La nueva generación de tecnologías digitales en España

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Josep Lladós/ Obra Social 'la Caixa'

¿Qué perspectivas laborales hay para después de la crisis?

El mercado laboral en España presenta algunas especificidades que han aflorado con intensidad durante la reactivación económica de los últimos cuatro años. El nuevo empleo generado ha consolidado una creciente polarización del empleo en función de los niveles educativos: mientras aumentan sustantivamente las ocupaciones y los perfiles profesionales de mayor cualificación, al mismo tiempo experimentan un crecimiento notable los tipos de ocupación que implican tareas rutinarias y baja cualificación. Este último tipo de ocupación ha sido, además, dominante entre los nuevos empleos creados en los últimos años.

1. La interacción entre tecnología y empleo

La incorporación de nuevos conocimientos a la actividad productiva es uno de los principales factores de progreso económico. Los avances tecnológicos y científicos desarrollados en el último siglo no han tenido precedentes y su aplicación generalizada a la actividad económica ha facilitado a los países más avanzados tecnológicamente obtener ganancias de productividad considerables. 

En las últimas décadas, la revolución digital ha acelerado incluso el ritmo de cambio tecnológico, con el desarrollo de numerosas innovaciones y aplicaciones, que han transformado los procesos productivos, las tecnologías empleadas, los bienes y servicios comercializados y el propio proceso de consumo, al mismo tiempo que modificaban sensiblemente los conocimientos y las habilidades requeridas en los puestos de trabajo. Nuevas técnicas emergen y nuevos conocimientos se aplican a la actividad económica continuamente, aumentando las posibilidades de producción y consumo sin que, más allá de las oscilaciones vinculadas al ciclo económico, los niveles agregados de desempleo hayan crecido.

Sin embargo, las consecuencias del cambio tecnológico sí son relevantes en lo que se refiere a la composición del empleo. Su aplicación incrementa la demanda de empleos de mayor cualificación, al mismo tiempo que se sustituyen los que implican tareas más rutinarias y repetitivas.

De este modo, y dado que la tecnología afecta a tareas específicas más que a cualificaciones concretas, clasificar las tareas según el grado de rutina y su naturaleza manual o cognitiva nos indica en qué sentido la aplicación de la tecnología puede tener un impacto en ellas. Así, las tareas rutinarias (ya sean manuales o cognitivas) tienen un alto riesgo de automatización y de sustitución por el uso de tecnología. 

En cuanto al impacto previsto en el empleo, la aplicación de tecnología probablemente incrementará la demanda de ocupaciones no rutinarias de alto contenido cognitivo, que son las que necesitan mayor cualificación y están mejor pagadas. Por el contrario, las ocupaciones rutinarias, ya sea cognitivas o manuales, tendrán una menor demanda.

El dilema surge con las ocupaciones que, aun no siendo rutinarias (y por ello difíciles de sustituir por tecnología), son predominantemente manuales, y, por ello, con poca necesidad de cualificación. A este tipo de tareas quizá la tecnología no les afecte demasiado (o incluso tenga un impacto positivo respecto a la creación de empleo), aunque si el crecimiento del empleo se logra a partir de ellas es porque son las peor pagadas.

2. El mercado laboral en España ante la nueva oleada de automatización digital

A fin de analizar las perspectivas del mercado de trabajo en España, nos centraremos en la evolución de la estructura ocupacional durante el período reciente de reactivación del empleo (entre el primer trimestre de 2014 y el cuarto trimestre de 2017), acontecido tras el proceso de devaluación de costes y ajuste laboral resultante de la crisis financiera y las políticas de austeridad aplicadas. 

El mercado laboral español presenta algunas especificidades que en la reactivación posterior a la reciente crisis financiera se han consolidado. Una de ellas es la polarización del empleo creado, que, o bien implica mucha cualificación, o bien muy poca, siendo los niveles intermedios los menos dinámicos en cuanto a la creación de nuevos empleos. En el gráfico 1 se puede comprobar que el nuevo empleo generado a partir de la reactivación económica ha consolidado las diferencias en la probabilidad de acceder a un empleo en función de los niveles educativos. Al mismo tiempo que ha crecido sustantivamente el empleo más cualificado, la ocupación con niveles de cualificación muy bajos también se incrementa notablemente.

La información recogida en el gráfico 2 nos muestra un crecimiento notable tanto de los empleos que requieren un nivel de cualificación profesional medio y elevado (técnicos y profesionales científicos e intelectuales, artesanos…) como de aquellos otros integrados mayoritariamente por tareas y funciones de carácter rutinario y, por ende, potencialmente más susceptibles de ser afectados por el cambio tecnológico (trabajadores de servicio de restauración, ocupaciones elementales…). Es un indicio del protagonismo en la recuperación reciente del empleo en algunas actividades económicas de bajo valor añadido y justifica un crecimiento notable tanto de los empleos que requieren un elevado nivel de cualificación profesional como de aquellos otros integrados mayoritariamente por tareas y funciones de carácter más rutinario.

Para interpretar con mayor precisión este comportamiento dual del mercado de trabajo español, sería oportuno atender a un informe reciente de Eurofound (2016) sobre las tareas que desarrollan los trabajadores europeos. En la publicación se presenta un catálogo alternativo de tareas que supera la dicotomía convencional manuales versus mentales. Esta nueva clasificación identifica contenidos de las tareas desarrolladas (manuales, intelectuales, sociales), y también el papel del trabajador en la organización del trabajo y el uso requerido de la tecnología.

En la tabla 1 se presentan los resultados de los perfiles de tareas y puestos de trabajo correspondientes a la economía española en comparación con la media comunitaria. En concreto, se indica si la presencia relativa de cada tipo de tareas en el empleo en España es superior, inferior o similar a lo que acontece en el conjunto de países de la Unión Europea.

Podemos observar que el empleo español muestra una mayor intensidad relativa en tareas relacionadas con el servicio y la atención personal a clientes, consumidores o pacientes, y un mayor grado de tareas de carácter rutinario y repetitivo. En contraposición, la presencia de tareas intelectuales, el uso de tecnologías digitales y la organización laboral basada en la autonomía o el trabajo en equipo son comparativamente menores que las de la media de la Unión Europea. Este escenario señala que el impacto de la automatización podría ser mayor en el mercado de trabajo español que en las economías vecinas, dada la calidad inferior de los puestos de trabajo que se crean y las mejoras organizativas pendientes.

Sin embargo, merece la pena reflexionar sobre los contenidos del catálogo de tareas antes de proceder a su interpretación en función de la sustitución de trabajo mediante la tecnología. Si bien se detecta que es más predominante la forma de organización basada en el trabajo rutinario, la rutina tiene dos dimensiones: el grado de repetición y el nivel de estandarización de los procesos de trabajo. Una vez desagregado este indicador, el estudio de Eurofound (2016) nos muestra que en el caso español el nivel de repetición es mucho más elevado que en el contexto europeo, en cambio, el grado de estandarización de los procesos es muy inferior, lo que dificulta su automatización. Sería el caso, por ejemplo, de muchos empleos relacionados con la hostelería y la restauración o con el cuidado de las personas mayores o dependientes. El contenido de esta tipología de tareas no es fácilmente reproducible mediante algoritmos; es decir, que el uso de tecnología no sustituye dichas tareas con facilidad.

De este modo, si combinamos los resultados obtenidos con los datos de Eurofound, podríamos inducir que, paradójicamente, pese al predominio del trabajo rutinario en la economía española, la necesidad de destreza manual, la ausencia de repetición en determinadas tareas y las dificultades para reproducir estas habilidades mediante la robótica protegerían, al menos temporalmente, algunas ocupaciones que requieren esta pericia manual y artesanal, incluso aunque sean ejercidas generalmente por empleo de escasa cualificación. La contención salarial debida al ajuste laboral durante la crisis, que desincentiva la inversión en tecnología, junto con los cambios legislativos en la regulación de la contratación laboral, que han incrementado la contratación flexible, refuerzan el efecto protector sobre este tipo de empleo.

3. Estructura de la ocupación según las habilidades requeridas

Con el fin de completar el análisis de los cambios recientes en el mercado laboral español, se ha utilizado también la nueva clasificación internacional de ocupaciones ISCO-08 (ILO, 2012), que define cada empleo a partir de las habilidades requeridas para desarrollar eficazmente las tareas y responsabilidades requeridas. En particular, se definen cuatro niveles de habilidad, vinculados a los diferentes tipos de ocupaciones:

1-   Las ocupaciones relacionadas con el nivel 1 requieren el desempeño de tareas físicas o manuales, simples y rutinarias. Para su ejecución competente, generalmente es suficiente con la educación primaria.

2-   Las ocupaciones relacionadas con el nivel 2 de habilidades se corresponden con el desarrollo de tareas que exigen habilidades numéricas y de lectoescritura relativamente avanzadas, así como destreza manual y competencia en comunicación interpersonal. En general, las habilidades requeridas se obtienen en la primera etapa de educación secundaria, aunque para algunas ocupaciones es necesaria la educación secundaria completa o incluso la formación especializada.

3-   Las ocupaciones en el nivel 3 de habilidades están asociadas con el desempeño de complejas tareas técnicas y prácticas para las que es necesario un amplio conjunto de conocimientos prácticos, técnicos y procedimentales en un ámbito especializado. En general, estas competencias se obtienen con la educación superior.

4-   Por último, el nivel 4 está relacionado con ocupaciones que se basan en el ejercicio de tareas que requieren la capacidad para la toma de decisiones y la resolución de problemas complejos. En general, se asocian a los niveles de cualificación más elevados.

En particular, se ha procedido a agrupar los cambios en el empleo en función de las habilidades dominantes en las distintas ocupaciones creadas: básicas (predominio de niveles 1 y 2), intermedias (predominio de niveles 2 en ocupaciones artesanales y de trabajo cualificado) y complejas (predominio de niveles 3 y 4).

En el gráfico 3 se puede comprobar que, tras el ajuste y la reactivación del mercado laboral, y pese a la magnitud del nuevo empleo generado, la estructura ocupacional no ha experimentado cambios notables en lo que se refiere a las habilidades requeridas, manteniéndose la polarización que ya existía, lo que evidencia la resistencia al cambio del modelo productivo dominante. Es significativo también que el requerimiento de habilidades básicas continúa siendo preponderante en la creación de nuevo empleo en España. El gráfico 3 muestra las habilidades que se piden para el nuevo empleo.  

4. Hacia un incremento del desajuste educativo

Un efecto complementario de esta evolución del mercado laboral en España, con predominio creciente de los empleos que solo requieren habilidades básicas, es el desajuste en función del nivel educativo, tal como muestran los datos incluidos en el gráfico 4. Así, los datos de finales de 2017 indican que, a pesar de que el empleo con estudios superiores es claramente predominante (42,8%), la demanda de habilidades complejas es mucho menos importante (32,6%).

 

En este contexto de alta disponibilidad de trabajadores con niveles educativos elevados y polarización en la creación de empleo (en el que las ocupaciones demandantes de mayor cualificación crecen, pero no tanto como las de menor cualificación, como ya se ha visto en el gráfico 2), se produce un desplazamiento creciente de trabajadores con altos niveles de estudios hacia empleos que requieren competencias y habilidades más sencillas, y que habían sido ocupados tradicionalmente por trabajadores menos cualificados.

5. Conclusiones

Apenas empezamos a percibir las primeras manifestaciones de un proceso de creciente automatización de la actividad económica, que tendría en los avances en la inteligencia artificial y la robótica sus principales elementos propulsores. Esta nueva ola de cambio tecnológico se presenta como potencialmente disruptiva y de naturaleza distinta de las anteriores, porque las tecnologías emergentes tienen la capacidad de sustituir habilidades tanto manuales como cognitivas y porque los avances en las aptitudes relacionadas con la lógica, el cálculo, el procesamiento de información y el aprendizaje automático progresan muy rápidamente.

La economía española no es inmune a los efectos de la revolución digital. La creciente polarización del mercado laboral podría sugerir que el uso de la tecnología sustituyera en nuestro país más empleos que en los países de nuestro entorno. Sin embargo, esta influencia en el mercado laboral se ve matizada, al menos temporalmente, por las características de la ocupación generada durante la reactivación económica en curso, que ha primado trabajos repetitivos, pero no demasiado estandarizados. Otras consecuencias de este proceso de polarización, como la disminución de la renta media debido a la creación mayoritaria de trabajos que requieren baja cualificación, o el desajuste entre trabajadores cada vez más formados que no encuentran empleos acordes con su nivel de cualificación, sí han afectado más claramente al mercado de trabajo español en los últimos años.

La creación mayoritaria de empleos que requieren limitados niveles de competencia y habilidades complejas, y los déficits en la organización de los puestos de trabajo nos advierten de una adaptación insuficiente a los retos que implica el uso cada vez más intensivo de la tecnología. Acelerar esta adaptación e implementar mecanismos de compensación al cambio tecnológico digital, debería ser un objetivo prioritario de las políticas públicas y las estrategias empresariales.