Francia decreta el estado de máxima alerta para hacer frente al yihadismo

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Por Jean-Claude Dufour
Foto: Militares franceses  patrullan cerca de la torre Eiffel, en París.
 
Francia está en estado de máxima alerta desde que un grupo terrorista vinculado al Estado Islámico (EI) secuestró a un turista francés, Hervé Gourdel, en la Cabilia argelina. Francia es el país europeo más implicado en la lucha contra el yihadismo, tanto dentro como fuera de sus fronteras, y es un Estado clave en la estrategia militar desencadenada por Estados Unidos contra las posiciones del EI en Irak y Siria. La Policía, la Gendarmería y las Fuerzas Armadas han elevado la vigilancia en edificios públicos e instalaciones emblemáticas en todo el país y los servicios secretos controlan de cerca a los más de 200 yihadistas que han regresado a territorio francés desde Siria e Irak. Decenas de yihadistas han sido detenidos en las últimas semanas. El presidente de la República, François Hollande, y  el Gobierno de Manuel Valls hacen todo lo posible para convencer a la población de que Francia no puede quedarse de brazos cruzados frente al terrorismo. La situación es muy delicada, porque en el país viven más de cinco millones de musulmanes y una parte de la población no oculta su islamofobia. Las ideas de extrema derecha sobre el islam y los musulmanes se han extendido por todas partes y un sector de los medios las defienden. El Gobierno aseguró el martes de este semana que no negociará con los secuestradores del francés Hervé Gourdel. ¿Qué pasará entonces si los terroristas ejecutan a Gourdel? ¿Cómo reaccionará la opinión pública? El Gobierno de Valls se encuentra entre la espada y la pared, pero no puede someterse a las exigencias de los terroristas argelinos, y no abandonará  la coalición internacional que ataca al EI en Irak y Siria. Los aviones Rafale franceses con base en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) seguirán atacando las bases yihadistas en Irak, y es probable que Francia incremente su actividad militar en este país árabe en los próximos días. 
 
Incremento de la vigilancia
Los prefectos (gobernadores) han recibido la orden del Ministerio del Interior de incrementar las medidas de seguridad y vigilancia en las ciudades y puntos estratégicos. Las autoridades no descartan ataques terroristas desde que un portavoz del EI pidió el pasado lunes a sus seguidores que maten a norteamericanos y europeos, “en particular a los malvados y sucios franceses”, en cualquier parte del mundo. Los aeropuertos, las estaciones, los estadios, las grandes superficies comerciales, los monumentos, los centros de culto y todo tipo de instalaciones estratégicas están bajo vigilancia de las fuerzas policiales y militares. “Francia no tiene miedo”, es el lema oficial del Gobierno, pero muchos franceses no pueden ocultar su preocupación y temen que el secuestro llevado a cabo por los Soldados del Califato en Tierra de Argelia, escisión de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI),  sea el inicio de una espiral de violencia y terror fuera y dentro del territorio galo. El tiempo pasa, y la fuerzas de seguridad argelinas, que están en estrecho contacto con sus homólogas  francesas, siguen buscando desesperadamente a Gourdel. Los terroristas amenazaron con asesinar al rehén si París no suspendía en 24 horas su operación militar en Irak. Argel informó este miércoles de la muerte de un terrorista en la zona de Yakourane, en la provincia de Tizi Ouzou, en la Cabilia, durante un tiroteo con miembros del Ejército Nacional Popular (APN). Mientras, Valls dijo desde Alemania el martes que “Francia no cederá nunca al chantaje”. El ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, aseguró que “el grupo terrorista no podrá hacer cambiar la posición adoptada por Francia”.
 
Profunda preocupación
Hay una profunda preocupación en la sociedad francesa. Francia participa activamente en la lucha contra el yihadismo en Malí y República Centroafricana y mantiene unos 3.000 militares en el Sahel, y tiene que controlar a los grupos violentos y radicales en su propio territorio nacional. Los medios conservadores ponen en duda  la capacidad del país, que atraviesa una grave crisis económica, social y política, para tanta actividad antiterrorista. Los más pesimistas temen que existan muchos jóvenes franceses de origen musulmán dispuestos a seguir los pasos de  Mohamed Merah, un terrorista que murió en un tiroteo con la Policía, en Toulouse, en 2012, tras haber cometido varios atentados. El Ministerio del Interior cree que podrían ser dos centenares. Mehdi Nemouche, detenido tras cometer un atentado contra el Museo Judío de Bruselas, es uno de ellos. Según los expertos, muchos extremistas siguen en libertad y no están fichados por la Policía. Francia ha reforzado la legislación antiterrorista para hacer frente al yihadismo combatiente y ha cerrado muchas páginas webs que difunden mensajes a favor del terrorismo. También ha activado un teléfono de emergencia al que pueden llamar en busca de ayuda familiares de jóvenes enloquecidos que quieren viajar a Siria e Irak. La policía ha recibido 350 llamadas  y ha impedido la salida de 60 personas. Muchos ciudadanos creen que todas estas medidas no serán suficientes para frenar el auge del yihadismo y temen lo peor de cara al futuro inmediato.