Saïd y Karoui, dos populistas salidos de TV, lucharán por la presidencia en Túnez

Todavía no existe una fecha definitiva para la segunda vuelta, que se celebrará antes del 13 de octubre y que coincidirá con la campaña para las elecciones legislativas, previstas para el 6 de octubre.
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AFP/HASNA y FETHI BELAID  -   Nabil Karoui, a la izquierda, y el candidato independiente Kais Saied, derecha

Los resultados oficiales confirmaron el martes que el jurista ultraconservador Kaïes Said y el magnate de los medios en prisión preventiva por presunta corrupción Nabil Karoui, ambos cultivados en televisión, disputarán la segunda vuelta de las presidenciales en Túnez.

Said, que no figuraba en los pronósticos, ganó el domingo con un 18,8 % de los votos, mientras que Karoui, que ni siquiera pudo salir a votar, superó con su 15,7 % a Abdelfatah Mouro, el candidato presentado por el partido islámico conservador Ennahda.

En un comunicado enviado a los medios, Ennahda felicitó este martes a los dos vencedores y expresó su deseo de que la segunda vuelta se celebra "en la misma atmósfera de normalidad" que la primera ronda.

Todavía no existe una fecha definitiva para esa segunda vuelta, que se celebrará antes del 13 de octubre y que coincidirá con la campaña para las elecciones legislativas, previstas para el 6 de octubre.

También se desconoce si el propio Karoui podrá concurrir, ya que existen dudas legales sobre si sus condiciones para ser admitido como candidato se mantienen en caso de que durante este tiempo sea finalmente procesado.

Bregados antes la cámaras de televisión, que ambos han manejado con soltura en una carrera por la presidencia marcada por el inédito debate televisado, seguido por más de tres millones de tunecinos, Said y Karoui comparten un discurso populista que algunos expertos han llegado incluso a tildar de antisistema.

Los dos se han pronunciado contra la vieja clase política, dominada por oligarcas de antigua escuela y religiosos anclados en el pasado siglo, pese a que Said tenga posiciones cercanas al salafismo más rancio y Karoui haya colaborado con esa aristocracia tradicional que finalmente lo apartó.

Nacido en la región costera de Nabeul en 1958, Kaïes Said comenzó su vida profesional como profesor de derecho constitucional en la Universidad y fue vicepresidente del comité sobre esta materia en tiempos de la dictadura.

Favorable a la caída del tirano Zinedin el Abedin Ben Alí en 2011, su cara empezó a ser una rostro habitual en las tertulias de televisión, en las que, asido a un lenguaje elevado, se dedicó a diseccionar la reforma electoral, a criticar a partidos e instituciones post-revolución y a difundir su propuesta estrella: la descentralización del país.

También favorable a la pena de muerte, en cuestiones espinosas como la igualdad de derechos entre hombres y mujeres se ha mostrado partidario de salvaguardar la tradición coránica en su lectura más retrógrada.

Preguntado por la ley que pretende igualar a hombres y mujeres en cuestiones de herencia y por la homosexualidad, Said ha denunciado que ambas son una simple maniobra introducida por los extranjeros y no una fuente de preocupación para la sociedad tunecina.

Su ascenso esta vinculado, en gran parte, por su manejo de la televisión, en la que ha demostrado una mayor experiencia que sus rivales y que le ha permitido proyectar una imagen de hombre serio e íntegro en un país donde la corrupción sigue siendo uno de los mayores problemas, herencia de la dictadura.

Una imagen que parece haber convencido a los ciudadanos, y en particular a los jóvenes y nuevos votantes, que aparecen en la base de su apoyo.

La televisión también ha sido el factor que ha permitido ascender el en nuevo firmamento político a Karoui, dueño de la cadena Nessma TV, la más vista del país.

Formado profesionalmente en Francia, Karoui fue un elemento clave en la revolución al abrir la manipulada televisión de tiempos de Ben Ali al debate político y al ceder por primera vez un espacio al que después sería presidente de la República, Beji Caïd Essebsi, muerto el pasado 25 de julio cinco meses antes del fin de su mandato.

Integrado en la plataforma política laica Nidaa Tunis, que él formó en 2013 para enderezar una transición que se torcía, Karoui fue jefe de campaña de Essebsi y le acompañó en su camino hacia el palacio de Cartago.

Sin embargo, y al igual que otros muchos, se ahogó en el combate interno que hundió Nidaa Tunis -dos tercios de sus diputados se han ido a otros partidos- y trató de salir a flote en la televisión que maneja con su hermano, en busca y captura.

Siempre seguido por un equipo de cámaras, Karoui comenzó a viajar por el interior del país, a las zonas rurales y a los barrios más desfavorecidos, donde repartía caridad envuelta en un efectivo discurso contra la oligarquía tradicional y contra el islamismo, sus principales rivales.

Un discurso populista al que se sumó la denuncia de una supuesta conspiración de esos mismos poderes para acallarle, que ha logrado mantener su porcentaje de apoyos.

Ambos populismos se enfrentarán ahora en la segunda vuelta, en la que parece partir con ventaja Said, que ya ha comenzado a recibir el apoyo de varios de los candidatos derrotados.