El desdén de Turquía hacia la OTAN se hace efectivo

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Alex Erquicia

Pie de foto: El primer lote del sistema de defensa ruso S-400, transportado en un avión de carga militar desde Rusia hasta la base aérea militar de Murted, cerca de Ankara, el primer día que llegaron, el viernes 12 de julio de 2019. FOTOGRAFÍA AFP / MINISTERIO DE DEFENSA TURCA 

La presión estadounidense sobre Turquía, miembros de la OTAN, no resultó suficiente para que Ankara modificara sus declaradas intenciones de comprar componentes del sistema de defensa ruso S-400 de Rusia. Desde el viernes 12, Turquía ha recibido varias entregas del sofisticado sistema antimisiles en una base militar cercana a la capital turca desafiando a las advertencias de los Estados Unidos, incluidas amenazas de sanciones, y atestando otro golpe a las ya débiles relaciones transatlánticas.

El despliegue del sistema de defensa ruso en Turquía puede tener consecuencias geopolíticas duraderas. El contrato de suministro del sistema de misiles antiaéreo firmado con Rusia en abril de 2017, y que Washington ha intentado impedir en varias ocasiones, es uno de los principales motivos de tensión dentro del seno de la Alianza Atlántica. Las entregas del sistema de defensa de fabricación rusa, que está impulsando una ruptura entre Turquía y los Estados Unidos, comenzaron el viernes 12 y han continuado todo el fin de semana, tal y como prometió el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, hace un mes. 

Turquía aún no ha anunciado cuándo terminará la instalación del sistema de defensa ni cuándo estará operativo pero espera que el suministro de los elementos principales del primer conjunto del sistema de misiles tierra-aire S-400 Triumf de largo alcance estará completo en una semana, según recoge la agencia de noticias rusa Interfax. Desde el día 12 los aviones de transporte rusos ya han realizado varios vuelos a la base aérea turca Murted, cerca de Ankara, con componentes del hardware del sistema antimisiles. Existen rumores de que el sistema de defensa pueda estar operativo en octubre. 

Pie de foto: Parte del sistema ruso de lanzamiento de misiles antiaéreos S-400 cuya compra por parte de Turquía ha causado severas tensiones en las relaciones con la OTAN. AFP/ALEXANDER NEMENOV

EEUU alega que el hardware militar ruso no es compatible con los sistemas de la OTAN y que puede llevar a la expulsión de Ankara del programa de desarrollo de aviones de combate F-35 en el que participa Turquía y al que, tras el acuerdo de los antimisiles rusos, ya no tendrá acceso. Erdogan sabe que no participar en la producción de la nueva generación de cazas es un golpe a su sector de defensa y su deseo de modernizar las Fuerzas Aéreas turcas.  Las relaciones bilaterales entre los dos socios están al borde de la congelación. Como miembro del consorcio internacional que financió el desarrollo del F-35, Turquía estaba programada para recibir 100 de los aviones, y había planeado el futuro de su fuerza aérea a su alrededor.

Los S-400 que Turquía le ordenó a Rusia por unos 2.500 millones de dólares, según distintas informaciones, supone para la OTAN un riesgo para su integridad. Washington cree que si Turquía usa los F-35 cerca del sistema antimisiles S-400, de última generación, podría dar lugar a una transferencia de información y crear agujeros de seguridad en el sistema de la OTAN porque permitirían detectar las vulnerabilidades del caza. Turquía dice que la compra del sistema antimisiles es un asunto de soberanía nacional y que se decidió al fracasar el intento de adquirir los Patriot de EEUU y ante la urgencia de disponer de un sistema de defensa antiaéreo. 

Las implicaciones políticas de la decisión de Turquía llegarán en los próximos meses. Las sanciones, por ahora secundarias en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, por sus siglas en ingles) y de la denominada Ley para Contrarrestar a los Adversarios a través de Sanciones (ley CAATSA, por sus siglas en inglés), elevarán la tensión en la Alianza. "A pesar de la evidencia de que se deben aplicar sanciones secundarias, hay poca claridad sobre cuán rápidas, enérgicas o amplias serán las sanciones inminentes. Tanto el poder ejecutivo como el legislativo de EEUU tienen un papel en decidir el ritmo de acción en contra de las entidades de Turquía que realizan negocios con los designados objetivos de sanciones rusos (por parte de EEUU)", dice el analista Jarod Taylor del Foreign Policy Reseach Institute.

Pie de foto: La OTAN ha advertido repetidamente a Turquía de que el sistema ruso es incompatible con otros sistemas de armamento de la OTAN, entre ellos el F-35. FOTOGRAFÍA AFP / MINISTERIO DE DEFENSA TURCA

Las repercusiones de las sanciones en el país podrían ser devastadoras ya que Turquía se encuentra en una severa crisis económica y su moneda, la lira, cayendo en picado desde hace un año, especialmente tras la crisis de agosto del año pasado. "Hacemos un llamamiento a la parte estadounidense para que se abstenga de tomar medidas equivocadas, que podrían dañar las relaciones, al excluir la diplomacia y el diálogo", dijo un portavoz del ministerio de Exteriores turco la semana pasada. 

La compra del avanzado sistema de defensa antimisiles crea un nuevo paradigma de seguridad en la alianza militar intergubernamental Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y profundiza, aún más, las dañadas relaciones bilaterales entre EEUU y Turquía. "Pero desde la invasión de Estados Unidos en Irak, que abrió el camino para un gobierno regional kurdo más asertivo, Turquía ha visto a los Estados Unidos como una fuerza desestabilizadora en el Medio Oriente. El apoyo de los Estados Unidos a las milicias kurdas en Siria ha consolidado esa opinión en Ankara, llevando a Turquía a los brazos de Rusia y planteando preguntas sobre el compromiso del país con la OTAN. Para probar la poca fe que Turquía tiene en Washington en estos días, no busque más que su plan para adquirir el avanzado sistema de defensa de misiles S-400 de Rusia", escribe Aaron Stein, autor del libro 'La Nueva Política Exterior de Turquía', en Foreign Affairs

Además, las suspicacias sobre el golpe fallido en julio de 2016 ejecutado por un grupo de militares contra el Gobierno del presidente Erdogan, que responsabilizó del acto a su némesis, el clérigo residente en Estados Unidos Fetulá Gulén, siguen muy presentes. Mientras tanto Turquía y Rusia luchan en Siria, con el último bastión de la oposición en Idlib en disputa, y llevan a cabo unas negociaciones que no están produciendo resultado alguno. 

Pie de foto: Fotografía de archivo del presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo turco Recep Tayyip Erdogan al margen de la cumbre de líderes del G20 en Osaka, Japón, el 29 de junio de 2019. AFP/YURI KADOBNOV

La insistencia turca en adquirir el sistema S-400 ruso en lugar de los F-35 estadounidenses, y la ejecución de dicho plan, llega con otros escenarios de fondo en el que Turquía y Rusia juegan un papel decisivo como es el conflicto en Siria. Moscú, que viene desarrollando una política exterior más agresiva en los últimos tiempos, causa mayores fisuras en la Alianza y debilita. Las consecuencias de la compra se verán en los próximos meses, probablemente años, en distintos planos. Hay uno específico que será difícil de salvaguardar y es el de las relaciones bilaterales entre EEUU y Turquía, especialmente si se introducen sanciones económicas más severas, algo que podría suceder en las próximas semanas.