El hambre en el mundo crece por las crisis económicas, los conflictos y el clima

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Alex Erquicia

Pie de foto: Un total de 821,6 millones de personas pasan hambre en el mundo en 2018, cifra que ha aumentado por tercer año consecutivo. AFP/TONY KARUMBA

El segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es lograr el 'Hambre Cero' para 2030 algo que parece inalcanzable a tenor de uno de los instrumentos que se utilizan para medir el progreso hacia esa meta de las Naciones Unidas. El número de personas que padece hambre crónica en el mundo se situó en más de 821 millones de personas en 2018. Así, casi una de cada nueve personas padece hambre en el mundo pese a que la prevalencia mundial de la subalimentación se ha estabilizado.

Los últimos datos disponibles a nivel global suponen un aumento de 10 millones de personas con respecto al año anterior y están recogidos en el informe 'El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019', publicado esta semana. Conocido como el informe SOFI, evidencia la tendencia negativa de los últimos tres años dados que el número de personas subalimentadas en el mundo ha ido en aumento desde 2015 y se ha vuelto a situar en niveles de 2010-2011. Además, cerca de 2.000 millones de personas padecen inseguridad alimentaria moderada o grave, esto es, que no tienen acceso regular a alimentos nutritivos y suficientes.

Según el reporte, las causas fundamentales del hambre que se hallan detrás de estas tendencias problemáticas son las crisis económicas (y la débil recuperación de la última gran crisis económica), los conflictos y el clima. "Mientras que los conflictos y los choques climáticos fueron las causas principales de las crisis alimentarias de 2018, las perturbaciones económicas fueron un factor secundario y terciario importante en más de la mitad de los países afectados por crisis alimentarias, y agravaron dichas crisis para 96 millones de personas", asegura el informe. De los 77 países que experimentaron un aumento de la desnutrición entre 2011 y 2017, 65 sufrieron una desaceleración o una contracción de sus economías de manera simultánea y, entre estos, 52 dependían altamente del comercio de productos básicos y el vaivén de sus precios.

El aumento de la prevalencia de la subalimentación en países que se enfrentaban a debilitamientos de la economía tiende a ser más elevado (el 5,1%) que en los países que eran vulnerables a fenómenos climáticos extremos (2,3% más) y que en aquellos que padecían situaciones de conflicto (2,2% más). Mientras tanto, la desigualdad de ingresos está creciendo en muchos de los países donde aumenta el hambre, lo que hace que sea más difícil para las personas pobres y vulnerables afrontar la desaceleración y la recesión económica. Además, aumenta las probabilidades de padecer inseguridad alimentaria severa. 

Mientras que en ediciones anteriores del informe se centraba más en mostrar cómo el conflicto y la variabilidad y los fenómenos extremos del clima agravan las tendencias mencionadas este año tiene un enfoque más económico. Así, la última edición pone de manifiesto que el ritmo desigual de la recuperación económica y la persistencia de un escaso rendimiento económico en muchos países, después del debilitamiento ocurrido en 2008-09 en todo el mundo, también socavan los esfuerzos por acabar con el hambre y la malnutrición. El hambre ha aumentado en muchos países donde la economía se ha ralentizado o contraído, sobre todo en países de ingresos medianos.

"Los nuevos datos confirman que el hambre ha ido en aumento en muchos de los países cuya economía ha entrado en una fase de desaceleración o de contracción. La mayoría de los países (65 de 77) que experimentó un aumento de la subalimentación entre 2011 y 2017 padeció de forma simultánea episodios de desaceleración o de debilitamiento de la economía", asegura el informe (sorprendentemente, en la mayoría de los casos, no se trataba de países de ingresos bajos, sino de países de ingresos medianos).

De los más de 820 millones de personas con hambre, 513,9 millones se localizan en Asia (el 11,3 % de la población), 256 millones en África (19,9 %) y 42,5 millones (6,5 %) en América Latina y el Caribe. Las sequías, por ejemplo, son uno de los factores subyacentes en el reciente incremento de la subalimentación en el África Subsahariana. 

El reporte ha sido publicado en conjunto por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD), UNICEF, la Organización Mundial de la Salud (WHO) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP). Se trata del tercer año que estas organizaciones han elaborado conjuntamente el informe.

El informe SOFI hace un llamamiento a potenciar y acelerar políticas y programas que aumenten la resiliencia al cambio climático porque la creciente variabilidad del clima y sus fenómenos extremos están afectando a la productividad agrícola, a la producción de alimentos y a los recursos naturales, con repercusiones en los sistemas alimentarios y los medios de vida rurales, entre las que cabe citar una disminución del número de agricultores. Además, insta a tomar medidas para salvaguardar la seguridad alimentaria y la nutrición cuando se enfrentan desaceleraciones y debilitamientos de la economía.

Entre las repercusiones sobre los sistemas alimentarios están la obesidad, y el sobrepeso, cuyas tendencias dan motivos adicionales de preocupación pues siguen al alza en todas las regiones. En 2018 se calculó que el sobrepeso afectaba a 40 millones de niños menores de cinco años. En 2016, 131 millones de niños entre cinco y nueve años, 207 millones de adolescentes y 2 000 millones de adultos padecían sobrepeso. Casi un tercio de los adolescentes y adultos que padecen sobrepeso, y el 44% de niños entre cinco y nueve años que también lo padecen, eran obesos. "Los datos más recientes ponen de manifiesto que la obesidad contribuye a cuatro millones de muertes en todo el mundo y está aumentando el riesgo de morbilidad en todos los grupos de edad", asegura el reporte.

Dado que cada año un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia las iniciativas en ese respecto pueden ayudar a reducir el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Los números, que no avanzan en el buen camino, presentan un escenario en el que un mundo sin hambre es un reto colosal.  

Que el número de personas de personas con hambre en el mundo haya regresado a los niveles de hace una década es motivo de alarma. Para lograr un mundo libre de hambre y malnutrición, en el marco de los ODS, y para llegar a las metas relativas a erradicar el hambre y el asegurar el acceso de todas las personas a los alimentos sea necesario un mayor número de políticas públicas basadas en evidencias, una disminución de los conflictos y una economía inclusiva y verdaderamente sostenible.