El Estado Islámico sigue matando en Irak y Siria

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Por Mohamed Sahli
Foto: Un grupo de combatientes kurdos que luchan contra el Estado Islámico.
 
Los yihadistas del Estado Islámico (EI) han sufrido duros golpes militares en las últimas semanas en Siria y en Irak por parte de la coalición internacional de países occidentales y musulmanes que lidera Estados Unidos y de la resistencia kurda. Kobane, la ciudad  siria mayoritariamente kurda situada cerca de la frontera con Turquía, no quedó definitivamente en manos del EI. Pero esto no significa que los yihadistas hayan sido aplastados; siguen sembrando el terror ahí donde pueden. El Estado Islámico sólo sabe detener, asesinar, torturar, esclavizar y violar mujeres y niñas, robar, destruir, incendiar… Es una fuerza violenta, fanática y perversa y sus miembros son una mezcla de terroristas y delincuentes  que no se paran ante nada ni ante nadie. Sólo podrán ser derrotados  gracias a la  firmeza militar de sus enemigos. Pocos  observadores ponen en duda este axioma. Irak volvió a sufrir en los últimos días la violencia yihadista y sectaria.  Por una parte, 58 peregrinos chiíes fallecieron en varios atentados en el centro y sur de Bagdad. Por otra parte,  el EI asesinó a sangre fría  más de 300 personas del clan Albu Nimr, una tribu suní de la provincia iraquí de Al Anbar. Decenas de víctimas fueron mujeres y niños, según informó el Gobierno de Bagdad. El Ministerio de Derechos Humanos proporcionó la primera cifra de víctimas de la última matanza llevada a cabo por los yihadistas del EI, cuyo avance desde el pasado junio ha provocado la huida de centenares de miles de cristianos y yazidíes, entre otras minorías, en el norte de Irak, pero también de musulmanes.
 
Nueva masacre
Según Bagdad,  las fuerzas de seguridad hallaron más de medio centenar de cadáveres en un pozo de agua. Otras 65 personas fueron secuestradas. La tribu Albu Nimr plantó cara en las últimas  semanas a los terroristas, pero finalmente se quedó sin munición, víveres y gasolina en su pueblo de Zauiyat Albu Nimr y no pudo evitar esta nueva masacre. El baño de sangre continuó el  domingo pasado cuando el EI  ejecutó a 70 miembros de la tribu en una localidad próxima a Hit, a orillas del Éufrates y a 150 kilómetros al oeste de Bagdad. El enclave fue tomado por los terroristas a principios de octubre. Los líderes del clan denunciaron que habían pedido ayuda militar al Gobierno y después que  las autoridades iraquíes los rescatasen. Unos días antes, el jueves pasado, las autoridades encontraron en dos fosas comunes los cadáveres de 220 miembros de esta misma tribu que habían sido capturados por el EI. Según la versión oficial, los terroristas los trasladaron desde sus pueblos en Al Anbar a la capital, Ramadi, donde fueron asesinados la noche del pasado miércoles. El primer ministro iraquí, el chií Haidar al-Abadi, anunció el inicio de ataques aéreos en los alrededores de Hit en un intento de detener la masacre. Desde que llegó al poder, el jefe del Gobierno ha hecho todo lo posible para conseguir la unidad de las tribus frente al EI. Uno de los objetivos estratégico de los terroristas  en Al Anbar sigue  siendo arrebatarle a las fuerzas de seguridad la presa de Hadiza, la segunda mayor instalación hidroeléctrica del país. El Gobierno de Al-Abadi quiere establecer una división de 30.000 militares y entrenarlos para que puedan combatir el Estado Islámico. Irak carece de un Ejército profesional disciplinado y bien equipado. Desde la última campaña terrorista del EI en Irak muchos oficiales, suboficiales y soldados han abandonado el Ejército y algunos se han pasado con armas y bagajes a las filas yihadistas.