El Ejército argelino insinúa estar dispuesto a desalojar a Buteflika

 -  

Pedro Canales

Pie de foto: El general Salah Ahmed Gaid del Ejército Popular Nacional de Argelia, , a la derecha, gesticula mientras habla con el presidente argelino Abdelaziz Bouteflika en Hassi Bahbah, Argelia.Photo:AP Photo/Ouahab Hebbat.

Las Fuerzas Armadas de Argelia han vuelto a mostrar su preocupación por los acontecimientos que desde hace un mes vive el país norteafricano. Desde que el 22 de febrero pasado centenares de miles de manifestantes invadiesen las calles y plazas de todas las ciudades del país hasta la multitudinaria manifestación popular de este domingo, cifrada en millones de ciudadanos de todas las edades, el Ejército ha reiterado en varias ocasiones su actitud hacia la protesta popular.

En ningún caso, los comunicados del Ministerio de Defensa y las intervenciones leídas por el jefe del Estado Mayor, el general Gaid Salah, en sus múltiples desplazamientos en cuarteles de diferentes regiones militares, han cuestionado el derecho de la población a manifestarse. Es más, aunque en una primera toma de posición, el general Gaid Salah advirtió del peligro de la manipulación o de la injerencia de fuerzas exteriores, los militares siempre han saludado el espíritu cívico y la responsabilidad del pueblo argelino que se ha volcado a las calles pacíficamente.

La última intervención del jefe del Estado Mayor realizada este lunes en su visita a la Tercera Región Militar, con su cuartel general en Bechar, localidad fronteriza con Marruecos, la ha dedicado a repetir de nuevo que el Ejército está con el pueblo. Sin embargo, a diferencia de todas las declaraciones precedentes, esta vez el general Gaid Salah ha admitido que Argelia “tiene un problema”, pero que como todos los problemas “tiene solución, incluso varias soluciones”, y que lo único que hay que hacer es “esperar el momento oportuno” para solucionarlo. 

Esta declaración del máximo dirigente militar, no iba dirigida a calmar a la población de la aprensión surgida de una hipotética intervención militar para aplastar las manifestaciones populares. Más bien estaba dirigida al poder civil, al gobierno y al propio presidente de la Republica, Abdelaziz Buteflika. 

Cuando el Ejército confiesa que existe un problema, no se refiere al hecho de que continúen sucediéndose las manifestaciones populares, sino al empecinamiento del presidente a mantenerse en el poder prolongando el cuarto mandato que le dieron las urnas en 2015, y que no parece dispuesto a abandonar una vez concluido su periodo presidencial. Es ese el problema que señalan millones de manifestantes en todo el país y contra el que claman “fuera el sistema”, “fuera la mafia del poder”, “contra la prorrogación del mandato de Buteflika”. 

En su nueva carta dirigida al pueblo y atribuida como las anteriores al presidente, el enfermo mandatario no da señales de querer marcharse “hasta que no se organice una Conferencia Nacional incluyente, un nuevo gobierno de transición, y unas nuevas elecciones presidenciales que elegirán al nuevo mandatario, al que yo pasaré el testigo”; algo que para la opinión pública argelina significa un plazo de al menos dos años más, que no está dispuesta a aceptar. 

Pie de foto: Guardia Republicana de Argelia,frente al Palacio Presidencial en Argel. Photo: REUTERS/Ramzi Boudina 

La declaración este lunes de Gaid Salah es una insinuación directa a que el Ejército podría desalojar al ocupante del Palacio presidencial de El Muradia en Argel; pero no para sustituirle en el poder con algún tipo de Junta militar o Comité castrense de salvación nacional, sino para acelerare la transición política que el pueblo reclama, formar un gobierno provisional y disolver las instituciones del viejo régimen, único modo de comenzar a edificar la Segunda República a la que todos dicen adherir. 

Este escenario, sin embargo, podría originar problemas más serios, si la Guardia Presidencial, que dirige el general Benali Benali desde 2015 nombrado en el puesto por el círculo presidencial en contra de la opinión según los mentideros de Argel del jefe de Estado Mayor, decidiese oponerse al desalojo del presidente y su staff. La Guardia Republicana dispone de una Brigada de al menos seis mil soldados, con armamento pesado y destacamentos Especiales de Intervención formados a imagen de los Spetsnaz rusos. 

En este caso, si el general Benali hace frente a su viejo rival el general Gaid Salah, la opción militar de concluir el mandato presidencial para iniciar la transición política podría dar lugar a choques violentos. Por esta razón, se especula que el Ejército podría esperar al 26 de abril, fecha en la que el cuarto mandato electoral de Buteflika concluye, para forzar la salida del poder del octogenario jefe de Estado. 

En esta perspectiva, ha suscitado igualmente la atención el viaje que el recién nombrado ministro de Exteriores, Ramtan Lamamra ha hecho a los países socios de Argelia, y en particular a Rusia, donde ha mantenido un encuentro con el ministro de Exteriores de Vladimir Putin, Serguei Lavrov. Quizás no está desencaminada la hipótesis de que Lamamra ha ido a buscar “apoyos” para el clan civil en el poder ante un hipotético pronunciamiento militar para poner en marcha la transición democrática. 

De cualquier manera, las palabras de Serguei Lavrov pronunciadas en la conferencia de prensa común celebrada al término de la reunión con Lamamra, han sido un tanto crípticas. Lavrov ha señalado que se trata de “un asunto interno argelino”, que debe ser resuelto “por los propios argelinos conforme a la Constitución”; pero también ha añadido su rechazo a “cualquier injerencia extranjera” en el mismo.

Habida cuenta de que la única “injerencia extranjera” observada hasta ahora ha sido, según denuncian los manifestantes, la del presidente francés Emmanuel Macron y su gobierno “que se han apresurado a dar su apoyo a Buteflika, y no el apoyo al pueblo que manifiesta”, los propósitos del jefe de la diplomacia rusa están claros: “dejar a los argelinos que ellos solos solucionarán sus problemas”. 

La sombra del fin de reino se cierne sobre el régimen de Argel, sostenido por una plutocracia que comienza a inquietarse, y una burocracia política que poco a poco le abandona.