La situación de los refugiados sirios es de emergencia

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Por Suzanne Al-sammoudi Peláez
Foto: El campo de refugiados sirios de al-Za´atari, en Jordania.
 
La crisis humanitaria que está sufriendo el pueblo sirio es alarmante. Tras más de tres años de conflicto se han registrado, según datos oficiales, alrededor de 200.000 muertes, más de tres millones de refugiados y 4,5 millones de desplazados. La población civil siria, que ha sobrevivido a los ataques del régimen del país o a los de grupos insurgentes terroristas, se ha visto obligada a abandonar sus hogares en busca de un lugar seguro en países vecinos como Líbano, Irak, Turquía o Jordania. Esa búsqueda de un lugar seguro, en realidad, se ha acabado convirtiendo en una situación de clandestinidad denigrante, porque, precisamente no son facilidades las que encuentran los sirios al huir del terror que viven en su país, pues, en los países en los que se refugian, encuentran más obstáculos de los esperados. Son indignantes las peripecias que tienen que sufrir para subsistir en esos países hermanos. Concretamente en Jordania se concentra un gran número de estos refugiados, cerca de 600.000, que se instalan o bien en el mayor campo de refugiados del mundo, al-Za´atari, o bien de forma ilegal en ciudades como Amán, Zarqa o Irbid.
 
Un país extraño
Cientos de jóvenes de entre 18 y 25 años trabajan de forma irregular en la capital jordana. En un país extraño, sin documentación ni contratos, el futuro que les aguarda no es muy halagüeño: si antes debieron huir de los 'mujabarat' (espías) y 'shabiha' (paramilitares) del régimen sirio, ahora deben esconderse de las autoridades jordanas por carecer de permiso de residencia. Y ya no es sólo el hecho de tener que vivir de forma ilegal en unas condiciones de precariedad laboral, sino que además son arrestados por las fuerzas de seguridad del país, y llevados a la comisaría donde reciben fuertes palizas por el hecho de estar indocumentados. Puesto que el  sector servicios está vetado para los refugiados sirios, las autoridades jordanas suelen llevar a cabo operaciones de inspección cada cierto tiempo en establecimientos, centros comerciales, restaurantes y cafeterías contra el empleo irregular.
 
Denunciar irregularidades
Incluso en estas campañas que realizan, suelen dejar un número de teléfono público para que aquel ciudadano que detecte a alguien en dicha situación denuncie la irregularidad. Además de todo ello, el sueldo base de un sirio suele ser de 250 euros por un trabajo de 12 horas frente a los 450 que cobra un jordano por menos horas. Para adquirir el permiso de trabajo deben pagar 315 euros, además de pasar una serie de requisitos como, por ejemplo, conseguir también la aprobación del ministro o de quien tenga autoridad, o siempre y cuando esa labor no la pueda ofrecer un empleado jordano. Y es que la multa que imponen a las empresas que hayan utilizado los servicios de cualquier empleado irregular, es pagar alrededor de 100 euros por cada mes trabajado. Y que el que desempeñe cualquier tipo de trabajo, de forma no legal, y que requiera estudios universitarios, deberá pagar una multa de hasta 2.000 euros.
 
¿Hasta cuándo?
La ley avisa de que toda persona que se encuentre en esta situación irregular será expulsada a su país de origen y no podrá volver a Jordania hasta pasados tres años. Pero como los sirios no tienen ya país de retorno, serán deportados directamente al campo de refugiados de al-Za´atari. No es difícil imaginar que la situación del refugiado sirio es insostenible, y que esta situación, no sólo la viven en Jordania, sino también en el resto de países donde se amparan. No se deben olvidar los cientos de asesinatos que se cometen cada día en Siria, perpetrados, principalmente, por el régimen genocida de Bashar al-Asad y sus aliados. Y por si fuera poco,  el pasado 16 de septiembre murieron más de 30 niños a causa de unas vacunas en mal estado, en la ciudad de Idleb. Los niños son los principales afectados de este conflicto, más de un millón ya han huido del país y cerca de 10.000 han sido asesinados. Aún con todo este cúmulo de injusticias,  unido al abandono y el silencio de la comunidad internacional, el pueblo sirio aún resiste, pero… ¿Hasta cuándo?