Desmitificando Al-Ándalus

Reseña del libro ‘Kingdoms of Faith: A New History of Islamic Spain’, de Brian A. Catlos
‘Kingdoms of Faith: A New History of Islamic Spain’, de Brian A. Carlos

 -   ‘Kingdoms of Faith: A New History of Islamic Spain’, de Brian A. Catlos

Tradicionalmente la historia de Al-Ándalus ha estado dominada por dos narrativas opuestas: La del “choque de civilizaciones”, ejemplificada por el medievalista Claudio Sánchez-Albornoz y, más recientemente, por especialistas como el controvertido historiador Bernard Lewis; y la de la “convivencia” que aparece reflejada en los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving o en la obra del filólogo e historiador Américo Castro. En la primera narrativa, la presencia musulmana es considerada una ocupación y un desastre, y la Reconquista, la reafirmación de la identidad cristiana y europea de España. Para la segunda, Al-Ándalus era un paraíso en el que cristianos, musulmanes y judíos vivían en una armonía brutalmente interrumpida por la intolerancia católica de la España de la Inquisición. 

El especialista en el medievo en Europa y el mundo árabe Brian Catlos busca distanciarnos de ambas narrativas. Su última obra, Kingdoms of Faith, ofrece un formidable relato sobre Al-Ándalus en su contexto histórico y geográfico: comienza con la expansión musulmana tras la muerte del profeta Muhammad en 632 y termina con el decreto de expulsión de los moriscos en 1609, y se extiende más allá de la Península Ibérica al norte de África y el sur de Europa. Y no solo presenta una fascinante crónica de la historia andalusí, sino que también revela cómo Al-Ándalus contribuyó a fraguar las identidades europea e islámica a través de siglos de contactos pacíficos y enfrentamientos violentos. La perspectiva de Catlos no es inédita, pero su narración ilustra de manera magistral la complejidad de una historia que no puede reducirse a su dimensión religiosa y que resulta anacrónico relatar en términos civilizacionales. 

En efecto, el aspecto religioso de la conquista de la Hispania visigoda no debe exagerarse. Los bereberes liderados por Tariq ibn Ziyad que desembarcaron en 711 eran conversos recientes con conocimientos rudimentarios del islam bajo cuyo estandarte combatían, empujados tanto por la fe como por la promesa de botín y el deseo de gloria y poder. Los cronistas cristianos de la época se referían a los conquistadores como “ismaelitas” o “hagarianos”, en referencia a los orígenes abrahámicos del islam, y no los presentaban como una fuerza unificada, sino que eran conscientes de los conflictos entre árabes y bereberes. Además, los recién llegados buscaron afianzar su presencia a través de alianzas con la nobleza cristiana local consolidadas por medio de matrimonios interreligiosos. Así, ‘Abd al-Rahman (Abderramán) III, que proclamó el califato de Córdoba en el siglo X, era nieto de una princesa navarra y se teñía la barba de negro para parecer más árabe. 

Los habitantes de la península se adaptaron al gobierno musulmán de manera similar a los de otras regiones antiguamente cristianas, como Siria o Egipto. Las elites musulmanas no alentaban la conversión al islam, en gran medida porque los dhimmi-s (minorías protegidas) debían pagar tributos de los que los musulmanes estaban exentos (la idea de conquista con el fin de propagar la verdadera religión es esencialmente propaganda de la historiografía musulmana adoptada por aquellos que quieren ver el islam como intrínsicamente violento).

Las comunidades mozárabes, cristiana y judía, gozaban de libertad de culto y se gobernaban por sus propias leyes, y los casos de persecución religiosa fueron relativamente raros, sobre todo en comparación con la Europa cristiana. Sin embargo, la mayoría de la población terminó convirtiéndose al islam, empezando por la nobleza, que deseaba mantener sus privilegios, y los esclavos, ansiosos de mejorar su situación. Y la lengua y cultura árabes eran comunes a todos los residentes en Al-Ándalus.

Los mitos fundadores de lo que ahora denominaríamos el “bando cristiano” son en realidad creaciones posteriores que pretenden establecer una continuidad histórica entre la Hispania visigoda y la España que surgió en el siglo XV. La Batalla de Covadonga que supuestamente inició la Reconquista fue poco más que una escaramuza tras la cual los musulmanes decidieron retirarse de una región montañosa pobre y aislada, mientras que los descendientes de Don Pelayo estaban demasiado ocupados intrigando los unos contra los otros y combatiendo contra otros caudillos locales para interesarse por lo que pasaba más al sur.

El Cid Campeador era un soldado de fortuna que pasó gran parte de su vida al servicio de los emires de Zaragoza combatiendo a los enemigos de la taifa, tanto musulmanes como cristianos. De hecho, las rivalidades entre los reinos cristianos permitieron la supervivencia de los emiratos musulmanes, a menudo como vasallos, y raras eran las batallas en las que caballeros y soldados de ambas fes no luchasen en los dos bandos.

La historia de Al-Ándalus no es, pues, la de un territorio invadido y eventualmente liberado; ni siquiera la de dos pueblos enfrentados por la religión. Es la de diferentes comunidades vinculadas por relaciones comerciales, culturales, y de amistad cuyas gentes se definían por su etnia y su estatus social tanto como por su fe, gobernadas por dinastías que forjaban o rompían alianzas políticas y militares de acuerdo con sus intereses.

En ese momento, la religión (yihad o cruzada) era usada como justificación para la guerra, y ambos bandos podían dar muestras de gran generosidad o increíble crueldad hacia los desventurados vencidos. Quizá esa sea la verdadera lección de esa parte de nuestra historia, tanto para los que insisten en la superioridad de una civilización sobre otra como los que idealizan un pasado que en realidad nunca existió.

Datos del libro:

Brian A. Catlos
Kingdoms of Faith: A New History of Islamic Spain 
Nueva York: Basic Books, 2018
482 pp. £25