a la CNN.

Por ello, Trump podría estar ahora temeroso de que el Gobierno de Ankara las secuestrase a modo de “rehenes” -como ha declarado un funcionario del Departamento de Estado y Energía estadounidense a The New York Times- lo que podría servir, así, como un elemento de chantaje ante la inminente presión económica estadounidense sobre los intereses turcos. Asimismo, los intereses turcos en retener el arsenal podrían haberse incrementado tras la decisión adoptada por los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea sobre cesar la venta de armas a Turquía, una medida de la que fueron pioneros Francia y Alemania. “Mantenerlas allí es perpetuar una vulnerabilidad nuclear que debería haberse eliminado hace años”, advierte el analista de The New York Times, David E. Sanger.

An empty B61 multipurpose thermonuclear tactical bomb is on display at the Atomic Testing Museum, Feb. 11, 2005, in Las Vegas
AP Photo/Joe Cavaretta - Una bomba B61 vacía en el Museo de las Pruebas Nucleares de Las Vegas

Entonces, se abre una perspectiva orientada a la evacuación del arsenal. Según informa Mondéjar, “se está considerando enviar a los S.A.S. para asegurarlas y llevarlas a la base británica en Chipre”. Cabe explicar que los S.A.S. son el Servicio Aéreo Especial del Ejército de Reino Unido, un cuerpo de élite encabezado por el general Charles Guthrie. Por su parte, el Gobierno de Downing Street mantiene dos bases en territorio chipriota, Acrotiri y Dhekelia, situadas a 448 kilómetros y 386 kilómetros de Incirlik respectivamente. 

Este escenario presenta diversos riesgos: “El temor es que, si tratan de sacarlas ahora, pueden sufrir un ataque que cause un accidente o, incluso, se pierda alguna”, advierte Mondéjar a Atalayar. En esta línea se ha manifestado el experto del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT), quien en unas declaraciones a The Guardian, ha mostrado su inquietud por este procedimiento: “Extraerlas en estas circunstancias puede ser increíblemente arriesgado, ya que implicaría retirar 50 armas nucleares de las bóvedas [donde se encuentran almacenadas], moverlas al exterior de una base turca y sacarlas del espacio aéreo turco”, por lo que “podrían ser vulnerables a accidentes, robos o ataques”.

Si se diera el caso de una evacuación exitosa -cuyos detalles se desconocen y es probable que no se hagan públicos o se filtren hasta que no se haya completado- y las 50 bombas abandonasen Turquía, Sanger asevera que “marcaría el final de facto de alianza turca-estadounidense” en materia de cooperación militar, una relación ya deteriorada por la entrada en este tablero de Rusia con su sistema antimisiles S-400, lo que la OTAN ha considerado como “una amenaza a la seguridad”.

Mapa de la base de Incirlik, en Turquía
Mapa de la base de Incirlik, en Turquía
El papel de Rusia

Intrínsecamente vinculado a esto último, cabe destacar el rol que está desempeñando el país liderado por Vladimir Putin en este escenario. Tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses de sus posiciones en Siria, Rusia se ha aprovechado del vacío de poder para asegurar su dominio en partes del territorio que previamente estaban bajo control del gigante norteamericano. Ejemplo de ello es la base estadounidense de Manbij, al este de Alepo, completamente desértica desde el 15 de octubre. El periodista ruso Oleg Blokhin ha publicado en su cuenta de Twitter un vídeo donde muestra el total abandono de la instalación. En la grabación, también se puede ver la presencia de efectivos del Ejército ruso. “Ayer por la mañana todavía estaban aquí, pero hoy somos nosotros los que estamos aquí”, decía Blokhin en su vídeo.

El oficial de las Fuerzas Armadas rusas, Safar Safarov, comunicó a los medios de comunicación el miércoles que “la policía militar rusa, a bordo de vehículos blindados Tigr, organizó por primera vez una patrulla en la ciudad siria de Manbij”. “Cuando aparece la bandera rusa, el combate se detiene. Ni los turcos ni los kurdos quieren dañarnos, por lo que la lucha se detiene gracias a nuestro trabajo. Hace una semana, no podíamos entrar abiertamente a Manbij, porque los militares estadounidenses nos detenían”, ha asegurado Safarov, en una declaraciones recogidas por Tass.