Guardiola y la innovación ofensiva en el Manchester City

El técnico español alineó ante el Crystal Palace únicamente dos defensas
Pep Guardiola, entrenador del Manchester City

REUTERS/ANDREW BOYERS  -   Pep Guardiola, entrenador del Manchester City

Pep Guardiola, técnico del Manchester City, dio otra vuelta de rosca a su apuesta por el fútbol de posesión y ofensivo al poner sobre el campo ante el Crystal Palace solamente a dos defensas como tal, acompañados en la retaguardia por dos centrocampistas. La posesión y el dominio del equipo ‘citizen’ fueron aplastantes y se habla de una nueva evolución en el mundo del fútbol. 

El entrenador catalán desarrolló un poco más sus planteamientos de ataque y de dominio sobre el terreno de juego y plantó sobre el césped un once repleto de jugadores de toque y corte ofensivo. 

El esquema de apertura era cerrar con cuatro hombres en defensa (lo habitual), pero en esa línea de retaguardia solamente se pueden catalogar como defensas a los dos laterales que puso en liza, tanto el portugués João Cancelo como el francés Benjamin Mendy (teniendo en cuenta que el luso es un hombre de banda de características más bien ofensivas). Junto a ellos, Guardiola situó a dos centrocampistas, el brasileño Fernandinho y el español Rodri, en lo que supuso una apuesta arriesgada, motivada en parte por las bajas, pero que podría haber matizado algo porque sí tenía en el banquillo como recurso a todo un central internacional por Inglaterra como John Stones.

De ahí para arriba, más jugadores de toque y visión atacante; por delante se situó el alemán Ilkay Gündogan, mediocentro de toque y distribución, y hombres netamente de ataque como el belga Kevin De Bruyne, el español David Silva, el portugués Bernardo Silva, el internacional inglés Raheem Sterling y el ariete internacional por Brasil Gabriel Jesús. 

El plan era claro, si tienes jugadores de buen toque y todos o centrocampistas o mediapuntas o delanteros había que tener el balón y buscar insistentemente la portería contraria. Guardiola adelantó líneas y colocó al equipo casi permanentemente en campo contrario, tanto cuando tenía la posesión del balón, como cuando la tenía el rival, ya que la presión ejercida arriba era asfixiante para recuperar el balón.

Se trataba de robar el balón lo más arriba posible para poder atacar lo más pronto posible y no tener que recorrer muchos metros o sufrir atrás ante la falta de jugadores de corte defensivo. 

Los jugadores del Manchester City durante una pausa en el partido ante el Crystal Palace junto al entrenador Pep Guardiola
REUTERS/ANDREW BOYERS - Los jugadores del Manchester City durante una pausa en el partido ante el Crystal Palace junto al entrenador Pep Guardiola

El plan salió bien, ya que al filo del descanso el marcador en Selhurst Park era de 0-2 gracias a los goles de Gabriel Jesús y David Silva, que fueron una losa definitiva para el equipo rival, entrenado por un técnico de la vieja escuela inglesa de defensa y juego de balón en largo (todo lo contrario a la filosofía de Guardiola) como Roy Hodgson, veteranísimo entrenador que ha pasado por infinidad de banquillos en las islas. 

La posesión del City fue superior al 80% y el rosario de ocasiones en la portería defendida por el local Wayne Hennessey fue interminable. El propio Jesús, los dos Silva, De Bruyne, Sterling e incluso uno de los ‘defensas’ como Cancelo disfrutaron de oportunidades que bien rozaron el gol o bien fueron detenidas por el meta galés, quien tuvo una noche de trabajo extenuante. 

Los locales disfrutaron de alguna que otra ocasión clara porque, obviamente, con tantas licencias ofensivas el City también descuidaba algo atrás su parcela, pero hasta el guardameta brasileño Ederson se quiso lucir con alguna que otra brillante intervención en un partido que resultó ser una oda al fútbol alegre y con ocasiones.

El encuentro pudo acabar con infinidad de goles, sobre todo por parte del equipo visitante ‘sky blue’, pero la gran noche de ambos porteros dejó finalmente el marcador con el que se había llegado al descanso, 0-2.

Los dueños del Manchester City estarán contentos con esta última exhibición del equipo, que sigue ganando y ofreciendo un fútbol atractivo y de goles para el aficionado propio y extraño. El jeque Mansour bin Zayed bin Sultan al-Nahyan, viceprimer ministro de Emiratos Árabes Unidos y propietario de la entidad, seguro que presenció la nueva demostración de su equipo, que sigue dando alegrías a la parroquia del City.

Crystal Palace contra Manchester City - Selhurst Park, Londres, Gran Bretaña - 19 de octubre de 2019
REUTERS/ANDREW BOYERS - Crystal Palace contra Manchester City - Selhurst Park, Londres, Gran Bretaña - 19 de octubre de 2019

Desde que hace once años entrase en el Manchester City el capital emiratí, con la participación del fondo de inversión Abu Dhabi United Group for Development and Investment, el club no ha hecho más que crecer. De 2008 hasta aquí la sala de trofeos ha albergado 13 torneos nuevos (frente a los 12 que se habían logrado en los años anteriores desde la fundación en 1880), incluido el póquer logrado la temporada pasada 2018-2019, en la cual se ganó la Premier League, la FA Cup, la Supercopa y la Copa de la Liga. Hasta cuatro Ligas y dos Copas, como torneos más relevantes, ha atesorado el Manchester City en las últimas once temporadas. 

La gran asignatura pendiente sigue siendo la Champions League, esta está todavía en el debe de Guardiola y su City; y puede ser debido, en parte, a ese fútbol alegre por el que se apuestas ya que ante los grandes transatlánticos europeos y sus estrellas conceder tanto atrás a veces supone una rémora difícil de superar. 

En las últimas eliminatorias jugadas en Europa el equipo del Etihad Stadium ha hecho grandes partidos y ha protagonizado encuentros vibrantes y con muchos tantos, pero siempre ha acabado cayendo por esa cierta ‘fragilidad’ atrás derivada de la apuesta por un fútbol tan alegre y ofensivo, que muchas veces sirve para defender (cuando se tiene el balón el equipo se defiende también porque el contrario no tiene el cuero para poder atacar), pero que otras tantas deja tan desguarnecida la línea defensiva que jugadores de gran calidad como los que transitan por la máxima competición continental europea aprovechan sin la menor compasión.