Equilibrio entre el olvido y la memoria: las víctimas del 11-M y de la sala Bataclán comparten sus historias

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Maixa Rote

Pie de foto: Manuel Ricardo Torres, director del curso de la Universidad Complutense de Madrid en El Escorial titulado ‘Cómo prevenir la radicalización yihadista: prácticas exitosas, dilemas e incertidumbres’. PHOTO/JOTXO CÁCERES

Era jueves, hora punta en Madrid, la capital de España, cuando diez explosiones cambiaron el curso de 2.250 vidas ese 11 de marzo de 2004, convirtiendo a mucha gente en víctima del terrorismo para siempre. “La historia se vive y está compuesta por personas que la han vivido”, decía Antonio Miguel Utrera, herido en los atentados. De igual modo, en una fecha y lugares diferentes, seis ataques simultáneos hacían vibrar de terror a la bella París, dejando tras de sí un saldo de 130 muertos y 352 heridos, entre los que se encontraba el español Juan Alberto González, asesinado en la sala Bataclán. Su madre, Cristina Garrido, compartió su historia junto a Antonio Miguel Utrera en una mesa redonda moderada por el periodista Manuel Ventero.

Antonio Miguel ha estudiado historia, y contempla su futuro como profesor. Participa, igualmente, en el Programa de Testimonio de Víctimas en las Aulas, que persigue el acercamiento de estas experiencias a los estudiantes como método de prevención y de empatía.  Es importante, en este sentido, que la víctima no se retraiga eternamente en su papel de víctima, sino que salga de ese rol que se impone como exclusivo y “haga un esfuerzo” por ponerse en valor. Transmitir este tipo de vivencias es un camino más de prevención y, en algunos casos, también puede serlo de desradicalización.

El testimonio de ambos se circunscribe al conjunto de conferencias y mesas redondas que acogió El Escorial bajo el título ‘Cómo prevenir la radicalización yihadista: prácticas exitosas, dilemas e incertidumbres’ en su segundo día. La Fundación Víctimas del Terrorismo y el Memorial de las Víctimas del Terrorismo corrieron a cargo del evento junto a la Universidad Complutense de Madrid. Asimismo, se abordaron temas como el yihadismo tras los atentados del 11-M, el tratamiento de la radicalización en prisiones y menores de edad e, igualmente, en el ámbito local y la sociedad civil.

Pie de foto: Mesa con Cristina Garrido Manuel Ventero y Antonio Miguel Utrera en la ponencia durante el curso ‘Cómo prevenir la radicalización yihadista: prácticas exitosas, dilemas e incertidumbres’. PHOTO/JOTXO CÁCERES

Esta jornada abrieron la sesión Carola García-Calvo, investigadora principal del Real Instituto Elcano, y Fernando Reinares, catedrático de Ciencia Política e investigador principal de la misma organización. El estudio que han realizado sobre la actividad terrorista previa a 2011, y la posterior, mostraba cómo la movilización yihadista no comienza realmente con la guerra de Siria, sino que procede de antes; y que a lo largo de estos 15 años se han dado distintas pautas de radicalización: en solitario (1 de cada 10) o en grupo (9 de cada 10); a través de medios ‘online’ u ‘offline’. De igual modo, Madrid y Cataluña son los principales focos de radicalización entre 2001 y 2011.

Pie de foto: Mesa con Fernando Reinares, Manuel Ricardo Torres y Carola García-Calvo durante el curso ‘Cómo prevenir la radicalización yihadista: prácticas exitosas, dilemas e incertidumbres’. PHOTO/JOTXO CÁCERES

Atendiendo a los diferentes procesos de alcance del extremismo y las muchas variables existentes al respecto, Moussa Bourekba, investigador del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), y Álvaro Vicente, ayudante de investigación del Real Instituto Elcano, contaron cómo estos se suceden dentro de las prisiones y afectan a los menores de edad. “La prisión como tal es un entorno favorable a los procesos de radicalización” decía el primero de ellos, refiriéndose a los fenómenos de contaminación ideológica de los propios yihadistas hacia otros presos, e incluso de reafirmación del pensamiento entre ellos mismos.  En cuanto a los menores, Vicente afirmaba que “la realidad es que la captación infanto-juvenil ha sido siempre una práctica habitual” en la que hay tres ciclos esenciales de reclutación: durante el conflicto afgano-soviético, en las guerras de Afganistán e Irak y bajo el contexto de la guerra de Siria y su contagio a Irak.

La Red de Prevención de la Radicalización (RAN) estuvo presente con las palabras de María Lozano, del Comité de Dirección de RAN Europa. Esta multi-agencia tiene como principal objetivo el intercambio de conocimiento, la identificación de buenas prácticas y el asesoramiento y asistencia a otros organismos sobre cómo actuar. En definitiva, pretende implicar a la sociedad civil en este tipo de prevención.

Pie de foto: Mesa con Álvaro Vicente, Manuel Ricardo Torres y Moussa Bourekba durante el curso ‘Cómo prevenir la radicalización yihadista: prácticas exitosas, dilemas e incertidumbres’. PHOTO/JOTXO CÁCERES

En la misma mesa redonda, Anna Teixidor, periodista, presentó el trabajo de campo que había realizado de primera mano en torno a la célula de Ripoll (Girona), a la que pertenecían cuatro parejas de hermanos que fueron alienados por Abdelbaki Es Satty, quien actuó como agente radicalizador. Sin embargo, tal como averiguó ella, el proceso de adoctrinamiento de estos chicos comenzó antes de la llegada del imán, a través de la propaganda ‘online’ y cuyo enlace principal fue la fascinación por la violencia, y no la religión per se.

El último ponente de esta mesa fue el profesor de Psicología de la Universidad de Sevilla, José Manuel Rodríguez. El estudio que planteó a los asistentes abarcaba una muestra de 302 estudiantes de primero de Derecho de esta universidad y su objetivo era mostrar, más allá de la radicalización yihadista, los posicionamientos extremistas por parte de universitarios y universitarias.

Pie de foto: Mesa con Anna Teixidor Colomer, Manuel Ricardo Torres, José Manuel Rodríguez y María Lozano durante el curso ‘Cómo prevenir la radicalización yihadista: prácticas exitosas, dilemas e incertidumbres’. PHOTO/JOTXO CÁCERES

Tras ello, la intervención de las víctimas del terrorismo anteriormente mencionadas puso fin al curso dirigido por Manuel R. Torres Soriano, director del curso. Isabel Goicoechea, subsecretaria del Ministerio de Interior, fue la encargada de despedir con unas palabras el evento, tras lo que se procedió a la entrega de diplomas.