La indiferencia internacional planea sobre Idlib

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Alex Erquicia

Pie de foto: Un hombre sirio cargando a una niña herida después de que un ataque aéreo golpeara la ciudad norteña de Ariha, en la provincia de Idlib, Siria, el sábado 27 de julio de 2019. Syrian Civil Defense White Helmets via AP 

Idlib, el último reducto rebelde en Siria, la última región del país que está controlada en casi su totalidad por grupos armados opositores a Bachar Al Asad y donde el Gobierno lleva a cabo una ofensiva desde finales de abril, está dominado por una aparente indiferencia internacional. Los civiles, y más en concreto los niños, son los más afectados por la situación de violencia que predomina en la región junto a la falta de rendición de cuentas. 

"Este es un fracaso del liderazgo por parte de las naciones más poderosas del mundo, lo que resulta en una tragedia en una escala tan vasta que parece que ya no podemos relacionarnos con eso", criticó en un comunicado la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OCHA), Michelle Bachelet emitido el viernes 26. "Los ataques intencionales contra civiles son crímenes de guerra, y aquellos que los han ordenado o ejecutado son responsables penalmente de sus acciones", asegura la jefa de derechos humanos de la ONU.

Pie de foto: Una captura de imagen tomada de un vídeo del sitio web de noticias sirio SY24 el 24 de julio de 2019 muestra a un hombre sirio reaccionando como dos niñas sirias cubiertas de polvo, atrapadas en los escombros, agarran a su hermana mientras cuelga de un edificio bombardeado en la ciudad siria de Ariha en la provincia noroccidental de Idlib. AFP PHOTO/HO/SY24 

La OCHA ha advertido de que la escalada de hostilidades en el noroeste de Siria pone en peligro la vida de hasta tres millones de personas que residen en el área. La agencia informó de que más de 440.000 personas se han visto obligadas a desplazarse desde finales de abril hasta el 14 de julio, principalmente en el sur de Idlib y el norte de Hama, y en menor medida en la provincia de Alepo, con la escalada de bombardeos. "Estos son objetivos civiles y, parece muy improbable, dado el patrón constante de tales ataques, que están siendo golpeados por accidente", dijo Bachelet. 

La comunidad internacional, dicen, está ignorando las crecientes víctimas de los bombardeos parte del repunte de los ataques del Ejército contra los territorios controlados por los opositores. Mientras tanto el Gobierno sirio sigue asegurando que recuperará su dominio antes o después y está determinado en lograrlo sin importar las consecuencias ni la crisis humanitaria que ha desatado con los repetidos ataques. Para ello cuenta con el apoyo de la aviación del Ejército ruso, su gran aliado y 'salvador' en la guerra, especialmente en esta última ofensiva, con operaciones militares aéreas.

Pie de foto: Miembros de la Defensa Civil Siria (Cascos Blancos) buscan entre los escombros en el lugar de un ataque aéreo contra la ciudad de Ariha, en el sur de la provincia siria de Idlib, el 27 de julio. AFP/MUHAMMAD HAJ KADOUR

Los ataques aéreos sobre Idlib, y otras áreas colindantes, se producen en áreas residenciales y se han llevado por delante a civiles e infraestructura básica como escuelas y hospitales, dejando cientos de muerto por su paso. Según diversos observadores y miembros de la ONU allí se ha creado una catástrofe humanitaria que ahonda aún más en la que vive el país desde el inicio de la guerra civil en 2011. 

El último bastión rebelde de Idlib se alza como una parte fundamental para el desenlace de la guerra pese a la indiferencia internacional. También es parte de la guerra proxy que libran distintos actores de la comunidad internacional ya que el Frente de Liberación Nacional (FLN), una organización rebelde, que cuenta con el apoyo de Turquía, y Rusia brinda todo su apoyo a Al Asad. En la zona, el FLN, se ha unido a los yihadistas conocidos ahora como Tahrir al Sham (antiguo Frente al Nusra), una antigua filial de Al Qaeda. Además cuentan con el apoyo de otros insurgentes yihadistas y salafistas que combaten contra el régimen de Damasco.

Pie de foto: Los miembros de la defensa civil siria, conocidos como los Cascos Blancos, se llevan en una camilla a una víctima que fue sacada de entre los escombros de un edificio derrumbado después de los ataques aéreos reportados por fuerzas pro régimen contra Maaret al-Numan en la provincia de Idlib, al noroeste de Siria, el 23 de julio de 2019. AFP/ OMAR HAJ KADOUR

Mientras tanto las relaciones bilaterales entre Rusia y Turquía pasan por un momento de cercanía con importantes acuerdos de seguridad y defensa. Ambos países firmaron un acuerdo en septiembre de 2018 que incluía la creación de una franja desmilitarizada al sur de Idlib, como parte de un proceso de paz a través de un memorando de entendimiento para resolver el conflicto sirio, pero nunca se llegó a implementar del todo y hoy la situación en el terreno dista de ese objetivo. 

A Bachelet le preocupa que la continua carnicería en Siria "ya no esté en el radar internacional" que ha llevado a que la escalada de ataques sobre Idlib no sea un asunto internacional de primer orden. Aproximadamente dos tercios de las personas desplazadas se quedan fuera de los campamentos debido al hacinamiento en los campamentos y centros de recepción, según la OCHA, por lo que muchos de los refugiados internos se ven obligados a vivir al aire libre.

Pie de foto: El presidente ruso Vladimir Putin (R) da la mano al presidente turco Recep Tayyip Erdogan durante su reunión bilateral al margen de la cumbre de líderes del G20 en Osaka, Japón, el 29 de junio de 2019. PHOTO/YURI KADOBNOV

La catástrofe humanitaria en Idlib es una página más del horror de una guerra que ha pasado a un segundo plano en la escena internacional. El régimen despiadado de Bachar al Asad prosigue su ofensiva a costa de incrementar, aún más, los fallecidos sirios. Según dijo la ONG Save The Children la semana pasada al menos 33 niños han muerto en Idlib en las últimas cuatro semanas como consecuencia del aumento de la violencia del conflicto, más que los 31 que murieron en todo 2018 en esta provincia. La organización dice que en toda Siria, 2,1 millones de niños no asisten al colegio y 1,3 millones corren el riesgo de abandonar la escuela. El último reducto de la rebelión en Siria, donde, además de grupos yihadistas, viven millones de civiles desplazados por los años de conflicto. La nueva ofensiva del Ejército Sirio podría convertirse en una catástrofe humanitaria. 

Once organizaciones humanitarias advirtieron recientemente de que Idlib está "al borde de una pesadilla humanitaria como no se ha visto en este siglo". En un vídeo publicado como parte del lanzamiento de una campaña internacional en solidaridad con los civiles atrapados en la provincia, llamada 'El mundo está mirando' (#TheWorldIsWatching), los líderes humanitarios han dicho que "demasiados han muerto ya" y que "incluso las guerras tienen leyes".

Los ataques de las fuerzas gubernamentales sirias contra las localidades del noroeste del país se producen con la escalada de tensión en el Golfo entre Irán y Estados Unidos, que también luchan en Siria en su propia guerra proxy. Si se produce una elevación del tono en este último conflicto las consecuencias para Siria podrían ser verdaderamente devastadoras porque la solución al conflicto sirio pasa primero por poner fin a la situación en Idlib a través de la política. Esa solución debe ser la prioridad ahora de la comunidad internacional que ya no puede mirar para otro lado.