Obama lanza una ofensiva limitada contra el Estado Islámico

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Por Luz García Pueyo
Foto: Un grupo de yihadistas del Estado Islámico en Irak.
 
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció esta semana su disposición a golpear militarmente desde el aire al Estado Islámico (EI) en Irak y Siria hasta que consiga destruir completamente a esta organización yihadista. Tiene el apoyo de Francia, Reino Unido, Alemania e Italia y algunos países árabes. España y otros países europeos se lo están pensando. Algunos observadores internacionales se preguntan si los yihadistas podrán ser derrotadas simplemente con bombardeos aéreos de Estados Unidos. Obama no quiere mandar tropas terrestres. Cabe preguntarse si esta estrategia es válida para un país como Siria, donde la población es prisionera de un régimen criminal como el de Bashar al-Asad y de los grupos yihadistas. Desde el punto de vista de la legalidad internacional tampoco está claro que la intervención estadounidense se ajuste a derecho en todos los casos. Pero a Estados Unidos la legalidad nunca le ha importado demasiado. La ha violado cuando le ha dado la gana y ninguno de sus aliados le ha plantado cara. El imperio sigue siendo el imperio y sus satélites occidentales y árabes hacen lo que dice el amo, aunque a veces alguno, como Francia, proteste. De todos modos, hay que hacer la siguiente pregunta: ¿Está Obama, que prometió que sacaría a su país de los avisperos iraquí y afgano, en condiciones de meterse en un nuevo conflicto? El inquilino de la Casa Blanca no lo tiene fácil, porque buena parte de la opinión pública estadounidense están en contra. Dicho lo cual, parece bastante evidente que los ataques aéreos contra  los yihadistas del EI en Irak, que empezaron el 8 de agosto, han conseguido frenar su actividad criminal, pero no han acabado con este grupo terrorista y mafioso. El EI perdió la ciudad de Mosul y no consiguió ganar más territorio, pero sigue muy activo y sus víctimas son  numerosas. En Irak, prácticamente no hay un Ejército que pueda hacer frente a los asesinos del EI, los combatientes kurdos hacen lo que pueden militarmente, pero necesitan más ayuda, y los terrorista yihadistas están bien armados y entrenados. Algunas de estas armas, como blindados, tanques y artillería pesada, son de Estados Unidos o de la antigua URSS.
 
Sin aliado fiable
Una parte de este arsenal se encuentra a buen recaudo en Siria, en  Raqqa, ciudad del norte del país donde los yihadistas se  han hecho fuertes y han instalado su cuartel general. Así las cosas, algunos expertos piensan que si los golpes asestados por los drones y los F16 estadounidenses permiten la destrucción de las posiciones yihadistas, no son suficientes para recuperar los territorios ocupados por esos novios de la muerte sin entrañas. El único medio que tendrían Estados Unidos y sus aliados occidentales y árabes para lograr este objetivo sería el envío de tropas terrestres. Washington lo entendió, y por eso apoyó desde el aire los movimientos de lo que queda del Ejército iraquí, las milicias chiíes y los peshmergas (combatientes kurdos), que han recibido armas de países como Francia. En Siria la situación es especialmente compleja. El país se desangra desde hace tres años, y Estados Unidos no ha conseguido encontrar un aliado fiable desde el punto de vista político y militar. La comunidad internacional ha abandonado el pueblo sirio a su suerte y Washington tiene miedo de armar indirectamente a los yihadistas. El temor no es infundado. Según el think tank británico Conflict Armament Research, algunas armas entregadas por Estados Unidos y países aliados a grupos rebeldes moderados como el Ejército Sirio Libre (ESL), acabaron en manos de los yihadistas del EI. El Estado Islámico tiene en Siria a muchos enemigos: el régimen de Damasco, los diversos grupos rebeldes más o menos laicos e incluso los yihadistas del Frente al-Nusra, rama local de Al Qaeda, los radicales del Frente Islámico, los salafistas de Ahrar al-Sham y el Ejército de los Muyahidines. Pero eso no significa que el EI esté en posición de debilidad, porque tiene sólidos apoyos en el país y se aprovecha de las divisiones en el campo de la oposición al Bashar al-Asad y de la pasividad de la comunidad internacional para seguir ganando posiciones. 
 
Países árabes
Sin la participación de países como Arabia Saudí, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en la “gran coalición” que Obama quiere impulsar contra el EI, los golpes aéreos de Estados Unidos podrían ser interpretados por muchos musulmanes como una nueva cruzada de Occidente contra el mundo árabe e islámico, como así ocurrió durante la primera guerra del Golfo y la ocupa de Irak. Estados Unidos y países como Reino Unido y Francia saben que necesitan el apoyo de sus amigos del Golfo, sobre todo de Arabia Saudí. Ryad, que tanto ha hecho por difundir por el mundo el wahabismo -interpretación ultraconservadora del islam-, es consciente de los peligros que representa el yihadismo para sus intereses políticos y geoestratégicos. El EI, con la proclamación de su califato, es una amenaza para la reaccionaria e integrista monarquía saudí. Pero los dirigentes de Ryad saben que  no lo tienen fácil para hacer frente al EI. Son aliados de Washington pero no ignoran que una parte importante de la población de su país es antiamericana. Y algunos saudíes no ven con malos ojos a los yihadistas. No olvidemos que el saudí Osama Bin Laden fundó Al Qaeda. Para una parte de la población de Arabia Saudí sería inaceptable que su país participara en una coalición que llevará a cabo acciones militares que podrían acabar con la vida de musulmanes suníes ni que murieran saudíes por defender el derecho a vivir de los cristianos o los yazidíes. Obama y el rey de Arabia Saudí, Abdalah  Bin Abdelaziz, están
de acuerdo en ayudar a la oposición siria y en machacar al EI, pero eso no significa que todo la población saudí piense igual. “Arabia Saudí, Turquía y Catar quieren apoyar a la oposición a Bashar al-Asad, pero quizá no hasta el final”, piensa el investigador sirio en la Universidad de St Andrews Samir Seifan. Según este universitario, tanto Arabia Saudí como Catar han hecho llegar mucho dinero a grupos rebeldes radicales sirios. 
 
Respaldo de la ONU
El Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la lucha contra el yidadismo, porque representa “una amenaza persistente para la seguridad internacional”. Eso significa que Estados Unidos tiene respaldo legal para actuar en Irak, pero no en Siria, porque de momento la ONU no ha dado el visto bueno. Es más, la situación siria es más complicada que la iraquí, porque el propio régimen de Damasco ofreció su cooperación “incluso a Washington y Londres” para golpear a los yihadistas. La administración estadounidense rechaza cualquier tipo de colaboración con Al-Asad. París se decanta por una intervención militar en Siria y considera que Occidente y sus aliados no han reaccionado con la contundencia suficiente para detener la violencia y el terrorismo en este país. Obama tendrá que enfrentarse a un panorama complicado. En otro orden de cosas, los servicios de seguridad marroquíes anunciaron el viernes de esta semana el desmantelamiento en Marruecos de una célula terrorista del Estado Islámico (EI). Según el Ministerio del Interior, siete  terroristas fueron detenidos en la operación. Al parecer, los terroristas querían atentar contra lugares “sensibles en el reino” y se dedicaban a reclutar “combatientes” para ir a guerrear a Irak y Siria. La célula estaba dirigida por un maestro y era muy activa en Fez y en los municipios de Utat el Haj y Zayu.