El patrimonio cultural sirio, una victima más de la guerra

 -  

Por Alexandra Dumitrascu
Foto: La destrucción del patrimonio cultural de Siria es otra de las consecuencias de la guerra en este país.
Tras más de tres años de guerra en Siria, el desenlace es aún incierto y la impasibilidad de la comunidad internacional sigue en activo, atada de manos por los constantes vetos de Rusia y China que imposibilitan tomar parte en el conflicto. Ante este panorama, las cifras que se dan del mismo son aterradoras. Según ACNUR, el número de refugiados sirios supera actualmente los 2,8 millones y más de 6,5 millones de personas están desplazadas dentro del país. Igualmente, el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos estima que han muerto ya más de 160.000 personas desde el comienzo de la guerra. Esta es la parte más visible de una situación dramática que, no obstante, tiene otra cara que difícilmente ha rebasado los filtros de los medios de comunicación: la destrucción del patrimonio cultural sirio. El Centro Cultural Árabe Sirio en Madrid organizó la conferencia Siria y su milenario patrimonio en tiempos de crisis, a cargo de Pablo Sapag Muñoz de la Peña, profesor e investigador de la Universidad Complutense de Madrid, con el objetivo de llamar la atención sobre los daños provocados al patrimonio de Siria, que goza igualmente del estatus de Patrimonio de la Humanidad. 
 
Daños  arqueológicos y robos masivos 
La amenaza al patrimonio está presente en todo el país y se materializa a través de los daños en edificios de museos, robo de piezas de gran valor arqueológico y artístico, daños al patrimonio arquitectónico, y excavaciones ilegales con el consiguiente saqueo de objetos de gran importancia. Estas acciones representan un “intento deliberado de acabar con los signos de la multiculturalidad y aconfesionalidad que define actualmente Siria”, aseguró el profesor Sapag; de un país, cuna tradicional de varias civilizaciones, cuyas riquezas han representado un aporte cultural de un valor incuantificable. La ciudad antigua de Alepo, patrimonio mundial de la UNESCO, es una de las grandes victimas de la guerra de Siria, donde más del 53% de su patrimonio ha quedado afectado. El Museo de Aleppo y Der al Zhur son los que más daños han sufrido. La Mezquita Omeya de Alepo, igualmente ha quedado destruida, así como el zoco antiguo de esta ciudad.  Hama, Damasco, Palira, Raqqa o Maálula, son otros ejemplos de ciudades perjudicadas desde el punto de vista patrimonial. Las Ciudades Muertas, un conjunto de alrededor de 700 asentamientos construidos entre el siglo I y VII, han servido de fortaleza a la defensa, por tanto, los daños en sus edificaciones, actualmente abandonados, son perfectamente visibles.  Las excavaciones ilegales y los robos de piezas de gran valor se inscriben asimismo dentro de las amenazas al patrimonio de Siria, y preocupan especialmente debido a que parte de los objetos sustraídos carecen de catalogación, lo que dificulta el estudio, siendo, en opinión del profesor Sapag, una manera de intentar “ocultar el pasado”, para así, imposibilitar la comprensión del presente de Siria. 
 
Medidas paliativas
La reducción al mínimo de las relaciones de Siria con otros estados, ha obstaculizado en parte la proyección de este problema a nivel internacional, donde “se han ocultado los llamamientos del gobierno sirio y de la UNESCO”. La dramática situación que afecta al patrimonio cultural ha obligado al Gobierno sirio a tomar medidas paliativas que se han traducido, sobre todo, en el traslado y almacenamiento de las piezas de gran valor, y en la colaboración con INTERPOL para perseguir las ventas en Internet que, la mayor parte de la veces, contribuye a financiar a determinados grupos implicados en la guerra. Asimismo, se ha aumentado la vigilancia de los museos y se ha pedido ayuda para que, a través del satélite, se puedan visualizar los yacimientos más afectados. En la actualidad, el Gobierno sirio goza del apoyo de los trabajadores de los museos de Siria y de los propios ciudadanos para salvar, preservar y salvaguardar este patrimonio cultural.